Road trip camino del desierto.

May 6th, 2007

Día 4. Fez-Merzouga. 510 km.
Un Road Trip al desierto.

Caminante son tus huellas
el camino nada más;
caminante no hay camino
se hace camino al andar

Sarajayne y yo nos levantamos creyendo haber soñado la misma pesadilla. Unos extraños espíritus flotaban por nuestra estancia del palacio en forma de voces y cánticos. Ya despiertos convenimos en que no había sido una pesadilla. A eso de las cinco de la mañana el muecín de la cercana mezquita había comenzado el llamamiento a la primera oración del día, las demás mezquitas se iban haciendo eco, pero se oían realmente cerca, casi dentro de nuestros oídos.

Viaje. Dia 4.Comenzaba el cuarto día y nos esperaba la jornada con más horas de carretera de todo el viaje. El objetivo era llegar al hotel Yasmina, cerca de las dunas de Merzouga, una lengua de arena que anticipa el desierto del Sahara. Este hotel nos había sido recomendado por Elena de Paz, y habíamos hecho una especie de reserva vía telefónica. No había tiempo que perder así que nos despedimos rápidamente de todo el grupo y salimos en busca del golfillo.

Justo enfrente de donde habíamos aparcado el día anterior había una tienda. Una de esas tiendas estilo al “ultramarinos” de toda la vida que ya casi ha desaparecido en España. En Marruecos las hay a miles. Compramos dos hogacinas de pan, unos quesitos, yogur líquido, unos bollos de chocolate, un litro de leche, zumo y algunos otros víveres que nos sirvieran para el desayuno y la comida del día. Total 39 DH, menos de 4 euros. Saliendo de Fez paramos en una cafetería de la ciudad nueva para chutarnos un café antes de acometer el largo viaje que nos esperaba.

Este era uno de los días que se nos planteaba más complicado. Eran muchos kilómetros por un terreno totalmente desconocido. No sabíamos si seríamos capaces de completar el plan, que estaba lleno de incertidumbres, por eso decidimos salir tan pronto. Del éxito de esta jornada dependía básicamente que pudieramos continuar con el plan inicial o no. Confieso que el desierto siempre me ha atraído. Me produce una idea de inmensidad a la que no me puedo resistir. Al mismo tiempo es algo que parece, al menos a priori, totalmente remoto. Al final no es tan difícil llegar, pero para eso hay que ir primero, claro.

Tras el café llenamos de nuevo el depósito del golfillo. 370 DH por 3/4 del depósito, más o menos un euro por litro, igual que en España. Eso si, para los marroquís la gasolina es un verdadero lujo, por eso no hay muchos coches por la carretera, y los que hay van más que cargaditos.

Cerca de IfraneTras abandonar definitivamente Fez y tras los controles rutinarios de la policía en los accesos a las principales ciudades, nos fuimos acercando a Ifrane, que viene a ser el Baquiera-Beret del reino alauí. Unos kilómetros antes ya nos habíamos dado cuenta de que la temperatura había descendido hasta rozar los 2 ºC, y que había alguna que otra colina donde se podía ver algo de nieve. Aún así no estábamos preparados para lo que estábamos a punto de descubrir en Ifrane: casas repijas de diseño ultramoderno, un balneario grandísimo, coches 4×4 de las primera marcas (Porche incluída), etc… creímos haber dado con el lugar de vacaciones de invierno para los marroquís acaudalados. No nos interesaba demasiado así que seguimos tragando kilómetros.

Encuentros en la tercera fase
Poco después llegamos al desvío de Azrou, donde se encuentran los cruces de las carreteras que van a Fez, Marrakech, Meknes y Merzouga. A partir de ese punto te encuentras durante decenas de kilómetros con impresionantes bosques de cedros enormes. En las cunetas aparecían hombres que mostraban una especie de tarros de plástico o cristal con un líquido anaranjado. Nos quedamos con las ganas de saber lo que vendían: ¿miel?, ¿ámbar?, ¿resina?.

Cada kilómetro recorrido nos traía nuevas sorpresas. A partir de Azrou los paisajes se tornaron algo maravilloso para disfrutar incluso a través de la luna de un coche. Algo realmente único. Lo mismo estábamos ante una enorme recta techada de cedros de más de sesenta metros de altura, que una serie de curvas rodeando lagos o pedregales, que atravesábamos pueblos en los que los hombres nos miraban sentados desde la puerta de sus casas. Algunos de los puertos de montaña que sobrepasamos en ese tramo rondaban los 2000 metros de altitud. Los hombres tiranban de sus burros cargados hasta los topes de bártulos por las cunetas, y esa imagen nos llevaba a las aldeas tibetanas. Algunos tramos eran verdes, otros desérticos, otros pantanosos, y con solo girar una curva en cambio de rasante te encontrabas con un inmenso bosque. Todo esto, con las impresionantes cumbres del Atlas al fondo, otros dos mil metros por encima de nuestro nivel. Casi todo el tiempo se podía conducir a unos 80km/h, llegando incluso a los 100km/h ya que la carretera estaba prácticamente desierta. Hacía muchísimo tiempo que no me divertía tanto conduciendo.

El único pueblo medianamente grande que aparecía en el mapa era Midelt, el cual rebautizamos como middle (of nowhere). Como se acercaba la hora de comer creímos que era una buena baza parar unos kilómetros antes para comer el bocadillo y aprovechar Midelt para tomar un café. Y así lo hicimos. Nos apartamos en un camino aledaño a la carretera y navaja en mano nos pusimos a cortar las hogacinas y el chorizo envasado al vacío que habíamos traído de casa. (el embutido de cerdo marroquí… como que no). Nos pegaba un viento gélido que sólo mitigaba el sol que brillaba con fuerza. Dentro del coche te morías de calor. Fuera te congelabas. Zampamos en vida y cambiamos de conductor. Diez minutos después estábamos en Midelt.

Asociación de ayuda a los bereberes de Midelt
Paramos en Midelt sólo para tomar un café. He de decir que soy bastante cafetero, pero Sarajayne es una auténtica yonki. Y qué coño… después de comer, era lo suyo. Al aparcar frente a una acera ya teníamos a un vil al lado conduciéndonos al Café-Restaurante París, que es donde trabajaba: no piensen ustedes en una reproducción de un café parisino. Era un garito con tres mesas, una nevera y la cocina a la vista. “¿Sois de Madrid? ¿Cuatro Caminos?“.

El equipo madrileñoLe pedimos dos cafés solos y le pedimos que nos enchufara un rato el cargador de la cámara de fotos que se había agotado. Al lado comían tres parejas de motoristas españoles. Un coruñés estuvo un rato hablando con nosotros: también iban a Merzouga. Todo el mundo para en Midelt porque está justo a medio camino y no hay ningún otro pueblo medio grande. El vil era bastante atento y hasta nos empezó a caer majete. A los motoristas les estaba ofreciendo no se qué de una visita a una asociación que tenían. Pasaron bastante de él. Cuando nosotros nos íbamos también nos quiso llevar a su asociación. No nos hacía mucha gracia y se él mismo se pispó así que nos dijo que sólo nos iba a dar una tarjeta. Le dije que fuera a buscar la tarjeta y que nos la llevara al coche que ya sabía donde estaba aparcado. El tío se ponía pesado de más y darle largas ya empezaba a ser algo violento. Tampoco le interesaba mi trato y vio que por ese lado no iba a sacar gran cosa. Entonces nos empezó a comer la oreja con que su asociación ayudaba a la gente de las montañas y que si le podíamos dar algún regalo. Después de mucho pensarlo le di un pantalón de chandal que tenía y casi nunca me pongo. Aún así se me quedó mal sabor de boca. El tío llegó a conmoverme pero ya me había parecido un vil. Nada comparado con lo que nos contaron un par de días después Fátima y los madrileños.

Pasaron por Midelt unas horas más tarde que nosotros, pero era ya muy tarde y pararon para hacer noche. Otro personaje del pueblo les fue con el mismo cuento: la asociacion de ayuda a los bereberes de las montañas. Como no tenían otra cosa que hacer fueron a ver qué pasaba por allí. Les llevaron por separado a uno a cada habitación y empezaron a ofrecerles todo tipo de enseres, de alguna manera obligándoles a comprar. Les intimidaron a cada uno por separado diciendo que esa era la tradición y que si no compraban nada no se podían ir. Alguno que otro llevaba subidito el nivel de THC en la sangre y las debió de pasar bastante putas. Acabaron comprando lo más barato que había y al mínimo precio posible solo para salir de allí. Nuestro amígo del café París también estaba allí. Todo el puto pueblo estaba compinchado. Y ya que es un lugar de paso y no es fácil retener allí a los turistas, han ideado esta especie de asociación que ayuda a las pobres gentes de las montañas para sisarte todo lo que pueden los hijos de la gran puta.

Conclusiones: 1) En palabras de Víctor: “Todo lo que suene a cooperativa o asociación… malo”. 2) No se te ocurra parar en Midelt por nada del mundo. Y si acaso cometes el error ni se te ocurra acercarte a la asociación ni entablar ningún trato con toda esa panda de viles.

Sarita al volanteUna vez abandonado Midelt entramos en una zona mucho más rocosa y desértica, que sería la tónica general de ahí en adelante. El paisaje era chulísimo y la conducción lo seguía siendo, aunque a estas alturas debería ser Sarajayne quien lo dijera, pues era quien iba al volante. Paramos a hacer un par de fotos y nos adelantaron los motoristas, que nos pitaban al pasar. Poco después les adelantábamos nosotros en medio de más pitidos. Y le fuimos cogiendo vicio porque empezamos a pitar a la nada, a saludar a los paisanines de los pueblos, a pitar en las curvas, en las rectas, a sacar la cabeza por la ventana, poner la música a todo trapo, a cantar en inglés con acento de Labaniego y todo ese tipo de chorradas que empiezas a hacer cuando ya llevas demasiadas horas metido dentro de un coche.

Nos encontrábamos rectas interminables con montañas rocosas al fondo, cañones en forma de media luna rodeados de palmeras, empezaban a aparecer oasis de vez en cuando, un embalse gigantesco, chavales en bici a decenas de kilómetros del pueblo más cercano. Seguíamos tragando kilómetros por la carretera general, disfrutando del sol de la tarde, riéndonos de todo y sintiendo las gomas del golfillo rodar sobre el asfalto: la carretera era nuestra.

Erfoud
Y entonces llegamos a Erfoud. La capital regional. Eran cerca de las seis de la tarde y ya estábamos bastante cansaditos del coche. Paramos a comprar unas pipas y más agua que se nos acababa. Teóricamente ya solo nos quedaban 40 km para el hotel y el merecido descanso. Nos ponemos a comer pipas para relajarnos. Un niño se nos acerca para pedirnos dinero. No hay dirhams, pero alguna de las chuches que nos hemos comprado si que le damos. Cuando acabamos las pipas nos ponemos en marcha de nuevo. Al arrancar el golfillo empieza a oler a quemado que te cagas y un humillo blanco sale bajo el capó…..

Pre-DesiertoNos acordamos de todo el santoral al tiempo que salimos corriendo del coche y levanto el capó para ver que pasa. Un montón de gente se arremolina en medio del coche. Un tipo nos dice incluso que si queremos que traiga un extintor. La primera sensación es de pánico total. Nos encontramos en el punto más lejano de casa de todos los que vamos a estar en este viaje. ¿No podía haber pasado algo así en Algeciras? Aparece un tío que supuestamente tiene un taller y se ofrece para desmontar el motor. En principio declinamos la oferta. No sé si el hombre estaría homologado como proveedor oficial de Volswagen. El humo solo duro unos segundos y ya no huele a quemado. Probamos a arrancar y va de maravilla. El hombre de la tienda que ofrecía el extintor nos ofrece su teléfono por si hay más problemas. De momento no. Salimos echando leches para Merzouga con el susto aún en el cuerpo. El momento ha llegado a Odisea/Penuria en la escala de Jorge.

Los viles de los cruces
Aún no son las 19h y estamos camino de Rissani. Está anocheciendo ya. Nos ha pillado el toro por entretenernos con las pipas. Al llegar a Rissani ya es noche cerrada. El pueblo está atestado de gente y aquí caemos en la cuenta de la existencia generalizada en todo el país de un tipo muy concreto de tío vil: el vil del cruce. Su técnica es bastante depurada. Se sitúan en una intersección de una calle o carretera en la que el camino a seguir no está muy claro para el turista que llega despistado. En cuanto te acercas y reduces para mirar las señales se acercan corriendo para “indicarte” ellos mismos. Por su puesto han visto la minúscula letra que en tu matrícula identifica tu país y ya te hablan directamente en tu idioma. Las primeras veces nos quedamos un poco flipados, pero aquí en Rissani ya era un canteo. Había tanto vil en el cruce, que al verlos a todos abalanzarse sobre el coche salí afilando rueda en la primera dirección que dios me dio a entender. Por suerte era acertada y estábamos camino de Merzouga.

Oasismo y PalmerismoEn la carretera de Merzouga ya era noche cerrada. El aire era seco y al lado de ambas cunetas se intuía el comienzo del desierto. En algún punto, incluso había tramos de asfalto completamente cubiertos de arena. Os lo aseguro: te los encuentras y acojona. Llegamos a Merzouga y volvimos a encontrarnos a otro vil en otro cruce. Nos hace la misma jugada. Le preguntamos por el hotel Yasmina y nos quiere llevar al hotel de su prima la muelles. Le mandamos a mamarla (el tío realmente tenía pinta de cabrón) y intenta hacernos de guía hasta el Yasmina. “Que te pires, pesao”. Preguntamos a otro tío que parece que regenta un hotel/pensión. Maquinando: “Si le decimos que ya tenemos la reserva del Yasmina pagada no nos abrasará para que nos quedemos en su pensión”. Inútil. Nos dice que es muy complicado llegar al Yasmina de noche y que nos vamos a perder. Que nos manda un chaval para guiarnos por una propinilla. Pasamos también de él. Ya nos empezamos a cansar de tanto vil.

Hay que tener en cuenta que aquí vienen muchísimos turistas a conocer el desierto. Muchos amantes del motor. 4×4, motos de enduro, quads, etc… incluso una de las etapas del Rally Dakar pasa casi todos los años muy cerca de Merzouga, y estos tíos están acostumbrados a vivir de esto. Al final llamamos al Yasmina y Youssef nos explica, más o menos que a medio camino entre Rissani y Merzouga hay que coger una pista de tierra de 14 km que nos llevará al hotel. Tenemos que desandar el camino. Es tarde, llevamos casi 500 km a las espaldas en lo que va de día por estas carreteras de Alá y no sabemos donde coño vamos a dormir. En cada cruce de la carretera nos paramos a ver los carteles de los hoteles que hay. Yasmina sigue si aparecer. Después de casi 20km de camino desandado aparece. Entramos en la pista que está medio señalizada, aunque sólo está preparada de verdad para un 4×4. Nosotros tenemos que ir a 20km/h. Si nos perdemos aquí estamos realmente jodidos.

Eureka!!
Vamos avanzando despacio tratando de pensar en cosas felices como comida caliente, una ducha o una cama donde dormir. Nunca tenemos la certeza de que llevemos el buen camino. Estamos en el puto desierto, son más de las nueve de la noche y aquí no aparece ningún vestigio de hotel, aunque sólo deberíamos estar a 3km. Bueno, a las malas, los asientos son reclinables y aún nos queda salchichón.

Nos adelanta un tuareg con un vespino destartalado, vestido con su túnica y su turbante. De repente reparamos en que hay más luces de otros vespinos que se mueven no muy lejos de nosotros. ¿será una emboscada? Al cabo de un rato (recordemos que avanzamos a la supersónica velocidad de 20km/h) vemos un cartel: Hotel Yasmina > 2,5 km. Yupiiiiiii!!! Estamos llegando. Imediatamente delatne hay un tramo de veinte metros de pura arena. Si meto el coche ahí no salimos ni de coña. Nos quedamos parados sin saber que hacer.

Uno de los vespinos se nos acerca. Le preguntamos si hay otro camino para llegar al Yasmina. Nos dice que sí, pero que es un poco complicado llegar. Se ríe. Esto no pinta nada bien para nuestros intereses económicos. Le pido que nos explique y me despacha con un par de vaguedades. Sarajayne y yo empezamos a calcular cuanto nos va a cobrar el cabrón por llevarnos hasta el hotel. No le pagaremos más de 50 DH. Le pedimos precio. Nos dice que 100DH. Le decimos que si flipa o qué pasa. Que 50 y va que arrea. El tipo dice que ese es el precio y que el no empieza más alto para luego regatear. Y que si no nos interesa, pues nada. Arranca la moto y avanza un par de metros. Me veo en la humillación de decirle que pare y que sí, que te vamos a pagar tus putos 100 dirhams, motovil de mierda.

El cabrón nos lleva en menos de cinco minutos y por una pista por la que se puede conducir a 40km/h hasta el mismo hotel. Al bajar le vacilamos con el pago. Se ríe lo justo, pero cobra sus 100DH. No teníamos mucha opción y ellos lo saben, por eso se pasan la noche paseándose con sus vespinos por el desierto. En busca de algún par de incautos que se pierdan.

Aparcamos y entramos en el hotel. Yossuef nos dice que gracias a Alá que hemos llegado y que aún podemos cenar. Nos lanzamos sobre la comida como dos auténticos muertos de hambre (bueno, eso era yo, Sarajayne mantenía la compostura), con los ojos excitados por la luz después de varias horas en la total oscuridad del desierto. Las manos temblorosas de la adrenalina y las piernas del cansancio. Quizá deberíamos preparar estos viajes un poco más para evitarnos estos incidentes. Aún así…. tenemos estrella. Todo nos acaba saliendo bien.

Tenemos un plato con comida caliente, agua potable en medio del desierto, una cama donde dormir y una duchita de agua caliente para quitarnos el polvo de tantos kilómetros recorridos. Y además, tenemos un sueño cumplido, pero de eso no seríamos del todo conscientes hasta mañana.

Entry Filed under: Cronicas de viaje

5 Comments Add your own

  • 1. brujy  |  May 10th, 2007 at 12:34 am

    proseguimos?

  • 2. raquel  |  May 10th, 2007 at 4:21 pm

    yo quiero un viaje como ése

  • 3. brujy  |  May 12th, 2007 at 10:32 pm

    nos hemos quedado estancados….

  • 4. jose  |  July 6th, 2007 at 2:42 pm

    hola mi goustaria guiar algoun gente in las dunas

  • 5. jose  |  July 6th, 2007 at 2:43 pm

    soy de merzouga algoun quieren concermi?

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