La gran reserva de creatividad europea se ha desplazado hacia el este, HungrÃa, Polonia, Macedonia, Rumania, Grecia, TurquÃa. Un violinista, para ser bueno, tiene que competir con 20.000 otros violinistas. No han perdido el fundamental concepto de que sin tocar como virtuosos lo demás no es posible. Y sobre esa plataforma elaboran todo lo demás. Cuando ese virtuosismo se pone al servicio de una energÃa creativa exuberante, surgen grupos como Kroke. Ritmos que son pulsaciones, guiños a una cierta manera de entender la improvisación, lÃneas melódicas que harÃan llorar de emoción a Goya y a Beethoven, por poner ejemplos de genio malhumorado… Pero conquistado. Utilizando con economÃa ejemplar la tecnologÃa mas avanzada, estos cuatro músicos de Cracovia ocupan el escenario como si fuesen doce o catorce. Si explotan rÃtmicamente, te darás cuenta cuando empiecen a dolerte las manos (“¿Estaba aplaudiendo?â€) y si deciden “cantarâ€, recordarás el estremecimiento que te producÃa escuchar los vinilos de Pink Floyd de tu hermano mayor. Seria muy increÃble lo que estoy contando… Si no fuese porque aun hay más. Kroke es un grupo en el que hay un músico que escapa a cualquier calificativo. Habrá que inventarse nuevos adjetivos para hablar de Tomasz Kukurba. Tiene firmado un pacto con los dioses. Cuando empieza a tocar, su cuerpo parece una marioneta de guiñol, agitado por una posesión que obligatoriamente le hace moverse espásticamente. Parece decirte “fijaos como me esta destrozando la música y que entero acaboâ€. Kukurba es un rayo láser que inmediatamente toma posesión del escenario y establece contacto con tu yo mas intimo. Te puede “matar†de diez formas distintas, depende de la noche, porque claro, hay que decirlo sencillamente, sin levantar la voz, sin alterarse mucho. Nunca repiten el mismo concierto. Nunca.
Los vimos actuar el pasado lunes en la Sala Galileo de Madrid y doy fe. Lo que dice don Ramón es verdad. Por cierto, vuelven a tocar el 19 de noviembre.
Por eso cuando Isra y Bea nos invitaron navegar en piragua por las aguas de la rÃa de Aldán no habÃa forma de negarse. Gracias a Deo e Iris que nos prestaron su barca y sus equipos y a la breve clase teórica de Isra en la playa de Bon pudimos hacernos a la mar. Ni pilotábamos un bou ni tenÃamos pensado llegar a Bueu. En principio nos Ãbamos a acercar a las bateas del otro lado de la rÃa, pero nuestros maestros nos vieron arte en el remo y nos acercamos hasta la punta de la rÃa, donde comienza la costa de la Vela y desde donde se pueden ver las Islas CÃes.
El mar estaba totalmente calmado por lo que no corrÃamos riesgo de volcar, aún asà tratamos de mantenernos alejados de las olas producidas por los barcos y seguir paleando a ritmo. Sarajayne marcaba ritmo y timón (izquierda, derecha, izquierda, derecha…) y tratamos de no perder mucha cuerda sobre el kayak donde Bea e Israel paleaban totalmente coordinados, como si ya hubieran hecho esto alguna vez antes. Creo que la prueba la superamos con creces y si en verano el tiempo nos acompaña a lo mejor hasta nos llevan a la isla de Ons. Un par de horas remando sin parar…. ¿Nos atreveremos?
Desgraciadamente la excursión tuvo que acortarse porque en casa de Maite y Mundo nos esperaban unas costillinas a la brasa que estaban para chuparse los dedos. Una verdadera pena….
Minke lleva más de diez años en la brecha, pero desde hace dos o tres se lo ha tomado mucho más en serio, se ha jugado el todo por el todo y ha compuesto Pez Troceado, un fabuloso libro de relatos alrededor del Palentino, ese mÃtico bar de la calle Pez de Madrid, donde lo mismo te comes un bocadillo de panceta que apoyas el codo en la barra saboreando un gintonic y buena conversación.
A continuación reproducimos la entrevista que le hicieron en un programa de La 2.
Minke es un poco tÃmido y a lo mejor no le mola nada que le haga esta publicidad… si es asà que le den… el mundo se merece conocer ese talento…