Marruecos 2007. Tan cerca y tan lejos.

April 17th, 2007

Marruecos, tan cerca y tan lejos.

Entre los días 30 de marzo y 9 de abril de 2007 tuve la grandísima fortuna de disfrutar de un viaje por Marruecos, nuestro país vecino, tan cercano como olvidado y desconocido. Es mi segundo viaje a Marruecos y seguro que no va a ser el último.

Esta vez, tuve además la inmensa suerte de compartir la experiencia con Sarajayne, una compañera de viaje sin igual. Desde que ha aparecido en mi vida cada día es una verdadera aventura, pero los diez días y 3704 km que recorrimos desde la Torre Picasso hasta el parque del Planetario no tienen comparación posible.

Durante las largas horas que duraron algunos de los viajes en el Golfillo quien hacía de copiloto iba tomando notas de los avatares del día. De esas notas vendrán estas crónicas que escribiremos entre los dos. Las publicaremos por entregas, y en cada una narraremos uno de los días del viaje, que como podrán ver… dan para mucho. Espero que las disfruten.

NOTA: Gracias a Lumy por guardar la puerta de Cueva en esta breve ausencia del eremita. (El miedo guarda la viña, Luiiiiiiiiiiiiiiiiiis).

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ANTECEDENTES.

Los dos habíamos estado ya en Marruecos anteriormente y a veces hablábamos del país. La idea de volver sobrevolaba nuestras voluntades. Pero por algún extraño motivo que desconocemos una serie de astros comenzaron a alinearse haciendo más que probable un viaje al sur del Estrecho en Semana Santa. Hay quien llama a estos hechos casualidades, pero quizá sólo es una cuestión semántica.

El caso es que una vez decidido el viaje comenzamos a planear el itinerario. El objetivo principal parecía ser acometer el desierto. Un tour por el Atlas también hubiera estado bien, pero requería de más planificación, pues hay que contratar guías. Dimos por hecho que haríamos el viaje en coche y el Golfillo servía perfectamente para tal propósito. También apetecía playa, pero sobre todo la carretera, el viaje en si mismo.

Recopilamos información de todos los marruecólogos conocidos. En este punto tenemos mucho que agradecer a Manuel Cuenya, gran amante del país, por sus consejos sobre Fez. A Khalid Atitar, que hizo honor a su origen tangerino con una guía de la ciudad que desgraciadamente no tuvimos oportunidad de emplear (la invitación a Cus-Cus nos la guardamos para una futura ocasión), a Elena de Paz que nos abrió el camino de las dunas de Merzouga, a Inés de Castro, cuyos información sobre el estado de las carreteras marroquíes nos acabó de despejar las dudas sobre la ruta que habíamos preseleccionado.

Con toda esta información más lo que fuimos hallando a lo largo y ancho de la red fuimos elaborando un documento guía que nos facilitó mucho la logística. No vayan ustedes a creer que el viaje estaba preparadísimo. Sólo nos preocupamos de tener atadas las cosas que consideramos básicas para la superviviencia. El resto se las dejamos al azar y a la confianza de que nuestros espíritus viajeros supieran salir del paso llegado el momento.

Al mismo tiempo que nosotros preparábamos el viaje, Fátima y Raúl, junto a su panda de amigos madrileños (Domin, Víctor, Javi, Tomás y Jorge) estaban también preparando una excursión parecida a la nuestra. Hablamos de rutas a seguir y de cómo quedar una vez cruzado el estrecho. Maravillas de la tecnología GSM, fue mucho más fácil de lo que parecía y como hicimos una ruta parecida pudimos encontrarnos hasta tres veces y compartir algunas de las peripecias vividas. Su lema era “Queremos aventura, no odisea“. Con las circunstancias que se les fueron presentando diseñaron una escala que también nosotros pudimos aplicar. De menor a mayor segragación de adrenalina: Aventura -> Odisea -> Odisea / Penuria -> Penuria. Después de la penuria ya venía “Muerte” pero afortunadamente a ese estado no llegamos en ningún momento.

La semana anterior la vivimos a contra-reloj con los últimos trámites y las últimas compras. El tiempo se nos echaba encima y echamos de menos no haber puesto algo más de dedicación a la planificación, pero ya era tarde. Se acercaba la hora de salir.

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Día 1. Madrid – Algeciras. 677 km.
Operación salida. Sin prisas por favor.

Hablando en plata
soñando en oro
subiendo al cielo
bajando al moro.

Torre Picachu. Salimos
Y esa hora llegó. Ni más ni menos que a las 13.26h del 30 de abril recogía a Sarajayne en el Paseo de la Castellana, justo enfrente de la Torre Picasso. Un viaje de estas características no se puede comenzar así, sin más. Te subes al coche, metes primera corta y a darle zapatilla. Requiere de un pequeño ritual que te saque del modo “vida rutinaria” y te ponga en el “modo viaje”. En nuestro caso fueron por lo menos dos: una foto al pie del corazón financiero de la capital y la puesta a cero de todos los cuentakilómetros del coche.

Las maletas ya estaban cargadas desde el día anterior y los bocatas fresquitos en la bolsa con la cocacola y las patatas. Ahora sí… primera y Castellana abajo por el carril bus. Ese día empezaba la Semana Santa para medio país. Creímos ser muy originales saliendo una hora y media antes de lo normal para un viernes. Pero no debimos de ser los únicos que pensaron lo mismo. La carretera ya estaba petada de coches a esa hora. El primero de los pollos gordos fue en la unión de la A-4 con la R-4 donde perdimos casi una hora viendo como el tráfico de ambas carreteras se unificaba en un único flujo. Empezamos a ver rodar cds por la radio.

Tres o cuatro horas de conducción y cambio. El objetivo de este primer día era Algeciras. Trataríamos de llegar lo antes posible para descansar y coger el ferry al día siguiente a primera hora. Lo miras en el mapa y no parece muy lejos, pero en realidad está donde Cristo perdió el mechero. Desde Madrid es bastante difícil hacerlo en menos de nueve horas.

La ruta del díaAtravesamos Despeñaperros con tráfico bastante denso, y empezamos a percibir el el aroma de los olivos, ese olor fuerte del aceite aún colgando de los árboles. Los coches empezaban a apiñarse. Hay que andarse con mil ojos. En una de esas frenadas en cadena vimos como unos coches por detrás de nosotros llegaban a tocarse, cruzándose alguno de ellos en la carretera. Íbamos muy despacio así que no creo que sucediera nada grave a ninguno de ellos, pero alguno pudo comprobar lo cierto que es uno de los dichos favoritos de los marroquíes: “la prisa mata“. Pegarse mucho al coche de delante no te hará llegar antes, y si que tienes bastantes papeletas de aguarte las vacaciones apenas empezadas. Nosotros llevábamos una distancia prudencial del coche de delante y por suerte el de detrás también. No hubo problema. Pero no hay que bajar la guardia ni un momento.

A la altura de Granada hicimos la primera parada técnica: café, pis, cambio de piloto, más cocacola y agua fresquita. La ruta continúa. En Málaga nos encontramos de nuevo con otro pollastre. Toda la circunvalación llena de coches. Me dice alguno que se ha hecho este camino muchas veces que ese atasco es inevitable. Poco después hay una bifurcación. Una autopista de peaje o una carretera de doble carril que a veces te permite ir a 120km/h y otras a 80km/h. Como era el primer día y no sabíamos si habría que ajustar mucho el presupuesto nos decantamos por la opción barata. Poco después de pasar Marbella nos hicimos un lío y acabamos en la de peaje. Tres eurillos de nada.

Sarajayne al volanteAl poco tiempo nos plantábamos en Algeciras y ya era totalmente de noche. No teníamos ni idea de cómo de grande era el pueblín, ni hacia donde teníamos que ir. El hotel, por lo visto estaba cerca del puerto, así que al puerto nos dirigimos. Para alguien que proviene del terruño, la palabra puerto, evoca uno de esos puertecillos de las rías gallegas. Quizá un pequeño puerto deportivo con los veleros de los señoritos pudientes. En ningún momento ese escenario depelícula de ciencia ficción de los hermanos Wachowsky. Todo lleno de grúas gigantescas, un puente que se eleva sobre los diques y el mar para ir tomando una curva cerradísima y acabar de nuevo en tierra. La entrada en la ciudad es un poco confusa, pero has de saber, amigo viajero, que no tienes por qué entrar al puerto a menos que te quieras subir a un barco. Parece obvio, ¿verdad? Bueno, pues hubo dos que no lo vieron tan claro.

Joe al volanteLos amables agentes de la autoridad portuaria y de la muy noble y benemérita nos indicaron el camino de salida y la ruta hacia el hotel, saliendo previamente del puerto.

Esta fue una de las etapas que nos hubiéramos ahorrado de haber planificado el viaje un poco mejor. Nos pillaba el toro los últimos días y no es muy aconsejable llegar cansado a una ciudad que no conoces y ponerte a buscar un sitio donde dormir. Intentamos buscar algún lugar barato, pero eso requiere su tiempo de navegación en la red y tirar de teléfono. No hubo manera. Así que hubo que decantarse por la reserva por internet. ¿y qué hoteles puedes reservar por internet? Pues o los que son muy caros o los que te meten por los ojos los turoperadores. En este caso no salimos tan mal parados y hayamos el Hotel Reina Cristina, de ****. 63 aurelios del ala por una habitación doble en media pensión, lo cual, para el hotel que es, es el ofertón. Es un hotel inmenso y lo debimos pillar en temporada baja, de ahí su bajo precio. Tanto el desayuno como la cena eran buffet y todos los alimentos sabían a lo mismo: a plástico (de ahí su bajo precio también). Sin embargo el edificio era chulo y nos recibió en el vestíbulo un dúo que entre piano y guitarra iban desgranando piezas rematadas por los aplausos de los guiris que observaban con devoción. Nosotros, por nuestra parte, condicionamos el deleite musical a tener el estómago lleno. Y cuando lo conseguimos la música ya se había acabado.

En todo caso la escena era acorde con la decoración de palacete de verano de los marqueses de Urquijo que tenía el ambiente en general. Las cortinas de las habitaciones eran estilo Luis XVI (que viene a ser una decoración rococó tardío, sin llegar al esplendor de Luis XIV), y bueno, digamos que se disfrutaba de todo tipo de comodidades. Cualquier hotel en el que duermo suele tener las habitaciones más grandes que mi casa, así que no me quejo. Pero este, en concreto, ha tenido por lo visto a ilustres alojados, como los actuales reyes de la patria (el Juanca y la Sofi), Wiston Churchill, Carmen Polo, y bueno… había más nombres en la placa de ilustres pero no los apuntamos.

Sacamos del coche únicamente una mochililla con lo imprescindible y dejamos dentro el grueso del equipaje. Un truco que nos ahorró mucho tiempo a lo largo del viaje. Como ya explicaremos, casi todos los aparcamientos en Marruecos están “vigilados”, así que esta operación te reduce tiempo y dolores de espalda.

Era muy tarde y el día había sido muy largo. El primer ferry a Ceuta del día siguiente era a las 6h de la mañana. Bueno, tampoco hay que agobiarse, debe de haber otro a eso de las 8h….

Entry Filed under: Cronicas de viaje

2 Comments Add your own

  • 1. lumy  |  April 17th, 2007 at 4:48 pm

    Te dejo nuevamente al mando joe y lo deje todo como no podia ser de otra forma PERFEETU¡¡¡ aunque tambien me ayudo algo el sr. rodriguez que es un cerdin. ARASKARLA q tengo que currar y yo doy fe de que para comer una amburguesa en un aguilon de playa hay que llevarla jajajaja

  • 2. JO  |  August 17th, 2007 at 5:15 pm

    I el Lunes estaré descansando en Tetuán, bieeeeeen.

    Como anda de precios marruecos este año?

    Saludos.

    Jo.

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