Los tres canteros

No hay palabras suficientes para relatar las 30 horas casi ininterrumpidas que pasamos juntos este pasado fin de semana. Sólo un pequeños descanso: el sábado por la mañana para dormir un ratín.
La campanada la dio Lumy -que es un lobín- cuando apareció en el Bar Madrid de San Román de Bembibre con el regalo que portamos en nuestras manos: las jarras de “cantero” en las que degustamos las subsiguientes cervezas hasta que llegó el amanecer. Como a Buach y a mí no nos salían las palabras de agradecimiento se lo agradecimos chupando en ellos unas Voll-Damn. No faltaron “cecina y japón“, una pekeñina a 150, cinco bolsas de pipas subiendo por el camino de Rebuelo, una rondina y unos calderos a mayores. ¡Vaya fin de semana! Perfeeeeeeeeeeetu!!

Los tres canteros

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