La orilla africana del estrecho

April 18th, 2007

Día 2. Algeciras - Fez. 324 km.
La otra orilla.

a lo lejos se ve la otra orilla.
no me haré viejo sin ver la otra orilla. Amén.
y allí todo brilla
y allí todo encaja bien.
En esta orilla no hacía pie.

El Golfillo en el ferrySon sólo 14 kilómetros. Un sólo paseo de 14 kilómetros por encima de las aguas que unen al Atlántico y al Mediterráneo y dejarás de estar en Europa para estar en África. En todos los sentidos. Este brazo de agua es la frontera que soporta una mayor desigualdad económica a sus lados en todo el mundo. De ahí que hasta que el gobierno marroquí pusiera seriamente a sus gendarmes a patrullar la costa, ésta se llenara de pateras con seres humanos tan desesperados como para subirse a ellas en busca de un futuro más que incierto en la “próspera” Europa. Cuesta imaginar cómo desde España podemos sentir tan lejos una tierra que está tan cerca y que sea tan desconocido y despreciado un país que tanto tiene que ver con nosotros. Catorce kilómetros. Lo que hay entre Noceda y Toreno, entre El Barco de Valdeorras y La Rúa, la distancia entre las salidas de O’Donnell y el Vicente Calderón en la M-30. No sé si cuando Hércules separó esos dos pedazos de tierra sabía que miles de años después el abismo que los separaría iría mucho más allá de su dimensión geográfica.

El barco
Antes de que Lorenzo asomara sobre el horizonte ya estábamos degustando el desayuno guiri sabor plástico del hotel Reina Cristina con huevos, beicon y toda la pesca. Acto seguido bajamos de nuevo al puerto, esta vez buscando los embarcaderos donde pusiera “Ceuta“. No llevábamos billete, así que hubo que comprarlos allí mismo. Es difícil comprender cómo funciona esto de los ferris. Hay cincuenta páginas web donde comprar los billetes, cada dos pueblos de las provincias de Málaga y Cádiz hay alguna ventanilla donde también los puedes comprar. En el puerto hay oficinas de las diferentes compañías. Tú luego te compras un billete en cualquiera de ellas y parece que te acabas subiendo al primer barco disponible que salga. El caso es que conseguimos pasaje para los dos y el coche por 145 eurillos en el barco que salía a las 8.30h. En la cola para subir al barco había sobre todo 4.x4. La mayoría parecían llevar el mismo destino que nosotros: el desierto. No llegamos a saber si eran viajes organizados o simplemente locos del motor y el rally.

El Golfillo en el ferrySe abrió el portón y subimos a bordo, ahí abandonamos suelo europeo y dejamos atrás “la isla” que tal es el significado en árabe de Algeciras: (Al-Yazira, si, si… como la televisión de Qatar). Aparcamos en la línea y subimos a la terraza de la cubierta disfrutando de la vista de la actividad en el puerto.

El viaje en el barco dura apenas 45 minutos una vez que se empieza a mover. Es un barco lo suficientemente grande como para no marearse, pero bueno, eso ya depende de la consistencia de las tripas de cada cual. Salimos del puerto y al poco tiempo ya dejábamos a nuestras espaldas la inmensidad de la roca que nos tienen ocupada los británicos. A Sarajayne le salió la vena nacionalista reivindicativa y empezó a gritar “¡¡¡Gibraltar español!!!”. El sentimiento nacional se fue contagiando y hubo también quien se animó con un “… ¡¡¡y Perejil también!!!”.

Antes de darnos cuenta ya estábamos en el puerto de Ceuta. Como aún es territorio nacional supongo que el cambio es menor. Aún no nos las teníamos que ver con los agentes de aduanas. Del puerto salimos rápidamente y tomamos la N-352 dirección Marruecos. Apenas vimos nada de la ciudad. Apenas tres o cuatro km de carretera y se nos acaba la posesión africana. La Guardia Civil te empieza a indicar que aflojes el pie del pedal porque estás a punto de llegar a la frontera.

La RocaBienvenis a la frontierie
El pollo que se monta entre las garitas es monumental. Aquí si que comienza la aventura. Primero hay que hacer una cola para los papeles del pasaporte y luego otra para los papeles del coche. Las filas están totalmente desorganizadas. Necesitas tres o cuatro firmas de garitos distintos para que te dejen pasar… en fin, un caos. Los aduaneros charlan animadamente y fuman sus cigarrillos como si esto no fuera con ellos. Entre tanto hay señores en chilaba que se dedican a informar a los españolitos de los trámites. Llevaba una especie de chapa con el nombre así que supongo que eran empleados de la aduana. Entre medias, decenas de marroquíes cruzaban a pie con todo tipo de enseres bajo el brazo o cargados a la espalda. De todas formas esa frontera no parece en absoluto un punto conflictivo. Yo me lo esperaba peor.

Lo mejor, como siempre que no se sabe algo, es preguntar. Y si preguntas a un español con pinta de espabilao, pues mejor. Porque seguro que te cuenta como hacer la 13-14 para acabar cuanto antes. La tontería de la aduana nos costó una hora más o menos. Un detalle importante para quienes se animen a bajar en coche a Marruecos es que en el momento que pasas el coche te dan un papelote en la aduana que tienes que devolver al salir. Si entras en coche en el país tienes que salir en el mismo coche o sino puedes tener problemas. Por lo visto es una forma que tiene el gobierno de evitar que se vendan coches extranjeros sin pagar los pertinentes impuestos. Para pasar el coche hay que rellenar una hoja en la que te piden el número del bastidor, la ficha técnica del coche y la carta verde, que es el justificante de que tu seguro te cubre en el extranjero. Una vez que tienes claras todas estas cosas ya es fácil cruzar.

Llegado el primer pueblo marroquí nos acercamos a un banco a cambiar chonta. El cambio que nos dieron fue 10.94 dirhams (DH) por eurillo. Creo que fue el mejor que conseguimos en todo el viaje. Las cuentas se suelen redondear a 10 DH = 1 aurelio. Claro… ellos salen ganando. En el pueblo había mercado y ya se veía color marroquí por las calles. Daban ganas de meterse en el fregao… pero teníamos algunos objetivos para ese día y mucha incertidumbre ante lo fácil o no que sería llegar, así que no había tiempo que perder.

Ruta. Día 2Los “vendedores” de las cunetas
El primer destino del día era Chefchaouen, la capital de las montañas del Rif, y el destino soñado de todos los fumetas. No es ningún secreto que más de la mitad del hachís que se produce en todo el mundo viene de estas montañas, y tuvimos claras pruebas de ello. Después de tomar la circunvalación de Tetuán comenzó la carretera de la montaña. Es una carretera de doble sentido bastante transitada. En muchos tramos se puede llegar incluso a 80km/h, pero hay muchos camiones y autobuses y es difícil adelantar, así que la mayor parte del camino vas a 40 o 50 km/h. Además atraviesas pueblos, se te cruzan cabras, paisanos en bici, vamos… que no conviene andar haciendo el Fitipaldi.

A medida que íbamos subiendo nos aparecían personajes salidos de entre los árboles agitando algo entre los dedos y haciéndonos señas. Hmmmm… curioso. ¿Qué se les ofrecerá a estos buenos hombres? El cuarto o el quinto que vimos al pasar ya fue más explícito y se llevó dos dedos a los labios simulando el acto de fumar. De manera intermitente señalaba la “piedra” que tenía entre los dedos. Bien. Ya sabemos qué es lo que venden estos.

Los valles del Rif son una verdadera pasada. Apenas a unos kilómetros de la costa ya hay montañas cercanas a los dos mil metros de altitud. Unas laderas escarpadísimas que dejan paso a valles verdes como Asturias pero llenos de olivos, urces y escobas. Plantas todas ellas que nunca creí poder encontrar en estas latitudes. En lo más alto del puerto paramos a echar una visual y dar cuenta de los dos últimos bocatas que nos quedaban del día anterior. Se nos acercaron dos chavalillos bastante asustadizos que flipaban en colores con nosotros. Uno le decía por gestos a otro que nos ofreciera costo. Pero no creo ni que quisieran hacer negocio con nosotros. Sólo nos miraban y flipaban en colores. Debían tener unos 15 o 16 años y nosotros debíamos ser de lo más exótico que habían visto en su vida.

Sarajayne en ChaouenChaouen es azul
Conseguimos llegar a Chaouen para la hora del café. Aparcamos y nos pusimos a dar un pirulo por este pueblo-ciudad de la montaña. No tiene una medina como tal, aunque sí cientos de callejuelas que suben por la ladera. Después de andar un poco nos sentamos en una terraza de la plaza principal a hacer gasto de nuestros recién estrenados dirhams. Hasta ese momento casi no habíamos tenido consciencia de estar en Marruecos. Todavía no sabíamos ni en qué idioma dirigirnos al personal. Yo me puse a rebuscar entre los callejones de mi memoria y aparecieron unas cuantas frases hechas en francés que nos sacaron de algún que otro apuro. Lo que no sabía lo decía en castellano acabado en “e” acentuada. Pues eso… como el chiste de Tip y Coll con el vaso de agua.

Hombre en la plaza de ChaouenEl caso es que el camareta nos vio la bandera nacional pintada en la cara y nos entró directamente en español. Dos cafés solos, s’il vous plait. Al contrario de lo que cabía esperar en este país con un té tan rico, el café no desmerecía en absoluto. Mejor que muchos de los cafeses que te tomas en España. Pasamos el rato disfrutando de una de los mayores placeres de los que se puede disfrutar en este país. Sentarte y empezar a flipar viendo pasar a la gente. Los hombres con chilaba y babuchas, los vestidos y pañuelos de colores de las mujeres, los rastas españoles sintiéndose en el paraíso fumeta, los niños jugando al fútbol, una anciana que a duras penas podía andar y que vestía chilaba y calcetines del Barça. Los cafetos a 5 DH cada uno. Es decir, unos 50 céntimos de euro. Más baratos que el que toma ZP.

Poco después empezamos a pasear por las cuestas de Chaouen, flipando en colores, pero sobre todo flipando en azul, que es el color que más y mejor viste la ciudad. Vagabundeamos un poco por el mercado alucinando con el colorido y nuestras almas empezaron por fin a empaparse de Marruecos. En uno de los puestos nos compramos una de esas hogazas pequeñitas de pan blando, tomates, quesitos y unos dulces de almendras y pistachos. Nos quedaba una barra de salchichón traído del pueblo y todo ello iba a constituir nuestra comida en la siguiente parada técnica.

Vista de ChaouenPor supuesto, a cada paso nuestra apariencia guiri levantaba todas las sospechas del mundo. En Chaouen están bastante acostumbrados a los turistas, incluso los niños. Iba a sacar una foto a unos críos que estaban jugando en la calle y uno de ellos me dijo que nasti del plasti. Me impresionó la dignidad con la que se enfrentó a mí. Me estaba diciendo que por muy curiosa que me pudiera resultar la escena, ellos no son monitos de feria. No sin cierta vergüenza apagué la cámara. Y como no podía ser de otra forma, los chavalitos ya algo más crecidos nos hacían gestos de apartarnos a algún rincón más privado. Casi todos decían: “¿Tu quieres probar una cosa buuuuuuuuena?”. Casi que no, majete.

Tan corruptos como uniformados
Dejamos Chaouen camino de Fez porque la noche se nos podía echar encima. En Marruecos hay dos horas menos que en España. Generalmente es una sola, pero además ellos no cambian la hora en verano, por lo que se hace de noche sobre las 19h.
La carretera estaba bastante potable y nuestros miedos se desvanecieron. Solo en zonas de muchas curvas volvíamos a tener que rodar a 50km/h detrás de algún camión. Ya llevaba yo un ratito detrás de uno sin posibilidad de adelantamiento. Cuando nos encontramos con una larga bajada seguida de una curva de 90 grados y luego una larga subida. Visibilidad total. En medio de la subida un coche parado. Se cruzan con nosotros unos cuantos coches y uno enciende y apaga las luces. Cuando pasan todos veo que no viene nadie más de frente y voy a poder adelantar. Me hago a la izquierda con tan mala suerte que ya estamos casi encima de la curva donde, aunque se ve hasta el mar Cantábrico hay una línea continua. Termino la maniobra y de detrás del coche parado en la subida aparece un agente de la gendarmería marroquí con su aparatoso uniforme que me indica con un inconfundible gesto que me haga a un lado de la carretera. Hay que joderse. Hay cosas relacionadas con el tráfico que deben de ser iguales en todo el mundo.

El hombre se acerca a la ventanilla con una sonrisita que no presagia nada bueno. Es-que-vous-parlez-français? – Un petit peu. – Un petit peu c´est très bien. Y nos informa de la gravísima infracción para la seguidad vial que acabamos de cometer además de, como no, solicitar los papeles del coche. Se lleva los papeles a no se donde, se va, vuelve y nos informa de que la multa son 400 DH por adelantar con línea continua. 40 eurazos que aquí son un verdadero pastizal. Yo pongo la cara de niño bueno que siempre he sido y le digo que eso es muchísimo dinero. El tío dice que es la ley y se vuelve a pirar. Sarajayne y yo nos miramos y sin decir palabra decidimos que hay que sacarla por menos. Manda cojones que a quien primero vamos a tener que regatear en Marruecos sea a la policía. Si, pero… y si el tío no es sobornable y nos empluma por desacato a la autoridad y toda la pesca. La situación es tensa y se nos puede escapar de las manos. El tío vuelve.

Camino a FezNos lo dejó bastante claro con una sola frase que comprendí en su literalidad y en su significado figurado: Qué-est-que-ti-va-faire-maintnant? [¿Qué vas a hacer ahora?]. Le digo que si nos puede dejar la multa en 200DH. Sin dejar que pase un milisegundo contesta que si son 200 la multa es sin recibo. Se vuelve a pirar. Sarajayne enrojece de ira mientras busca en la riñonera doscientos machacantes. El tío vuelve y le hacemos entrega del pastón, que se mete en el bolsillo pensando en la chilaba nueva que le va a comprar a su mujer. Ya nos podemos ir. Esbozamos un leve “desolée” [Lo siento] y ponemos cara de “no volverá a suceder señor agente”, mientras el cabrón no puede disimular su cara de felicidad. Menudo paripé que se montan para sacarse el sobresueldo. No se pude definir mejor que como lo hizo Sarajayne en el cuaderno de ruta: “tan corruptos como uniformados”.

Nos faltaban unos 30km para Fez. Sarajayne los hizo indignadísima con los agentes de la ley y Joe sintiéndose como un gilipollas por no haber pillao el gesto de las luces del otro conductor. Lo dicho, hay ciertas cosas que no cambian con la latitud.

Entrada en Fez
Llegamos a la ciudad donde también habíamos reservado un hotel de esos por Internet. Como lo hicimos todo tarde en la ciudad ya no quedaba casi nada libre, así que nos quedamos en el hotel Batha, muy cerca de la Medina, pero sólo había libre una noche. Es demasiado caro para lo que es Marruecos, pero como nos pasó en Algeciras, el día se planteaba muy largo a priori y queríamos tener un sitio donde descansar nada más llegar. Tenían cerveza e incluso J&B. Pero nos cobraron 20 DH por un té, con lo que no me puedo ni imaginar lo que nos hubieran cobrado por un pelotazo. En la zona hay muchas pensiones y hotelillos baratos, casi hubiera sido mejor no reservar y preguntar a los chavalillos del lugar por un lugar barato para dormir. Siempre te llevan a los sitios, te cobran una propinilla y al dueño del hotel una comisión que, como negocian en árabe no te enteras.

Al lado del hotel había una pequeña explanada convertida en parking “vigilado”. Había cuatro o cinco tíos que se pasaban ahí todo el día y cobraban 20 DH por coche y día. Ahí se quedó el Golfillo a pasar la noche. Nosotros nos fuimos a cenar a la medina, ensalada de tomates con mucho comino, una sopa marroquí muy rica, unos pinchitos de pollo con arroz un cus-cus que no estaba demasiado bueno, y unas fantas… hay que recordar que lo de la cerveza por estos lares… como que no. Nos salió por unos 105 DH en total.

Después un paseillo por la zona de la Medina que más cerca nos quedaba. Para que se hagan ustedes una idea las calles de la Medina de Fez no tienen más de tres metros de ancho y están a rebosar de gente. Ya era de noche y no había muchos turistas, pero nos metimos en el berenjenal a ver qué se ofrecía. Encontramos tiendas de todo tipo, desde especias al peso, frutas, alfombras, carnicerías con la carne colgando al fresco y una cabeza de camello con la lengua fuera, una mezquita, tiendas de ropa con posters de Ronaldinho… Fuimos llegando a un sitio donde ya no había casi gente y decidimos darnos la vuelta. Es demasiado fácil perderse en esas callejuelas, y por hoy ya hemos tenido demasiadas aventuras, alguna rozando la odisea.

Mañana tenemos todo el día para dedicarle a la ciudad.

Entry Filed under: Cronicas de viaje

5 Comments Add your own

  • 1. lumy  |  April 18th, 2007 at 4:10 pm

    HOME JOE LA VERDAD, ES QUE TU EXOTICO EXOTICO LO MISMO QUE YO U PARECIDO JAJAJAJA POR CIERTO¿ LA CECININA? ERES UN LOBIIIIIIIN. ARASKARLA

  • 2. brujy  |  April 27th, 2007 at 6:50 pm

    Hola… la verdadque cai por esta pagina de casualidad y me gusto el viajecito q relatavais… lastima que no terminaras con el ;)

  • 3. marta  |  June 25th, 2007 at 3:06 am

    VIVA ALGECIRAS :)

  • 4. pichi  |  August 4th, 2007 at 4:43 am

    a quién le pueden quedar ganas de volver, incluso ni de ir. Yo fui para tres días y me volvía a las 8 horas.

  • 5. carlos  |  February 29th, 2008 at 2:17 am

    Increible!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! como habia tardado tanto en descubrir este blog!!! es wenisimooooooooo de verdad felicidades. Me voy a Marruecos en 2 semanas y pienso hacer un recorrido parecido, tu forma de describirlo todo es genial!!

    Ya estoy enganxado!! jeje

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