La montaña de los sueños

Asà la bautizó hace ya unos cuantos años Alberto GarcÃa. No es otra que el pico del Catoute. Con sus 2112 metros de altitud sobre el nivel del mar, según la última medición es la cima del Bierzo. La mayorÃa de mis amigos ya habÃan ascendido en alguna ocasión, pero en mi caso, siempre por una u otra cosa, me venÃa perdiendo las expediciones. Sólo intenté la ascensión en las navidades de 2003 junto con Alberto y Andy, pero la ventisca y la niebla nos impidieron coronar. Fallar por segunda vez hubiera sido intolerable.

El plan estaba en el aire desde antes de las vacaciones. Andy y yo nos querÃamos sacar la espina del fracaso de hace dos años y querÃamos coronar en invernal, asà que dejamos el plan medio preparado a la espera de más montañeros. Con tan mal tiempo no es viable ir únicamente dos personas. SerÃa muy peligroso en caso de accidente. Por ello empezamos a tratar de reclutar miembros para la expedición. No habÃa mucha suerte. Algunos de los colegas trabajaban, otros se animaban pero no confirmaban, etcétera. Y además, faltaba uno de los grandes de la montaña, al que echamos de menos durante todas las vacaciones y era Alberto, que lejos de su amada montaña, trataba de sobrevivir entre papeles en una oficina de Barcelona sin poder coger vacaciones estos dÃas.
Un par de dÃas antes del dÃa fijado para la expedición, Juanjo hacÃa aparición en Noceda sin avisar a nadie. Cuando le dijimos que la expedición a Catoute ya estaba casi preparada se emocionó. Ya tenÃamos un tercer integrante por lo que la expedición partirÃa el miércoles 28 y no era ninguna inocentada.

Se puede acceder a Catoute tanto por la cara norte, desde la localidad de Salentinos, como desde la vertiente sur, desde Colinas del Campo de MartÃn Moro. Desde Salentinos la pendiente es menor, y esto es una ayuda inestimable en las condiciones climatológicas de finales de diciembre.
La noche anterior apenas habÃamos dormido pues estuvimos de copas por Ponferrada. Suele ser asÃ. Cuanto más hay que madrugar, más tarde nos acostamos.
A las 7.30h estábamos arrancando el coche en la calle La Parada. LlovÃa, de lo cual nos alegramos bastante porque eso significa que no harÃa demasiado frÃo (al menos no tanto como si nevara). Tardamos unos 45 minutos en llegar a Salentinos y allà el termómetro marcaba 6 grados bajo cero.
No nos entretuvimos mucho en abrigarnos y salir. VeÃamos las primeras luces del dÃa sobre sobre la montaña cuando empezamos a andar. HabÃa nevado la noche anterior asà que fuimos pisando nieve desde el primer minuto.
Hasta que llegamos a la braña (el lugar donde todavÃa existen un par de cabañas de pastores) no paramos ni para beber agua. Era necesario entrar en calor cuanto antes y no romper el ritmo. Nos costó cerca de una hora. Hasta ese punto el camino estaba bastante claro y la nieve no pasaba en ningún momento de los tobillos. A partir de ahà ya fue otro cantar. Poco a poco el camino se va haciendo más estrecho y las huellas en la nieve más profundas.
Siguiendo la tradición tibetana, nombramos un Sirdar antes de comenzar la expedición. Viene a ser algo asà como un jefe de sherpas, y suele ser el montañero más veterano. En la montaña es muy importante conservar siempre la disciplina. El cansancio puede hacer mella en el ánimo y si el equipo no permanece unido siempre pueden surgir problemas. El Sirdar ha de tomar las decisiones más importantes, como el trazado a seguir, cuando efectuar los descansos, etc… Es quien mejor conoce la montaña y quien mejor sabe lo que nos espera por delante.
Nuestro sirdar por excelencia ha sido siempre Alberto. El fue quien desde la más tierna infancia empezó a sentir la llamada de la montaña. Y poco a poco nos fue metiendo el gusanillo en el cuerpo a los demás. Esta vez no estaba presente, por lo que Andy, ya también bastante experimentado en este pico tomo su lugar. Hay que reseñar que no lo hacÃa como sirdar por primera vez.
Seguimos bordeando la montaña. El dÃa está totalmente despejado. No hay nubes en el cielo y empieza a salir el sol. Como subimos por el lado norte los rayos del sol no nos tocarán hasta llegar al collado de acceso al pico. El cielo tan azul produce una sensación de frÃo tremendo. La nieve refleja la luz en continuo aumento. No tenemos una gran sensación de frÃo, sin embargo, la crema para los labios ya está congelada, al igual que las asas de la mochila. Debe de hacer un frÃo de pelotas.
Empezamos la parte más dura del ascenso. Ya no hay camino. Sólo nieve. Para colmo es una zona de escobas y urces y por tanto la nieve no se encuentra demasiado apelmazada, por lo que al pisarla se te hunden los pies hasta las rodillas. El avance es penoso. Apenas puedes avanzar 50 metros sin pararte. Establecemos relevos para que uno vaya abriendo camino y los demas caminen sobre las hueyas del anterior. Dudamos ante el itinerario a seguir pero decidimos seguir el máximo gradiente de la montaña, pues cuesta lo mismo avanzar en cuesta que en llano.
En ese punto se acaba la conversación. Los pulmones se hinflan a cada paso para llevar oxÃgeno a los músculos y seguir tirando cuesta arriba. Siguen los relevos… Esto es terrible. Después de pasar cada matojo de urces consultamos al sirdar acerca de la siguiente pendiente a acometer.
HabÃamos hecho una apuesta y era que el primero que se cayera invitaba a café. Andy se pega una hostia guapÃsima y no le queda otra que resignarse a sacar los euros en el bar de Toño a la vuelta a Noceda.
Juanjo ya ni abre la boca.
Llegado un momento, me entrego a la ascensión y con pasos largos, una vez que la nieve se hunde un poco menos. Vemos la cima cada vez más cerca. En medio del manto blanco de nieve apenas tenemos referencias para ser conscientes de lo que avanzamos y eso hace más dura la subida. Nos fijamos en un par de árboles hacia los que caminamos para reconfortarnos en nuestro avance. Nos reunÃmos los tres justo antes de empezar la última pared antes del collado de acceso a la cima.
Estos últimos metros son de verdad terribles. Solo hay unos centÃmetros de nieve del dÃa anterior, lo que hay debajo es puro hielo. No llevamos cranpones y no serÃa una mala idea comprarlos para el año que viene. Algún resbalón nos mete el miedo en el cuerpo pero conseguimos acceder al collado. Desde ahà la vista es imprsionante. Todos los valles al sur y al oeste de Catoute son perfectamente apreciables desde ese lugar. Se ve la cima de Gistreo desde el otro lado de Noceda, con la mÃtica niebla de mi pueblo elevándose sobre la sierra, se ve Anllares, se ve el camino hacia Campo de Santiago, se ve casi el infinito en un dÃa tan claro como este.
Pero aún nos quedan unos metros entre las rocas. Dejamos a nuestro sirdar coronar en primer lugar. ¡¡¡Hemos llegado!!! Estamos en la cima del Bierzo. La ascensión ha sido realizada con éxito. Cumplo con el ritual inciático de Catoute: Firmar en el libro de la peña de montañeros. No puedo más que dedicarle mi ascensión a Alberto, el gran ausente del dÃa de hoy. Bebemos el último agua que nos queda y unos zumos por cortesÃa de Andy, le echamos un ojo al Belén que coloca Gonzalo todos los años, aunque ahora se encuentra completamente tapado por la nieve. No tenemos mucho tiempo porque hace muchÃsmo frÃo asà que rápidamente enviamos un sms a Berto para dar constancia de que estuvimos aquÃ, y para que se alegre por nosotros. Creemos que llamarle serÃa demasiado cruel.
Apenas hemos dado dos pasos de descenso y recibo una llamada. Es Berto:
- Alber: ¿Dónde coño estáis?
- Yo: ¿Tú que crees?
- A: ¿Cota 2112?
- Y: Siiiiiiiiiiiiiiiii
Estallamos en júbilo al oÃr la voz de nuestro amigo. Apenas hablamos un minuto cada uno con el porque nos tenemos que ir pitando. Alberto termina la conversación con una frase de maestro de sirdars: “Recordad que una montaña no se conquista hasta que se desciende sano y salvo de ella“. Asà lo haremos.
Vamos bajando con cuidado entre las rocas, pero en cuanto vemos una pendiente de nieve, avanzamos metros haciendo culo esquÅ una auténtica gozada.
Nos plantamos de vuelta en Salentinos en apenas dos horas y media. Una hora menos de las que invertimos en el ascenso. Estamos pletóricos.
En Salentinos nos cambiamos en casa de Alberto y Mari, que amablente nos ceden un hueco al lado de la chimenea. Cogemos el Focus y nos dirigimos de vuelta a Noceda. Andy paga el café que debÃa. Ha sido un dÃa cojonudo… y todavÃa son las cuatro de la tarde…

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Que cabrones, yo por una circunstancia u otra no he podido subir nunca en Navidad, siempre ha sido en Verano (mas facil), haber si el proximo año se hace el fin de semana o yo tengo vacaciones, una de dos.
Preciosas fotos Joe, eso debe ser un pedacito de cielo en la tierra.
Me sumo al comentario de Uli: ir en invierno es precioso, pero creo que la nieve es bastante tramposa (y con hielo por debajo, más), asà que si la expedición se repite en verano, haré todo lo posible por estar allÃ.
Me alegro de que lo pasárais tan bien. Y las fotos son chulÃsimas.
Que gran fortuna estar tan derca del paraÃso, es un lujo reservado sólo para los elegidos. Fantásticas fotografÃas, el esfuerzo os debió merecer la pena, tocar el cielo con las manos no se consigue fácilmente.
Ah. TodavÃa existen Robinsones… genial. Felicidades.
hola gente, yo tuve el placer de subir el Catoute este fin de semana pasado, puesto que el año pasado me quede a 200m y me fue imposible subir un paso mas, salimos desde Colinas, un pueblo precioso! y luego volvimos por el mismo sitio hasta colinas, para mi fue bastante dificil, puesto que lo maximo que habia subido fue la ruta del oso, en palacios de compludo, este fin de semana que viene queremos ir al Teleno, a ver que tal se nos da, espero que sea mas facil que el Catoute! saludos, Eva!
ES JUANJO EL DE GRAN HERMANO