La consultorÃa es asÃ
Entre el otoño del 2005 y el verano del 2006 estuve trabajando de forma continuada en un único proyecto. El pico de trabajo lo alcanzamos allá por el mes de diciembre, cuando llegamos a ser unas 18 personas solamente en la oficina de Madrid. Fuimos haciendo entregas y el grupo se fue reduciendo. Cuando llegó el verano y empezaron las vacaciones nos fuimos separando y al acabar el verano la mayorÃa nos hemos dedicado a otros quehaceres.
Pero fue sin duda un año reseñable en cuanto a las relaciones personales que he mantenido en el trabajo, que en este entorno, no suelen ser demasiado buenas, salvo honrosÃsimas excepciones.
Este es un trabajo en el que no hay nada seguro. Ni si quiera el sitio donde te vas a sentar al dÃa siguiente. En cualquier momento te pueden llamar para decirte que te esperan en otra oficina al dÃa siguiente o en otro paÃs al cabo de tres dÃas. Por eso yo nunca he tenido ni un miserable archivador en las oficinas en las que he trabajado. Solo un bote para los bolis y el cepillo de dientes.
Este proyecto fue diferente. Estábamos sentados en dos mesas grandes. En la nuestra llegamos a ser unas diez personas. Y hay una época que los que estuvimos allà sentados nunca olvidaremos. Arranz, Esther, Fede, Khalid, Pujol, Luis, Toni y alguno otro que caÃa de rebote. En la mesa de atrás tenÃamos a Sonia, a la tratábamos de atraer a nuestra fiesta pero que no nos responde porque en el trabajo siempre está demasiado concentrada. A pesar de tener que currar como energúmenos nos pasábamos el dÃa descojonados de risa compartiendo los vÃdeos del YouTube, y los juegos chorras esos, que están hechos para picarte y conseguir más puntos que tu compañero. Nos puteámabos mazo por el messenger e implantamos la costumbre de traer muñecos de peluche cada vez que alguien tenÃa que viajar a Canadá. Asà llegaron desde el otro lado del charco Wachovio, Poddy, El Perrillo de la Pradera y la ardilla aquella que no me acuerdo cómo se llamaba y un castor que nunca llegó a tener nombre. También sacamos el himno del proyecto, que era una versión del Opá!!. El tÃtulo era Oh! Paul!, yo vi asé un roll-out y estaba dedicado a Paul Obroki, jefe de infraestructura.
Supongo que cosas como estas son de lo más común para quienes llevan mucho tiempo trabajando con la misma gente. Pero en este oficio y en esta compañÃa no son cosas que veas muy a menudo. Normalmente parece que todo el mundo se vigila como si se supiera que entre los presentes hay un espÃa. Tal es asà que hasta alguna vez hubo quien nos dijo que no trabajábamos demasiado porque nos pasábamos todo el dÃa riendo. Yo pienso que si en general no eres capaz de ir a trabajar con alegrÃa, casi mejor te quedas en casa. Muchas veces la alegrÃa no pasa de las once de la mañana, pero bueno… al menos salir con ella de casa, ¿no?.
También hay que decir que en este grupo habÃa gente realmente buena. Y que uno de los jefes que tuvimos era un auténtico crack. Aprendimos mucho unos de otros. Tanto cuestiones técnicas como otras más operativas.
A lo largo del verano, David se fue a otro cliente, Fede estaba de baja por una caÃda que tuvo con la moto, Luis y Esther dejaron la empresa, Khalid se fue a ParÃs, Marta dio a luz y sigue de baja, yo me he venido a DublÃn y Arranz se ha quedado en la oficina comiéndose con patatas todos los marrones que dejamos abiertos antes de irnos de vacaciones.
Por eso a mediados de setiembre quedamos todos una noche para tomarnos unas cañas y lo que se terciara después, que sin duda se terció. Fue una mezcla de celebración y despedida, pues ya sabemos que jamás vamos a volver a coincidir todos juntos. Lo pasamos de puta madre y por supuesto prometimos seguir en contacto, cosa que no creo que sea difÃcil de cumplir.
La consultorÃa tecnológica es “asÃnâ€. La mayorÃa de los clientes para los que trabajamos son de lo más rÃgido. Les cuesta mucho cambiar las cosas aunque sepan que las están haciendo mal. Nosotros somos como el aceite que hace rueden las piezas del motor. Sólo que para un motor de 2000 centÃmetros cúbicos suelen hacer falta cuarenta o cincuenta litros de aceite. Eso supone cambios y más cambios. Flexibilidad en los horarios, en los desplazamientos y en los conocimientos a adquirir.
Y por eso es tan difÃcil encontrar un grupo tan selecto como el que tuve la suerte de poder trabajar el año pasado. Los que estuvimos sentados en aquella mesa lo sabemos.
Me ha costado casi un mes ponerme a escribir este artÃculo, y a ello me ha ayudado recibir las fotos de manos de Esther, que se lo agradezco un montón.
A todos vosotros, donde sea que estéis en este momento os deseo mucha suerte, y espero que en cualquier esquina de la vida nos volvamos a topar.
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Q razon tienes Joe cuando dices q hay q ir al trabajo con alegria.Sino como bien dices vale mas quedarse en casa y no amargar el dia a los compañeros.
Que si hombre, que si. Ya veras como el efecto campamento no se pasa y seguimos quedando. Peores crisis hemos superado…
Por cierto, para que conste en acta, la copa no era tal sino Coca-cola