La ciudad en la que vivo
April 25th, 2006
Ya casi no me acordaba. Si te metes en el ritmo que te impone la vida de oficinista en los meses de invierno apenas te acuerdas de lo que es esta ciudad. Si la luz del día sólo te alumbra en los amaneceres de camino al metro por la mañana te olvidas del ritmo que tiene esta ciudad. Y eso que yo tengo la suerte de poder atravesar cada mañana y cada tarde la calle Huertas o la Plaza Santa Ana, que al menos te recuerdan mínimamente el esplendor de la ciudad en la que vives.
Se pueden vivir mil vidas en Madrid. Cada uno elegimos tres o cuatro y las llevamos lo mejor te podemos. Jamás te cruzas con todos los que llevan las novecientas y pico restantes a menos que te cojas una nueva.
Esta es la ciudad en la que para hacer tres o cuatro recados que tienes pendientes desde hace meses tienes que cogerte un día libre si no quieres estar agobiado varias semanas. Porque al salir de trabajar como mucho y con un poco de suerte, te da tiempo a hacer una cosa nada más. Así que con el sólo objetivo comprar un móvil, unos libros y algunas otras cosas me tomé el lunes libre y lo dediqué a reencontrarme con el centro de la ciudad.
Yo que generalmente sólo salgo de Lavapiés para ir a currar, que más allá de la calle Magdalena o de la calle Atocha ya me parece el extrarradio redescubrí un montón de cosas de las que hace mucho que no me daba cuenta:
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Decía James Joyce que “difícil puzzle sería atravesar Dublín sin pasar delante de un pub“. Pues algo parecido pasa en Madrid pero con las obras. Las obras en Madrid no acaban, simplemente cambian de lugar con los años. Tienen vida propia y cuando les gusta un lugar… pues ahí se quedan con el paso de los años. El día que por fin acaben con la Plaza de Antón Martín quizá descubramos a qué profundidad estaba el petróleo.
Siempre me ha impresionado la Gran Vía a media mañana. Siempre que tengo un día de diario para estar en la calle paso por allí. El tráfico incesante de los peatones y los coches, los quioscos de tabaco que hay cada tres pasos, los cines y los teatros, los hoteles con sus fachadas presuntuosas, el edificio de Telefónica que puede verse desde cualquier parte, la bajada hacia el Banco de España (que por cierto, siempre la recuerdo con andamios), los locales de envío de dinero al extranjero, las cafeterías de las franquicias… conforman una buena metáfora de lo que es esta ciudad.
Cuando acabo de bajar siempre me quedo mirando al el edificio que hace esquina entre Gran Vía y Alcalá, que para mí es uno de los iconos de la ciudad, aunque no sé si aparece en alguna guía turística.
La Cibeles sigue en su sitio, parece que no le preocupa mucho si es invierno o es verano. Ahí seguirá esperando a menos que a los leones les de por arrancar. Al bajar por el paseo del Prado vemos que a los árboles ya les han salido las hojas y el sol de mediodía nos recuerda que ya hemos pasado al “modo verano” (madre mía… a ver quién trabaja ahora).
Giro a la derecha para adentrarme en el Barrio de las Letras camino de casa otra vez. Por esas calles en las que uno nunca se adentra a menos que se le haya perdido algo. Esas diez o doce calles donde vivieron y murieron Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Francisco de Quevedo y que todavía siguen en pie. Nos encontramos algún que otro detalle realmente castizo.
Nos encontramos con un amigo con el que podemos degustar un suculento menú del día charlando de la vida cotidiana, de nuevo en la frontera del barrio.
Los recados de la tarde nos llevan hasta el Madrid de Los Austrias, el lugar que más lejos en el tiempo nos traslada. Doblamos mil esquinas y nos dejamos llevar por las calles que menos
acostumbramos a transitar. La diferencia entre el día y la noche es brutal aquí. En las calles que unas horas más tarde estarán abarrotadas de gente tomando cañas encontramos ahora a los guiris que disfrutan ociosos de sus jarras de cerveza y alguna que otra parejita disfrutando del sol que se cuela por las calles orientadas al oeste.
En fin…. que ha sido toda una experiencia que hace mucho tiempo que no vivía.
Otro día que me anime con la cámara os hablo de Lavapiés…
Entry Filed under: Cuaderno de bitacora



2 Comments Add your own
1. Tonotou | April 27th, 2006 at 11:17 pm
Me alegro que disfrutaras de un día sin estres, por cierto la semana que viene quedamos para tomar unas cañas, estaré 2 noches por los madriles, voy a hacer un curso sectario.
2. raquel | May 4th, 2006 at 11:00 am
Que bueno, tienes razón que a veces hay que salir a ver Madrid más allá de las obras, las prisas y la gente estresada…me ha gustado tu paseo y, sobre todo, que lo compartas con todos los demás. Creo que más de uno se va a animar a venir (Tonotou ya lo ha hecho, aunque se haya ido a San Sebastián de los Reyes). Besos
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