Genitales con GPS
December 13th, 2006
Hace poco leí una entrevista a la escritora Marian Keyes en la que decía, entre otras cosas, que los tíos creemos que nuestros testículos vienen con GPS incorporado. No es sólo una cuestión de fe. ¡¡En algunos casos es cierto!!
Juanjo Kastor y el que esto suscribe tuvimos ocasión de comprobarlo el pasado jueves por las faldas de la Sierra de Gistredo. Habíamos quedado a las 8h de la mañana para salir al monte sin una ruta muy definida. Nos conformábamos con subir a Gistredo y quizá bajar por Jafra.
Yo había llegado a casa sobre las 2.30h después de estar varias horas jugando al mus con Uli, Llamas y Buach en el bar de Paco. Caía agua como no os podéis imaginar. Llamas pronosticó: “si a las ocho está así no subís“. Tenía tanto sueño que no me hubiera importado. Pero la palabra de gorila es fuerte como una rebolla. Y si se dice que a las ocho arriba a las ocho y media hay que estar en pie. Esa fue la hora a la que me presenté en casa del Kastor y seguía lloviendo tanto o más que la noche anterior.
“A tomar por culo, volvemos pa la cama“, me espetó el pequeño castorcillo al ver cómo yo miraba al cielo con cara de pocos amigos. Nos miramos y en los ojos nos salían signos de interrogación. “Si no vamos nos vamos a arrepentir“, enmendó de nuevo mi viejo amigo. Eso es justo lo que estaba pensando el hemisferio irracional de mi cerebro (por cierto, ¿cual es? nunca me acuerdo si el derecho o el izquierdo). El tío cabal que llevo dentro seguía viendo los colores del edredón que le tapaban hasta la nariz unos minutos antes.
Zampamos unas galletas con colacao, cogimos el Golfillo y carretera camino del barrio de Trasmundo en Robledo de las Traviesas. Aparcamos el coche y pista p´arriba camino de la cima de Gistredo.
El alto de Gistredo (1711 m) es una de las montañas emblemáticas del Bierzo. En su cumbre limitan los municipios de Noceda del Bierzo, Igüeña y Toreno del Sil. En su cima comienza la sierra a la que da nombre. Y es precisamente esta la montaña más occidental de la Cordillera Cantábrica, que seguirá extendiendose a lo largo de cientos de kilómetros, dejando entre sus valles los huecos donde en tiempos ya muy remotos florecieron pueblos como el que me vio nacer.
Desde la cima de Gistredo se pueden ver en verano el desfile de parapentes y ala-deltas sin fin, dejando en el cielo retazos de colores en movimiento. No en vano, fue en 1992 la sede del campeonato de España de Parapente.
La cima de Gistredo, en los días claros de verano, permite divisar una auténtica inmensidad hacia los cuatro puntos cardinales. Dicen que en un día sin bruma se puede ver la catedral de León, que se encuentra a más de 100km por carretera. Yo no la he visto, pero eso dicen.
Pero nada tenía que ver esta excursión con un día de verano. En cuanto empezamos a poner un pie delante del otro fuimos experimentando todas las fases de las precipitaciones si excluimos el granizo. Desde la lluvia fina, los goterones, el aguanieve y la nieve misma. Todas estas formas del líquido más necesario para la vida venían acompañadas de una niebla que lo envolvía absolutamente todo, incluidos nuestros huesos. Al salir de Las Traviesas pudimos observar por un momento La Chana y los cuatro barrios de este pueblo que a pesar de ser un rival natural de Noceda, le vamos a conceder que es un pueblo muy bonito, y que siempre que acabamos en alguna bodega nos tratan como a reyes.
El camino empezaba a repicar y tanto Kastor como yo sentímos que nuestro estado de forma es manifiestamente mejorable. No decayó el ánimo y en cosa de hora y pico nos plantamos en la cima, donde ya el viento rugía con ganas y se dejaba sentir en la piel. Nos paramos un momento a descansar al lado de “la caseta”. Así se ha conocido siempre este pequeño refugio que existe desde hace un montón de años para los vigilantes anti-incendios en verano. Como teníamos más frío quietos que parados reanudamos la marcha. No se veía un cristo.
La idea era seguir la cuerda de la montaña para coronar Cornapinos y alcanzar el camino que va de Noceda a Urdiales, pero como no parábamos de rajar nos limitamos a seguir alegremente los caminos que nos íbamos encontrando, optando ante cada cruce por el que creíamos nos dirigía en la dirección adecuada. La niebla no nos dejaba ver los valles, por lo que perdimos esa refererncia, pero en todo momento creímos saber dónde estaba Noceda.
Tras un rato de descenso que ya nos parecía mucho descender para tener que ir casi en llano, el pequeño castorcillo afila su instinto de los bosques y se queda quieto en mitad del camino mirando hacia la nada. El viento sopla fuerte y entre algunas de sus ráfagas permite que la vista alcance más allá de lo habitual. Me quedo mirándole y le veo señalar al horizonte. Su frase me deja perplejo: “¿pero qué hacen esas casas en mitad del monte?“. ¡Sí señor! En medio de la niebla, en algún punto que no recordamos, hemos cogido el camino de Pardamaza. Localidad para la que no nos faltan más de dos kilómetros. Por un momento me vi picando a la puerta de los señorines que llevan el bar para pedirles el teléfono y llamar a Uli o a Buach para que nos vinieran a buscar (en Pardamaza no hay cobertura de móvil). Creo que Juanjo tuvo la misma idea, y por supuesto en menos de lo que dura un parpadeo los dos la desechamos. Jamás podríamos aceptar la humillación de reconocer que nos habíamos perdido en nuestro propio monte.
Así que no nos quedó otra que conectar al satélite más cercano el GPS de nuestros testículos para salir de allí en medio de la niebla. Desandamos unos cientos de metros el camino hasta que descubrimos un cruce que seguía subiendo. La cuerda de Jafra tenía que estar en esa dirección. Si al oeste estaba Pardamaza, al noroeste tenía que estar Urdiales detrás del monte que veíamos enfrente, al sureste Noceda pasando por dios sabe donde y al sur Las Traviesas. No queda otra… a patear. La subida se nos hizo larga, larga. Impusimos un ritmo fuerte para combatir el frío y la indecisión. En estos casos nunca se sabe lo que es peor. El silencio era absoluto salvo por el ruido de nuestras pisadas.

Después de casi una hora subiendo nos encontrábamos ante la cuerda. La niebla seguía sin dejarnos ver nada. De frente vemos un camino con unas rodadas de coche. “Por aquí hay civilización… ¡vamos!“. Empezamos a bajar por el camino y se oyen dos leves pitidos, bip-bip, que provienen del móvil de Juanjo. ¡Hay cobertura! Nos estamos acercando a la civilización. Quiero creer que es el camino de Urdiales pero no me puedo engañar a mi mismo. No me suena de nada. Empezamos a hacer apuestas sobre el lugar donde cree que aparecemos. Puede ser cualquiera entre Las Traviesas y Quintana. No fue para tanto… apenas se levantó un poquito la niebla vimos ante nuestros ojos una silueta que ambos reconoceríamos hasta en el mismísmo infierno. Estabamos justo por encima de Las Peñas de La Gualta. De aquí a casa ya es un paseo. Así que volvimos a nuestra alegre conversación, eso sí, sintiéndonos más humedecidos que nunca. No paraba de llover.
Juanjo recibió la llamada de Oh!Virgin! que ya estaba preocupada, no en vano eran casi las tres de la tarde. Comenzamos el descenso por esa pista que de tantas excursiones nos ha visto disfrutar. La catarata de La Gualta, merecía esta vez llevar ese nombre, y no el hilillo de agua que cae en verano. El ruido del río al fondo del valle era brutal, la niebla nos dio un poco de tregua y nos dejó disfrutar de los colores ocres de los fuyacos y del verde de las urces que aún se mantiene. Los dolores en las rodillas nos atraían al sofa y las manos y los pies como témpanos nos pedían la duchita de agua caliente.
Aparecimos por encima de la iglesia de San Pedro y en un pis-pas ya habíamos pasado por la ducha en casa dejando toda la ropa en un caldero para que no mojara el suelo. Oh!Virgin! nos tenía preparadas unas croquetas caseras y unos espaguetis carbonara que estaban exquisitos. Acabamos de comer y nos fuimos a buscar el Golfillo con el Johnny-5 II.
El cafetín de Mari nos esperaba en el bar, y todos los parroquianos dispuestos a escuchar nuestra hazaña… ¡porque la iban a escuchar!
Sin duda… de no haber subido hoy estaría aquí arrepintiéndome.
[Nota: Sé que hay unos cuantos nocedenses entre los habituales de La Cueva. Les animo a que cuenten alguna anéctdota que hayan vivido subiendo a Gistredo.]
Entry Filed under: Noceda


5 Comments Add your own
1. ohviginia | December 14th, 2006 at 9:54 am
Os voy a regalar un gps estas navidades para que no os volvais a perder….garrulos…menos mal que no os acompañe. Yo fui la mas lista quedandome en la cama durmiendo
2. Juanjo | December 14th, 2006 at 2:46 pm
No estoy deacuerdo con Vigiñas.
Aun mantengo un estupendo dolor de rodillas desde el día en cuestión que me hace recordar la subida desde Pardamaza como la subida del Everest.
3. torganin | December 14th, 2006 at 3:34 pm
je je je, seguro que fue por la niebla-niebla
ó por la neblina de algun tipo especial que duraba de la noche anterior.
saludos
4. LUMY | December 14th, 2006 at 4:55 pm
ESO HAY QUE IR CON PERKINS COMO RODRIGUEZ Y YO UN SABADO ANTES DE SALIR Y QUEDAR MEDIO ATROCAOS Y SALIR A METER LA TRACCION EN ZAPATIN Y CON CHOCOLATE HASTA LAS RODILLAS Y RODRIGUEZ CON UNOS PALINES JAJAJAJA RASKARLA CERDINES KASTORINES Y GORILINES JAJA
5. buach | December 14th, 2006 at 10:31 pm
LUUUIIISSS menuda aventura con Perkins, no sé como salimos de aquella. La verdad es que perderse por nuestras montañas aoojona al principio, pero sabes que tarde o temprano aparece algo o alguien que te guía hasta casa. Con lluvia, con nieve, con niebla (marcial), con toda la solana, con o sin.
Bueno guajes, dentro de unos dias espero pisar de cerca gistreo.
Qué tal van las rodillas? kastor y polux?
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