Essaouira
DÃa 8. Essaouira. 50 km.
El único subtÃtulo que se me ocurre para este dÃa es simplemente… Essaouira
Essaouira, la Perla del Atlántico, la Bella Durmiente, la ciudad blanca que surgió del mar. Se agotan los nombres para describir este remanso de paz urbana. Uno envidia la suerte que tienen los 70.000 pobladores de esta pequeña ciudad, por vivir rodeados de tanta belleza.
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Las paredes blancas semidesconchadas de sus casas le dan un aire añejo, pero no abandonado. La gente hace vida en la calle dándole un aire animado, pero no agobiante. Hay tiempo para pararse y conversar, para mirar sin que tu aspecto de turista atraiga a los moscardones a venderte algo. En las tiendas no te agobiarán y eso para dos pésimos compradores como nosotros es algo fundamental. Pero si hay algo que no cabe en ninguna descripción posible es la vista desde las terrazas de la ciudad. El mar hacia un lado y la nube de cables y antenas sobre los techos blancos hacia el otro. El hotel Cap Sim ya nos permitió disfrutar de las vistas de su terraza. Pero todavÃa Ãbamos a tener la oportunidad de disfrutar de una incluso mejor.
Nos levantamos algo tarde y llegamos al desayuno por los pelos. Y oye… ya que estaba incluÃdo…. qué menos. La chica de recepción nos habÃa dicho que no habÃa habitaciones para el dÃa siguiente, pero que ya nos apañarÃa algo. Essaoiura, por cierto, es uno de los pocos lugares en Marruecos donde hay mujeres trabajando de cara al público.
Esa misma tarde llegaban de nuevo tras nuestra pista los siete magnÃficos que habÃan pasado la noche anterior en Marrakech. Asà que de nuevo tenÃamos que buscar alojamiento para todos. La chica nos habló de unos apartamentos y nos decimos a echarles un vistazo. Llamó a su colega y nos vino a buscar para enseñárnoslos. El tipo hablaba inglés muy bien asà que nos dio incluso para cruzar algunos chistes. Era muy majete. Y aunque con los intermediarios siempre tienes una cierta precaución esperando el momento en el que te va a hacer el regate, con este parecÃa que nos Ãbamos a entender.
El tal “apartment” resultó ser una casa tÃpicamente essaouirense, de dos pisos con su propia terraza a la que sólo nosotros tenÃamos acceso. Estaba decorada con bastante buen gusto, tenÃa camas para todos y la terraza nos dejaba una espectacular vista de la muralla, el mar e incluso el puerto. HabÃa camas para los nueve y unos sofas la mar de cómodos. Nos la enseñó el dueño de la misma, y nuestro guÃa sólo nos invitó a que negociaramos precio nosotros mismos. Como es habitual en estos casos, Sarajayne y Joe cruzamos miradas rápidas y en un ininteligible castellano de barbate dijimos “máximomilquinientosdehachesniunomas“. Tratándo de convencernos a nosotros mismos de regatear, pero seguros de que ibamos a tener que pagar más. Cuando nos pidió 1200 DH por la casa nos quedamos muertos. No estábamos preparados para ello con lo cual nuestro regateo fue patético.
Ofrecimos 1000 y la cosa se quedó en 1100 DH a dividir entre nueve. Vamos, una miseria para ese palacio. Es curioso eso de los precios, pero en Essaoiura hay muchas tiendas donde no se regatea. Si lo intentas te muestran un cartel en el que dice claramente que el precio es el que es. Demasiado estrés para la pacÃfica vida de los essaouireños. Pero no nos egañemos, también hay viles.
Trasladados nuestros enseres a nuestro nuevo domicilio nos lanzamos a las calles de la ciudad. HacÃa un dÃa espléndido. Calorcillo al sol, fresco a la sombra. Soplaba una brisa marina muy agradable, lo justo para patearse las calles. Y a eso nos dedicamos un rato tratando de recordar en qué callejón estaba nuestra casa. Y acto seguido nos lanzamos a las tiendas. HabÃamos dejado el apartado “compras” para una vez que estuviéramos aquà y a ello nos dedicamos.
No hay nada mejor para llevarte todo tipo de recuerdos para ti mismo y tus seres queridos que meterte en una tienda de collares y pulseras. Madre mÃa la cantidad de cosas que te puedes encontrar. En una de ellas, a pie de calle estuvimos durante casi un par de horas comprando mogollón de cosas: collares, pulseras, pendientes,
colgantes… de todo. En todo momento atendidos por Midi, un niño que no llegaba a los diez años. En una ocasión le dijimos que fuera a preguntarle algo a su padre. Muy obediente el chaval asà lo hizo y el padre le dijo que nos dijera que lo que tuvieramos que hablar lo habláramos con él. El chavalÃn era genial y se notaba que habÃa mamado el negocio porque se las sabÃa todas. Al final, después de todas las compras hasta tuvimos que regatar con él. Pero el precio nos pareció tan irrisorio que tampoco habÃa mucho que regatear.
Conocimos su nombre al despedirnos. Yo le pregunté como se llamaba, luego él me preguntó lo mismo. Cuando le dije “Pablo” automáticamente saltó: “Pablo Garssssia”. Se nota que sigue la liga española. Seguro que se sabe todo el palmarés del centrocampista uruguayo.
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Seguimos pateando las calles en busca de nuestras compras. Pasamos por el mercado del pescado, entramos en mil tiendas, nos acercamos a los corderos abiertos en canal y tapados con una sábana que vendÃan en las carnicerÃas… En el mercado no habÃa turistas. Nos encontrábamos en medio de toda la morerÃa como aprendices de piratas en una isla aliada. Era genial.
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Completamos nuestras supercompras con una selección de especias marroquÃes para diferentes platos (Curry, Tagine, comino…), algunas cajas de madera y la camiseta de la selección de fútbol, con la que me tangaron pero bien. Pagué 100 DH por ella y es mas falsa que un euro de hojalata. Unas semanas después, la llevaba puesta en Madrid. Sarajayne y yo habÃamos ido a correr al Retiro. (Cuando Guti me vio con ella me dijo que me iban a moler a palos). Se nos acercó un marroquà y me dijo: “¿Por qué todos los moros se ligan a las chicas más guapas?“. Tras aclararle mi procedencia nacional y explicarle cómo conseguà la camiseta me dijo que si habÃa pagado más de tres euros por ella me habÃan tangao….. en fin…. que al final siempre te tangan. Aunque sea Essaouira.
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En un callejón lateral de una de las calles del mercado nos encontramos con “el pasadizo del tesoro”. El lugar donde los esauireños esconden el oro y la plata. Y fue allà donde conseguimos nuestra parte del botÃn: un brazalete de plata y turquesa, que al enterarse la ciudad de que recientemente Sarajayne habÃa cumplido años decidió entregárselo para que nunca la olvidara.
Y asÃ, recorriendo las tiendas, las calles, hablando con la gente, pasando de los viles, parándonos a mirarlo todo, a tocarlo todo, a sentir el aire marino inundarnos las fosas nasales, se nos fue yendo la mañana, y fue entonces cuando Fátima nos llamó por teléfono para decir que ya estaban aparcando, y que ya era la hora de comer. Dejamos nuestras fructuosas compras en el golfillo tratanto de evitar que el chilabilla nos viera para no pagarle de nuevo y fuimos a su encuentro.
Nos encontramos con todos al lado de la muralla y volvieron las risas comentando los avatares de los últimos dÃas. Los siete magnÃficos realmente tienen superpoderes. Pero en lugar de utilizarlos para salvar al mundo y salvarse de los peligros los utilizan para meterse en lÃos. De nuevo llegaron a “Odisea/Penuria” en Marrakech… qué tios!!
La idea estaba clara. Ãbamos a comer pescado al puerto. Hay una serie de tenderetes en los que te ofrecen el pescado al peso, eches lo que eches a la bandeja. En realidad es más de lo mismo. Le dices al colega lo que quieres y luego negocias. Lo de “pescado al peso” es solo un truco para despistar. Eramos nueve y empezamos a pedir cosas: unas sardinas, gambas a go-go, una lubina entera (peazo de lubinón!!) tres bogavantes y asà hasta que nos pareció suficiente. Entonces llegó la hora de negociar. Eran dos hombres de cierta edad los que llevaban la voz cantante en el puesto. El tÃo empezó a pensarse el precio y todos mirábamos con atención al número que iba a escribir. “Por vosotros… precio bueno….” y escribe en la libreta 1200 DH. Todos al unÃsiono soltamos un tremendo “Aaaaaaaaaaaaaaaaaaala!!!!“. El tÃo ya podÃa haber dicho 400 que hubieramos dicho lo mismo. No sabÃamos si era poco o mucho, pero habÃa que quejarse igualmente. Fátima le dice: “oiga… que nosotros somos de Galicia y allà hay muy buen pescao“. El otro hombrecillo le dice: “bájales, bájales, que son de Galicia“. Yo me quedé pensando cual hubiera sido la reacción del pibe si en vez de Galicia, Fátima hubiese dicho Cuenca. Seguro que la reacción hubiera sido la misma…. si es que como los bogavantes de Cuenca no hay en el mundo….
El caso es que al final la comida se quedó en 800 del ala incluidas las fantas y la ensalada. No saben nada los tÃos… Cuando le bajábamos mucho el precio le daba con los dedos a los bogavantes en los ojos, que al estar todavÃa vivos se removÃan en la bandeja. Al mismo tiempo decÃa “mira fresco, fresco…“. Otro truco para impresionar a los guiris. Nos sentamos en la mesa y al ratÃn llegó el pescado tras su paso por la parrilla. El antes y el después se puede observar en las fotos.
Nos fuimos todos a casa para enseñársela y nos separamos para pasar la tarde cada uno por su lado. De camino a casa observamos una inusitada actividad de los funcionarios del mantenimiento de la ciudad. Por todas partes estaban colgando banderas, pintando las rayas de la carretera, arreglando las farolas… aquà va a pasar algo gordo. Aparte de lavarle la cara a la ciudad la están maquillando que no veas. ¿Vendrá el rey? Quien sabe…
Essaouira es, además de una ciudad preciosa, un paraÃso para los surferos. Alrededor de la ciudad hay montones de playas a donde tabla o vela en mano se van estos tipos a surcar las olas. Hay unas playas inmensas y Sarajayne y yo nos decidimos por una bastante remota. Nos encaramamos al golfillo y nos metimos por esos caminos de Alá. El agua no estaba como para bañarse y además hacÃa demasiado viento, pero el contacto con el mar nos trajo una paz inmensa. Anduvimos varios kilómetros por la arena mientras el ángulo de nuestras sombras iba paulatinamente cambiando a medida que Lorenzo se reunÃa con el horizonte. El sol empezó a ponerse por encima de las nubes ofreciéndonos unos colores maravillosos.
El atardecer nos pillo tumbados en la manta al abrigo de una duna agradeciendole a este pequeño planeta que haya creado rincones tan bonitos. Recogimos nuestras cosas ya de noche, reorganizamos las maletas, hicimos nuestra mochililla para retirarnos a casa y volvimos a Essaoiura.
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Al llegar a casa estaban casi todos allÃ. Nadie tenÃa muchas ganas de salir. Dado el lugar y el ánimo que tenÃamos era un sitio ideal para quedarnos por una noche de tiraos. El plan era hacerse con unas pizzas y zamparlas allà mismo. Sin saber muy bien cómo, aparecieron los productos tÃpicos marroquÃs. Por otra parte aún quedaba más de la mitad de la botella de Havana y un par de botellas de whiskey de Continente que Victor y Tomás intentaron cambiar por las pizzas sin éxito. Hubo que pagarlas. En realidad lo habÃan traÃdo por si habÃa que sobornar a la policÃa en algún momento. Pero no les fueron necesarias.
El cachondeo en aquella sala era mayúsculo, comenzamos a compartir todas las anécdotas y curiosidades que habÃamos vivido durante el viaje. Nueve españoles soltando chorradas en Marruecos puede dar para mucho. Fue una velada genial, y un apalanque total.Ya nadie querÃa subir a la terraza, pero Sarajayne y yo todavÃa querÃamos oÃr las olas antes de ir a dormir, asà que subimos de nuevo.
La luna alumbraba el mar que tenÃamos ante nuestros ojos. La ciudad respiraba tranquila. De repente nos apeteció bailar, y como no habÃa otra música nos conformamos con el ruido del mar. Más allá de la muralla no se observaban galeones enemigos. Por esta noche, los aprendices de pirata podremos descansar.
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SI JOE SI ERES IGULALITO QUE PABLO GARCIA, PERO IGUAL DE TUERCEBOTAS Y DESTERRONADOR JAJA ARASKARLA