El inimaginable frío de diciembre

December 16th, 2005

A volaaaaaaaaar!!!El pasado miércoles, justo despues de llegar a la oficina despues de un laaaaaargo puente, mi jefe me anunciaba así, en frío a las nueve y media de la mañana y con el primer café a medias, que aquel mismo domingo tenía que irme a Toronto. Él mismo se marchaba inmediatamente y todavía iríamos dos más. Una semana para un par de reuniones acerca de cosas de las que no tenía ni idea. Ya tenía los billetes sacados y todo. “Ala chaval… a volaaaaaaar!“.
Menos mal que solo era una semana. Y es que el tiempo aquí es absolutamente infernal.
El viaje más infernal todavía. La escala fue en Newark, Nueva Jersey, lo cual significa pasar por la aduana de los Estates otra vez más. Casi 19 horas desde la calle Ave María hasta el hotel Hilton de Toronto.
Al dia siguiente casi quince horas consecutivas de instalación de software. Non-stop. Cuando me levanté de la silla me crugía la espalda como los doritos. El resto de los días, tres cuartos de lo mismo: comida basura compartida con todos los compis en la sala en que nos metieron (un par de tíos de Nueva York, un chino de Minessota y algún que otro local), miles de horas soluccionando la instalación que los canadienses no eran capaces de sacar adelante y de las reuniones previstas hasta el miércoles no hicimos nada de nada.
De la oficina al hotel y viceversa. En la calle lo mínimo imprescindible: doce grados centígrados bajo cero te mantienen lejos de la tentación de salir a la intemperie. Todo lleno de nieve de hace varios días, si no semanas. La “mierda blanca” como dicen ellos. La verdad es que si que aburre. Y encima está tan dura que no puedes ni hacer bolas con ella.
Toronto desde la 1410 del HiltonEntre medias ha habído un par de cenas bastante interesantes a nivel profesional aunque aburridísimas a nivel personal (la vieja balanza que nunca consigo acabar de equilibrar). Y como no, una noche de pizza y copas a costa de la empresa con el resto de compañeros (unos 20 esta vez). Conclusión: un pedo como Alfredo.
Esta tarde, como las temperaturas han empezado a subir, ya ha dejado de hacer el frío suficiente para que empiece a nevar. Todos se han puesto como locos pensando en lo mal que se iban a poner las carreteras y casi nos han evacuado de la ofi. Así que de vuelta a casa y a currar desde el hotel. Por lo tanto, del Hilton no he conocido ni la sauna, ni la piscina, ni ninguno de esos supuestos lujos. Así que no pretendo dar envidia a nadie.
Uno piensa entonces si merece la pena atravesar un océano para estar metido cinco días en una oficina currando a destajo, haciendo el trabajo de otros, para volver a casa mucho más cansado de lo que se fue.
Pues no sé por qué pero sí… mola que te cagas.
Se aprenden muchas cosas por el camino. Y hay que ver la cantidad de cosas que aprende uno en esta vida…

Entry Filed under: Cronicas de viaje

1 Comment Add your own

  • 1. raquel  |  December 19th, 2005 at 7:11 pm

    Bueno, a mí también me ha pasado eso alguna vez: no lo de estar 5 días en un hotel soluciando los problemas que alguien dejó sin arreglar, pero llegar un día por la tarde, después de comer y que te diga tu jefe: “te tienes que ir ahora mismo a Bruselas” (también pleno invierno, qué casualidad). Y todo porque el garrulo de un compañero de trabajo se quedó dormido y no llegó a tiempo para hacer su trabajito, y se lo tuve que enmendar yo.
    En fin, que mola mucho viajar por trabajo.

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