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Dia 11 . Algún lugar de Jaén – Madrid. 375 Km.
Siempre nos quedará Madrid

Ya llevamos unas semanas
de primavera, de tardes soleadas.
En el bosque de las manzanas
vive Palo Cantamañanas.

Madrid

El último día de este viaje no tiene demasiado misterio. El único objetivo era llegar a casa sobre la hora de comer, nada demasiado emocionante. Madrugamos en el hostal y bajamos a desayunar. El bar estaba repleto de madrileños que, como nosotros, acababan sus vacaciones. Había un jaleo tremendo, pero sin nada de glamour. Volvíamos a ser conscientes de lo voceras que somos los españoles.

Pagamos y salimos pitando de allí. Nos tocaba atravesar Despeñaperros y las rectas de Valdepeñas. La carretera estaba custodiada por miles de guardiaciviles gestionando la operación retorno. No era para tanto. Tras varias aburridas horas de conducción nos íbamos acercando a Madrid. Se nota por la densidad de coches que vemos alrededor. Todavía nos quedaban algunos víveres de los que compramos en Tánger el día anterior, así que pensamos en ir a comer al parque Tierno Galván, al lado del Planetario.

Pasando la M-40 los cuatro carriles de la A-4 iban a tope de coches. Al ver todos aquellos coches en fila, circulando a la misma velocidad y sin tocarse, sabiendo cada conductor interpretar los gestos de todos los coches que le rodean de tal forma que nadie llegue a tocarse, pensé en cuantos siglos de civilización son necesarios para desarrollar una maravilla semejante. ¡Cuanta educación vial y humana en general es necesaria para que todo este sistema funcione! ¡Y funciona! A Marruecos aún le quedan muchos años para llegar a algo así. En el camino nosotros nos hemos dejado mucha sensibilidad, mucha solidaridad y mucha belleza… pero también hemos encontrado muchas cosas buenas.

Llegamos al parque y tendimos la manta amarilla en la hierba por ultima vez. Nos pusimos con los bocatas… uff… esto ya no es lo mismo. Cuando teníamos preparado el picnic se pone a llover y tenemos que levantar el campamento y dar cuenta de los bocadillos dentro del golfillo. Nuestro inseparable compañero de viaje. Tanto dentro como fuera estaba totalmente lleno de mierda: arena del desierto, barro del aparcamiento de Fez, polvo de todas las carreteras, salitre de Essaouira y ahora los restos de la lluvia ácida de Madrid.

Se acabó el viaje

Ha sido un viaje maravilloso. En la última hoja del cuaderno de notas me encuentro con una página que Sarajayne escribió mientras cruzábamos el estrecho: “Cosas que hacer en el próximo viaje a Marruecos”. Entre ellas aparecía Marrakech, algún pico del Atlas, las cataratas de Ouzoud y probar un tagine de carretera (ella no lo sabe todavía… pero en realidad NO quiere probarlo). En fin… faltan muchas otras y habrá ocasión de disfrutarlas, porque viajes como este, va a haber más, no lo duden.

¿Cuantas veces te pasas cantidades ingentes de tu tiempo buscando algo por todas partes y luego resulta que lo tenías al lado? Esa es la sensación que te deja Marruecos una y otra vez. Un país maravilloso que visitar, que está ahí al lado y que nos parece tan remoto y desconocido. Un lugar que se encuentra tan cerca y que te puede llevar tan lejos.

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Algunos datos resumen para quien le apetezca hacer un viaje similar.

Recorrimos 3704 kilómetros en 11 etapas, aunque algún día el coche no se movió. Te cuenten lo que te cuenten sobre las carreteras en Marruecos, hay carreteras en El Bierzo que están mucho peor que aquellas. Llevar tu propio coche es seguro. Simplemente asegúrate de llevar la “carta verde” del seguro porque si te paran es obligatorio tenerla.
El viaje nos costó 700 euros a cada uno.
De los 1400 nos gastamos unos 500 en transportes (gasolina + barcos) y unos 330 euros en alojamientos (aquí hubiéramos podido ahorrar mucho si hubiéramos mirado las cosas con más tiempo). 40 euros fueron a parar a las manos de la policía por diversos caminos. Unos 30 euros fueron entregados a chilabillas diversos. El resto de gastos entre la comida (sólo un par de veces algo lujosa), algunas compras y el dinero de bolsillo.
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Y como toda gesta ha de tener su himno, aquí os dejamos el nuestro. El éxito principal de la banda sonora de este viaje. La canción que recorrió valles, montañas, mares, desiertos y estrechos. La que inauguró la crónica antes incluso de que empezara a escribirse. Ahora que va a empezar el verano os presentamos el hit parade de esta primavera.

El bosque de Palo.

Por un río de agua clara
baja Palo Cantamañanas.
Va buscando una manzana
“pa” morderla y volverse majara.
Y una encuentra y el diente le clava;
sale “flechao”, no sabe a donde nada.
Va más feliz que todas las cosas;
está tan “volao”, que nada le importa.

Ya llevamos unas semanas
de primavera, de tardes soleadas.
En el bosque de las manzanas
vive Palo Cantamañanas.

En una balsa de agua calmada
liga una trucha hermosa y plateada.
El que la ve coge su guitarra;
suelta un soneto, “pa” ver si la engancha.
“¡Ay!, pescadilla de marrones ojillos
ve con “cuidao” que hoy vengo salido;
que es primavera y tu estas tan rica;
coje tus cosas, vamos río arriba”.

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