Cosas que siempre esperan en Noceda
October 18th, 2006
![]() |
El pasado viernes por la tarde me subí a un avión en el aeropuerto de Dublín con destino a Madrid y no tardé en quedarme dormido porque los días anteriores no había dormido casi nada. Cuando me desperté y subí la contraventana empezábamos a sobrevolar la Península Ibérica. Me encontré con la maravillosa estampa de la desembocadura del Bidasoa, con la playa de Hendaya a un lado e Irún y Fuenterrabía al otro, y más allá las primeras estribaciones de los Pirineos. Cuarenta minutos después llegaría a Barajas donde mi gran amigo Buach me estaba esperando para salir pitando camino de la Sierra de Gistredo. Sin embargo en ese momento había un montón de cosas que yo ignoraba.
En agosto pasado, el Doctor Alvarakez me contó que en otoño pasaría un par de meses trabajando en un hospital de Madrid, pero yo no recordaba las fechas. Ignoraba que el viernes pasado ya llevaba dos semanas en la capital.
El último contacto que tuve con Xelu fueron los sms de felicitación de cumpleaños que nos cruzamos en setiembre, con apenas 5 días de diferencia. Ignoraba que llevaba un brazo escayolado y que le quedan menos de tres semanas en Madrid porque se va a trabajar a Ponferrada.
Unas horas antes había llamado a Juanjo, que se suponía que estaba en Noceda desde el martes para felicitarle su 28 cumpleaños. El “apagado o fuera de cobertura” de su Vodafone me hizo afianzarme en mi sospecha, ya que en Noceda no tiene cobertura el operador de color rojo. Ignoraba que en aquel momento estaba durmiendo en mi casa de Lavapiés la cogorza de la noche anterior, con Conrad al otro lado de la cama y Buach en el sofá haciendo lo propio.
En Madrid estaban pasando muchas cosas y yo no me estaba enterando de nada. Por eso cuando estaba esperando la maleta y llamé a Buaaaaaaaach para ver si estaba en posición para recogerme, me hizo dos preguntas y una afirmación que me dejaron boquiabierto. La afirmación era que estaba esperándome en el coche con Brakez. Las preguntas, que si estaba ya con Juanjo y con Xelu, y que cómo de grande era mi maleta. La conclusión inmediata era que los cinco teníamos que recorrer en Il Fenómeno los 378 kilómetros que separan Madrid de Noceda. Para que os hagáis una idea, Xelu es el más pequeño de los cinco. Mide unos 185 centímetros y debe pesar más de 90 kilos en canal. Il Fenómeno es un Seat León de línea deportiva. Bastante lejos de ser un monovolumen familiar.
El encuentro en la T4 fue cojonudo. Mi sorpresa fue mayúscula y mis temores confirmados. Teníamos que ir los cinco en el coche acompañados de todas las maletas, unas cajas de uvas, un balón que tenía Buach en el maletero (y con el que aprovechamos para dar unas patadinas antes de subirnos). No había tiempo que perder. Había que llegar a casa a cenar.
No paramos de hablar y de descojonarnos en todo el viaje. La primera parte la utilizamos en ir poniéndonos al día sobre los últimos acontecimientos de nuestras vidas. Poco a poco me fueron sacando de mi ignorancia, explicándome el alineamiento de planetas que había sucedido para vernos los cinco dentro de aquel coche. Los que íbamos atrás ensayábamos cambios de postura de nuestros espinazos cuando el dolor de rabadilla se hacía insoportable.
Hicimos un stop-and-go a la altura de Tordesillas, momento en el que Xelu aprovechó para comprar dos bocatas que zampamos en vida al lado del coche. Tortilla y jamón serrano que pasaban de mano en mano. A la segunda vuelta ya sólo quedaba el currusco del pan. Unas galletas de chocolate y un trago de Fanta naranja y a correr. En la conversación no se podía meter una palabra ni de canto. Cuando a alguien se le ocurrió que había que llamar a casa para decir a qué hora llegábamos, cuatro de nosotros cogimos el teléfono a la vez y hasta esas conversaciones se cruzaban.
La entrada triunfal por la avenida de Los Campos se produjo a eso de las 23h. Nos citamos más tarde en el bar de Toño. Dejamos a Xelu en San Isidro y yo me despedí del resto en la calle La Parada.
Por primera vez en dos meses volvía a cenar con toda mi familia. Olguita tenía un caldo que estaba para chuparse los dedos. Y una empanada que pa que te voy a contar. Ni que decir tiene que me puse como el tenazas. Luego nos quedamos hablando hasta las mil y yo ya veía que no iba a encontrar la manera de salir de casa. Cuando me iba a acostar vi un mensaje de Buach que me decía que estaban en Tono´s, así que saqué fuerzas de flaqueza y me acerqué. Ya estaban saliendo así que nos hicimos con un buen surtido de pipas y nos fuimos a pasear por el pueblo. Llegamos a casa a las 3.30h de la mañana. Las estrellas empiezan a brillar de verdad cuando va llegando el invierno, pero todavía no hacía tanto frío como para no permitirte levantar la cabeza para mirarlas. Fue maravilloso.
El motivo principal de mi viaje a Noceda fue la reunión que tuvo lugar en Colinas del Campo de Martín Moro Toledano el sábado a la hora de comer. En el restaurante “La Cantina” nos reunimos al calor del buen vino y una comida exquisita una serie de personas para charlar sobre un proyecto que tenemos entre manos.
El caso es que estuvimos allí media tarde, entre la comida los cafés, los chupitos y los puros. Sentados en la terraza al lado del río, oyendo como el agua choca con las piedras y hablando de nuestras cosas… pura poesía!!!
Al acabar nos dirigimos a Quintana donde ya nos habían invitado a comer roscón y a beber vino. Saliendo de Colinas nos habíamos encontrado a Lumy y a Sheila que habían venido a vernos y también se unieron a la fiesta. Aquello era un no parar de casa en casa, siendo agasajados allá donde íbamos. Si hay algo que no tiene parangón entre la gente del Bierzo es su hospitalidad. Si alguien lo duda, le desafío a que lo pruebe.
La arrancadera de la tarde la tomamos de vuelta al bar de Toño citándonos para la partida de la noche, en la que tuve la fortuna de enfrentarme de nuevo a la terrible pareja Buach-Lumy, a los que cada vez me divierte más ganar. Sentado enfrente tenía a Jesús, que es un seguro de vida cuando tiene buenas cartas porque no arriesga una ni de coña. En honor a la verdad hay que decir que perdieron con orgullo porque tuvieron muy malos juegos, pero aún así consiguieron mangar ocho manos, lo cual supera su media de seis por partida.
Rodaban las cervezas y los cubalibres por la mesa tras los golpes de petes, arrastres, “uaahhaaahhhaa” y “agacha el rachoncín”. Como Lumy también tiene la mano escayolada no puede petar en condiciones. Creo que eso le minó la moral. Bueno, eso y que Buach no paraba de pisarle las subastas: “Una de dos, o paso o te tiro las cartas al morro”.
Sin embargo fue el menda lerenda el que protagonizó el mango más estrepitoso de la noche. Soy postre y me dan un ocho. El ocho de oros, nada menos (tengo un ocho, Joe…. Tengo un ocho!!!!), además de un tres de baraja, un tres pelao y una sota. Lumy es mano y marca un tres, ochenta y una. Jesús dice que le lleva el as, noventa y una. Buach pasa. Si Jesús le lleva el tres del as significa que lleva tres ases y con eso y mi ocho se pueden hacer 170. No lo dudo ni un instante. Son de poner. 170, triunfo oros. Luis sale de espadas, mi tres de baraja. Jesús juega el as, Buach no falla y yo cargo el tres y peto porque tengo el rey. Jesús vuelve de espadas. Mierda, no tiene triunfo. Buach sube con el seis. Yo tengo el siete y el rey. Qué hago??? Si le doy el rey y Lumy falla se salen. Si le doy el siete y tiene la sota me hace la baza y se salen…… ahhhhhh!! Me la juego a que no tenga triunfo porque tengo cinco yo. Juego el rey. Lumy falla con el siete de oros y hace los cuatro tantos del rey. Suficiente para mangar. Apuntó para ellos. Aún así les toco pagar.
En la mesa de al lado, Brakez, Cuellar, Xelu, Sheila y Juanjo jugaban al chinchón. Y cuando nosotros nos levantamos de la mesa ocurrió un hecho que no tiene precedente en la historia de los gorilas: Lumy tuvo que esperar a que Sheila terminara de jugar la partida. Si no lo veo no lo creo. Bueno, así nos da tiempo a tomar otra. Salimos camino de Bembibre a eso de las 2.30h. Mari ya tenía ganas de empezar a barrer.
En Bembibre más de lo mismo. La verdad es que la mayoría de los antros me parecen un infierno. Pero la gente que te encuentras es cojonuda, la verdad. Empezamos en La Reserva chupando unas cervezas de tranqui. Nos echábamos de menos y se notaba que queríamos hablar. Además ahí ponen muy buena música aunque es un bar que está fuera de nuestro circuito habitual, solemos ir con “La Juventud” ya que es su bar de referencia en Bembibre.
En el Collins me encontré con las siempre geniales y maravillosas hermanas García Álvarez. Aunque con Dinusqi no pude hablar mucho, con Eva estuve hablando un rato de la hostia y me da que esa conversación no ha terminado todavía: Que sepas, amiga, que me acuerdo de todo lo que dije y que lo ratifico punto por punto. Por supuesto, Vero y Nuri no andaban muy lejos. Luego estaban los fijos: Mingui, Cachorrín acompañados de sus respectivas, Nogaledo y mis paisanos de Villar, Matilla y Bipo, Ross, en fin… la gente menuda de Noceda que aunque pasen mil años nos seguimos encontrando en los mismos bares. La primera pregunta que me hacen todos cuando me ven es “¿dónde estás ahora?”. Antes me sorprendia, pero ahora ya tengo preparada la respuesta antes de que me hagan la pregunta. Dependiendo de las ganas que tenga de dar explicaciones digo la verdad o no.
La noche se pasó volando y cuando quise darme cuenta estábamos en El Mejillón ronchando unos bocatas. Ufff…. A mi no me entraba ni una miga de pan en el estómago así que pasé. Bueno, pasar pasar…. Algún mordisco sí que le di a alguno.
La mañana del domingo, como se imaginarán, en la cama. La rutina de estos fines de semana fugaces. Cocido de Olguita (hay que ver mamá… es que en la cocina no hay una cosa que hagas mal!!) que viene fenomenal para hacerle de fondo al estómago. Luego la maleta (que ya casi nunca deshago completamente), el cafetín, esta vez sin partida, y la despedida en La Parada. Esta vez si que fue un momento triste de verdad. Allí estaban Ana y Marcos, Lucas, Antonina, Cuellar, Olguita y los vecinos que pasaban de un lado para otro. Y por supuesto los cinco osobucos que nos teníamos que volver a meter en Il Fenómeno. Que pena da siempre despedirse de Noceda. Aunque sea en un viaje como este en el que casi no te ha dado tiempo ni a llegar.
Este verano me decía Buach mientras caminábamos por La Parra: ¿Te imaginas si viviéramos aquí? Llegar de currar y echar la pequeñina, “uahhhaaahhaaa”. Joder… ¡sería la hostia! Algún día, amigo mío, algún día…
Salimos de nuevo camino de la A-6. El atasco fue monumental. Ya en Tordesillas estábamos parados. Tuvimos que hacer más de una parada técnica para que no se le acumulara el trabajo a los riñones y para que los de atrás pudiéramos cambiar el lado dolorido de nuestro cuerpo. Tardamos como seis horas en llegar a Madrid. Un horror. Eso sí, tuvimos tiempo de hablar de lo divino y de lo humano. Y por supuesto de soltar una sarta de gilipolleces que no está en los escritos.
Después de dejar a Xelu en Carabanchel teníamos que pasar por Lavapiés a coger unas cosas que Juanjo había dejado en casa. Para cualquier viajero hambriento, pasar por la calle Ave María significa parar en el Kurdistan a zampar un kebap en vida. Eso si que fue zampar. Desde que el kurdo dejó los platos en la mesa no se oyó esta boca es mía. Diez minutos después allí no quedaban ni las farraspas.
Brakez se fue al metro y Juanjo y Andy hacia Alicante. Aún les quedaban unas horitas. Buen viaje compañeros. Y como siempre… ¡hasta la próxima gosadera!
Yo aún tuve que sacar a Alberto de la cama para recoger de su casa unos trajes que Cris me había llevado a la tintorería. Si los amigos me empiezan a cobrar de golpe todos los favores que me están haciendo en los últimos meses me quedo en números rojos. Al menos así pude ver a Alber, ya que parte del resto del equipo de Lava, se había desplazado a Vigo este fin de semana. La verdad es que también los echo mogollón de menos. Me consta que ellos a mí también.
Todavía me quedaba la parte más dura. Era la una de la madrugada cuando llegué a casa y aún tenía que planchar la ropa y hacer la maleta para las próximas tres semanas. Y no podía ni abrir los ojos. Me acosté a las 3.30h y me levanté a las 6.30h.
Me subí al avión medio zombi y me quedé dormido antes de que despegara. Cuando me desperté ya estábamos en Dublín. Cogí un taxi y me fui a currar.
Han pasado ya dos días y todavía no se me van de la retina algunas de las maravillosas imágenes que han tenido la suerte de ver estos ojitos. Mi cuerpo tampoco se ha recuperado del todo del tute que me he metido. Ha sido CO-JO-NU-DO.
P.D. Lo siento pero entre todas las cosas citadas me ha sido imposible hacer fotos. Si alguien las tiene y me las pasa las pongo.
[Actualizacion] El doctor Alvarakez ya ha colaborado con alguna foto.
Entry Filed under: Cronicas de viaje



3 Comments Add your own
1. brakez | October 18th, 2006 at 5:59 pm
joder tío, acabo de mandarte un mail con las fotos y despues me he puesto a leer la crónica de viaje. en una palabra IMPRESIONANTE. bueno, lo dicho, cuidate y espero qe nos veamos pronto.
2. Cachorrin | October 18th, 2006 at 9:37 pm
Eso si q es relatar un fin de semana con pelos y señales.Nos vemos en Gerona dentro de 8 dias maquina.Cuidate en las campiñas irlandesas!!!
3. Guillermo | October 18th, 2006 at 10:50 pm
Hm.. noceda… conozco un par de chicas de allí. Una se llama Jesica, de 22 años… bajita y delgada; y otra mayor, de 27 o así que se llama Bea, también bajita.
Saludos!
Leave a Comment
Some HTML allowed:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>
Trackback this post | Subscribe to the comments via RSS Feed