La Odisea
La Odisea, es la narración del viaje de Odiseo (Ulises en latín), desde que salió de su casa, pasando por su lucha en la guerra de Troya y su vuelta a la isla de Ítaca.
Lo que mi gran amigo Andy (Buach para muchos de nosotros) y yo vivimos el pasado 23 de diciembre no puede asemejarse a las aventuras del héroe homérico, pero si volviera a vivir en el siglo XXI seguro que le tocaría vivir desafíos como el nuestro.
Volvemos a casa por Navidad
La semana del 18 al 23 de diciembre me pasó absolutamente de todo. Me robaron la cartera en el metro justo después de haber sacado 200 euros. El mismo día que llegué de Toronto me fui a Alicante a celebrar el cumpleaños de Juan, me tocó la cesta de navidad de la panadería de Kasmi, me corrí una juerga de puta madre con los compis de trabajo la misma tarde que veía como el banco me cerraba la puerta en las narices
cuando iba a recoger mis recuperdadas tarjetas de crédito. Para colmo, perdí el billete que había sacado para Miranda de Ebro con la intención de recoger mi nuevo y flamante Volswagen Golf. Pi me llamaba el jueves para decirme que no había podido matricular el coche y que hasta el martes o el miércoles no me lo podían llevar a Noceda, por lo que tuve que llamar a Andy para que, a su paso por Madrid, me recogiera y me llevará hasta el pueblín.
A las 19h se presentaba como un clavo en la plaza de Antón Martín con el BMW 320 turbodiesel que su compi de piso, Juanjo, le había prestado para el viaje. Yo estaba tomando un café con Cristina cuando me llamó por lo que nos acercamos todos a mi casa para cargar mi equipaje. A la puerta de mi casa nos encontramos a Alber. 15 días después de haber comido arroz caldoso en la isla de Tabarca nos encontrábamos los cuatros en el barrio Lavapiés, sólo faltos de Juanjo.
Cargamos los miles de millones de maletas que llevábamos, dos cajas con la última edición de La Curuja, ropa colgada de los percheros, la cesta de navidad del trabajo de Buach, la que me tocó a mí en la panadería de Kasmi, las botas de montaña para subir a Catoute, los dos portátiles, una bolsa con naranjas de Alicante que nos dio la madre de Juanjo… en fin, que íbamos a Noceda como los gitanos con el BMW.
Salimos por la M-30 y nos encontramos con el atasco, como de costumbre a la altura de Las Rozas. Desde allí seguimos a paso mosca hasta que vemos que se enciende en el cuadro el piloto del agua y vemos salir una especie de humillo del motor que no augura nada bueno.
Nos hacemos al arcén y tras diez minutos de forcejeo debajo del asiento conseguimos levantar el capó. Sale un humo que te cagas. Andy dice que la semana pasada ya hubo problemas en el coche y que que Pi, mecánico oficial de BMW le echó agua al motor, pero que el no se fijó dónde. Llamamos a Pi y tiene el teléfono apagado. Su socio Sergio no coge el teléfono, tratamos de localizarles por via indirecta llamando a Asier, al Chiri, etcétera. Nada. Con Tesi parece que hay algo de suerte. Conoce a alguien que tiene un BMW y le puede preguntar por donde coño se le echa el agua. Esperamos.
Recibimos una llamada: Es Uli, que ya está en Noceda y que pregunta que qué vamos a hacer por la noche. Nosotros dos horas en un atascazo de campeonato con el coche en estado crítico y Uli pensando en la juerga. No le contamos nuestra situación para no preocuparle. Llamaremos más tarde.
A todas estas, no tenemos chalecos y si viene la Guardia Civil nos va a meter un puro de flipar. Llama Tesi y nos indica claramente por donde bebe esta infernal máquina. Arrancamos y se apaga el piloto de alarma: ¡¡ BIEN !! Todo empieza a rodar.
Al cabo de un minuto llama Pi. Le expliamos lo ocurrido y nos dice que no vayamos muy rápido (según el eso significa no pasar de 150) y que no hay problema mientras no se caliente el motor. También llama Juanjo y no le contamos nada de lo ocurrido por si acaso. Que no se preocupe, que tiene una larga noche de trabajo.
Pasamos el túnel del Guadarrama y cuatro o cinco kilómetros después se vuelve a encender la puta luz. Llamamos a Pi de nuevo. Está mas nervisoso que el copón, pero insiste en preguntar por la aguja de la temperatura. Acaba de hacer la pregunta y la aguja se empieza a mover peligrosamente. Nos hacemos a un lado. Estamos tiraos.
Tirados
Ya no hay solucción. El coche no se va a mover de aquí. Andy sale corriendo para buscar el punto kilométrico donde nos encontramos. Elige mal la dirección y tiene que recorrer 800 metros en lugar de 200. Hay 6 grados bajo cero en el exterior y vuelve congelado. Le abrazo para que entre en calor. La situación es desesperante. Pienso que si estuviera yo solo ya me habría acordado de todo el santoral, pero estamos juntos y es lo que importa.
Llamamos al seguro y nos mandan a la grúa. Estamos en un tramo de unos 40 kilómetros en el que no hay ningún pueblo y ninguna gasolinera. Estamos entre dos peajes y los dos nos quedan a tomar por culo. Llamamos a casa para avisar de que no nos esperen para cenar. Xelu nos llama para preguntar que por donde vamos a salir de copas. Le damos largas para no traumatizarle con nuestro drama. Llega la grúa.
El gruísta llama al seguro y nos ofrecen un hotel y un coche por 24 horas al día siguiente. Barajamos opciones: volver a Madrid, hacer noche por allí… ninguna nos sirve. Nuestra única opción es cumplir con nuestro objetivo: tenemos que dormir en casa esta noche. Con toda nuestra chulería intentamos consegui un coche esa misma noche para llegar a casa. Nos dice que es imposible. Rechazamos el hotel y le decimos al señor Allianz que no necesitamos sus servicios.
Hay que ser cabezón
Unos meses atrás, Andy y yo estábamos jugando a las damas a las dos de la mañana en el porche de una cabaña de madera de un rancho de Montana. Al recoger la fichas una de ellas se coló por entre dos tablas y cayó a los cimientos de la cabaña. Era nuestra última noche allí y no queríamos dejar a nuestros anfitriones un tablero de damas con una ficha menos. Así que ideamos todo tipo de estratégias para sacarla. Algunas eran bastante descabelladas, pero una resultó la ganadora. Mientras Buach alumbraba con la luz del móvil entre las tablas, yo metía una escoba por debajo e iba acercando la ficha hacia mí. Nos costó casi 20 minutos de tanteo pero lo conseguimos. Al final dijimos: “Esa ficha no podía quedar ahí”
Esa fue la misma cabezonería que nos hizo rechazar el hotel. Esa noche había que estar en Noceda y punto. Llamamos a Xelu y le proponemos una juerga alternativa. Consiste en coger el coche y, desandando el camino que ha hecho esa misma tarde, volver camino de Madrid hasta la localidad de Sanchidrián, provincia de Ávila, donde la grúa va a dejarnos. Su primera reacción: “Sanchidrián, Sanchidrián…. ¡¡¡hijos de puta, vosotros estáis todavía en Madrid!!!“. Aún así lo convencemos. Va a buscar a Uli y salen a buscarnos.
En el pueblo de Sanchidrián encontramos el bar y nos pedimos unos gintonics para aliviar la tensión. Si alguna vez os quedáis tirados en la AP-6 visitad el bar Ramsés. Allí está Alicia, un encanto de mujer, que nos permitió dejar las cosas en su almacén mientras esperábamos trasegando unos gintonics para aliviar la tensión. Xelu vuelve a llamar. Dice que nos acerquemos aunque sea a Tordesillas. En el bar encontramos a Adela, que es la taxista de la zona y nos dice que si hubiésemos cogido el hotel habría sido ella a quién el seguro hubiese llamado para llevarnos al mismo. Tiene un monovolumen así que no hay problema de espacio para nuestro liviano equipaje. Su amiga Bego, residente en el barrio de La Pili (Madrid) la acompañará, ya que son nada más y nada menos que 85km. Nos tomamos una copa con ellas en el bar y Alicia nos pregunta que a dónde vamos. A Noceda del Bierzo. “Qué lástima -dice ella- hace 20 minutos que mi tío ha salido para Ponferrada”. Joder!!! Qué putada!!! Nos podríamos haber ido con él. Bueno, qué se le va a hacer. Andy aprovecha para preguntarle que si va por Ponferrada por qué garitos suele salir. No hay suerte. No va muy a menudo.
Taxi para Tordesillas
Adela se come los kilómetros con el Renault Space mientras hablamos de mil historias. Nos reímos. Parece mentira que nos hayamos quedado tirados esta noche. Pensamos en que a Xelu hay que ponerle un pedestal después de la paliza que se va a meter esta noche. Encima nos dice que estaba de resaca y que anoche casi ni durmió. Nos contamos brevemente las vidas y Adela nos cuenta historias que le pasan con el taxi. Casi siempre lleva a gente que ha tenido problemas en la carretera. Cuando no tiene que llevar a prostitutas rumanas a su lugar de trabajo, gente que ha tenido accidentes, en fin… que anécdotas tiene un montón. Nos cuenta que una noche que iba a cenar en Arévalo y que tamibén estaba con Bego le salió un servicio para Béjar y allí acabaron las dos de juerga. Historias de la carretera, digo yo. Bego trabaja en una clínica en Madrid y también tiene un montón de historias que contar. Nosotros nos sumamos, por supuesto con todo lo que nos acontece durante esos días. Que mira que son cosas.
En Tordesillas llegamos a la estación de autobuses y añadimos un par de gintonics al cuerpo. ¿no iba a ser esto una juerga alternativa? La chica dominicana que atiende la cafetería no sabe lo que es un gintonic. Tampoco un menta-poleo. Gracias a dios sí sabe lo que es un descafeinado. Uno de tres. No está mal. Aparece su patrón y resuelve el entuerto saciando nuestra sed. Adela nos invita a éstas. En la calle hace un frío de pelotas pero parece que tienen ganas de cerrar. Son casi las dos de la mañana. Llamamos a Xelu y Travi, están a punto de llegar así que nos despedimos de Adela y Bego deseando encontrarnos en algún futuro próximo. Yo siempre había querido parar en Sanchidrián. Es por una canción de Los Enemigos que se titula como el pueblo. Me gustaba y me parece curioso pasar siempre tan cerca y nunca parar. No guardo un mal recuerdo de la experiencia.
Descargamos las miles de maletas en el suelo. Llega un carpanta con dos mochilas y nos pregunta si vamos a coger el bus para Madrid. Le decimos que no. Se queda a nuestro lado. Cierran el bar. Hace un frío de pelotas.
Salvación
Detrás del bar salen dos tíos un poco raros. Uno de ellos lleva una braga en la cabeza y canta algo similar a la canción de U2 “All because of you“. Son Xelu y Uli!!!. Han llegado!!! Estamos salvados!!!. Xelu nos pregunta si todas esas maletas son nuestras. Andy le dice que las dos mochilas pequeñas son del carpanta que nos acompaña. Le va a dar un síncope. Pobre Xelu en la que le hemos metido.
Cargamos a presión todos los bultos. Uli tiene que ir con la cesta de navidad encima. Tranquilizamos a Xelu diciéndole que será el primero en catar el jamón de la cesta el día que la vayamos a degustar. No le tranquiliza mucho en ese momento, que digamos, pero bueno.
Ellos nos cuentan que saliendo de Bembibre los pararon en un control antiterrorista, con metralletas y todo, pero que el Guardia Civil que les iba a registrar el coche era amigo de Uli, así que no hubo registro.
Esta noche pasa de todo.
Tiramos millas, y salvo una breve parada para mear y repostar llegamos rápidamente a Bembibre. Bajamos del coche y nos abrazamos como si hubiésemos llegado a la luna. ¡¡¡Lo hemos conseguido!!! Así que vamos al Collins a celebrarlo con una copas. Allí nos encontramos a un montón de gente de Noceda y les contamos nuestra hazaña. Nos miran un poco raro. La sensación general es que estamos un poco locos… en fin… debe ser verdad.

Home, home… is where i wanted to go
A esas alturas de la noche una copa fue suficiente para tumbarnos, así que decidimos irnos a Noceda. Uli tenía su coche en Bembibre así que este viaje ya fue más fácil. A la entrada de Noceda, el ordenador del buga de Xelu marcaba 12 grados bajo cero. Qué frío!! Es la segunda noche más fría que recuerdo en mi pueblo. Descargamos mis cosas en mi casa y Andy sigue hasta la suya. Lo hemos logrado.
Esa ficha no podía quedar ahí.
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P.D. El día uno de enero Andy aún no había recuperado el BMW de Juanjo, pero yo ya había conseguido mi Golfillo. Así que acompañados de Xava nos dirigimos a Madrid donde ellos cogerían un coche de alquiler para seguir a Valencia y Alicante. Lo único que había abierto era el aeropuerto hasta las 12 de la noche. Teníamos intención de parar en Sanchidrián para ver si podíamos tomar un café con Alicia, Bego y Adela, así que llamamos para retrasar la reserva del coche y nos informan de que por ser año nuevo cierran a las 21h. Sólo nos queda una hora y media y aún estamos a casi 100 km de Madrid. En ese momento Xelu, también camino de Madrid nos llama y le contamos la historia: “A vosotros os gustan los retos -dice- “. Tuvimos que volar para llegar al aeropuerto a tiempo. Quedaban 5 minutos para la hora cuando Xava y Andy se bajaron del coche casi en marcha para buscar el stand de Hertz dentro del aeropuerto.
Mientras estoy aparcando recibo una llamada de Xava: “Misión cumplida”.
Llevamos a Xava a la estación de Auto-Res que está al lado de casa de Xelu. Le llamamos para comunicarle la noticia del éxito en nuestro reto y nos dice que ya está en casa. Baja y justo al encontrarnos los cuatro le llama Uli. Los cuatro nos damos un enorme abrazo, gritando como auténticos osobucos en medio de la glorieta de Conde de Casal. Al otro lado de la línea. Uli alucinando.
Nos tomamos una caña y nos comemos unas raciones de patatas y chorizo.
Nos separamos cada uno por su lado. Han sido unas vacaciones cojonudas.
FELIZ AÑO NUEVO
5 comments January 3rd, 2006

