Posts filed under 'Cronicas de viaje'
Entre los días 30 de marzo y 9 de abril de 2007 tuve la grandísima fortuna de disfrutar de un viaje por Marruecos, nuestro país vecino, tan cercano como olvidado y desconocido. Es mi segundo viaje a Marruecos y seguro que no va a ser el último.
Esta vez, tuve además la inmensa suerte de compartir la experiencia con Sarajayne, una compañera de viaje sin igual. Desde que ha aparecido en mi vida cada día es una verdadera aventura, pero los diez días y 3704 km que recorrimos desde la Torre Picasso hasta el parque del Planetario no tienen comparación posible.
Durante las largas horas que duraron algunos de los viajes en el Golfillo quien hacía de copiloto iba tomando notas de los avatares del día. De esas notas vendrán estas crónicas que escribiremos entre los dos. Las publicaremos por entregas, y en cada una narraremos uno de los días del viaje, que como podrán ver… dan para mucho. Espero que las disfruten.
NOTA: Gracias a Lumy por guardar la puerta de Cueva en esta breve ausencia del eremita. (El miedo guarda la viña, Luiiiiiiiiiiiiiiiiiis).
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ANTECEDENTES.
Los dos habíamos estado ya en Marruecos anteriormente y a veces hablábamos del país. La idea de volver sobrevolaba nuestras voluntades. Pero por algún extraño motivo que desconocemos una serie de astros comenzaron a alinearse haciendo más que probable un viaje al sur del Estrecho en Semana Santa. Hay quien llama a estos hechos casualidades, pero quizá sólo es una cuestión semántica.
El caso es que una vez decidido el viaje comenzamos a planear el itinerario. El objetivo principal parecía ser acometer el desierto. Un tour por el Atlas también hubiera estado bien, pero requería de más planificación, pues hay que contratar guías. Dimos por hecho que haríamos el viaje en coche y el Golfillo servía perfectamente para tal propósito. También apetecía playa, pero sobre todo la carretera, el viaje en si mismo.
Recopilamos información de todos los marruecólogos conocidos. En este punto tenemos mucho que agradecer a Manuel Cuenya, gran amante del país, por sus consejos sobre Fez. A Khalid Atitar, que hizo honor a su origen tangerino con una guía de la ciudad que desgraciadamente no tuvimos oportunidad de emplear (la invitación a Cus-Cus nos la guardamos para una futura ocasión), a Elena de Paz que nos abrió el camino de las dunas de Merzouga, a Inés de Castro, cuyos información sobre el estado de las carreteras marroquíes nos acabó de despejar las dudas sobre la ruta que habíamos preseleccionado.
Con toda esta información más lo que fuimos hallando a lo largo y ancho de la red fuimos elaborando un documento guía que nos facilitó mucho la logística. No vayan ustedes a creer que el viaje estaba preparadísimo. Sólo nos preocupamos de tener atadas las cosas que consideramos básicas para la superviviencia. El resto se las dejamos al azar y a la confianza de que nuestros espíritus viajeros supieran salir del paso llegado el momento.
Al mismo tiempo que nosotros preparábamos el viaje, Fátima y Raúl, junto a su panda de amigos madrileños (Domin, Víctor, Javi, Tomás y Jorge) estaban también preparando una excursión parecida a la nuestra. Hablamos de rutas a seguir y de cómo quedar una vez cruzado el estrecho. Maravillas de la tecnología GSM, fue mucho más fácil de lo que parecía y como hicimos una ruta parecida pudimos encontrarnos hasta tres veces y compartir algunas de las peripecias vividas. Su lema era “Queremos aventura, no odisea“. Con las circunstancias que se les fueron presentando diseñaron una escala que también nosotros pudimos aplicar. De menor a mayor segragación de adrenalina: Aventura -> Odisea -> Odisea / Penuria -> Penuria. Después de la penuria ya venía “Muerte” pero afortunadamente a ese estado no llegamos en ningún momento.
La semana anterior la vivimos a contra-reloj con los últimos trámites y las últimas compras. El tiempo se nos echaba encima y echamos de menos no haber puesto algo más de dedicación a la planificación, pero ya era tarde. Se acercaba la hora de salir.
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Día 1. Madrid – Algeciras. 677 km.
Operación salida. Sin prisas por favor.
Hablando en plata
soñando en oro
subiendo al cielo
bajando al moro.
Y esa hora llegó. Ni más ni menos que a las
13.26h del 30 de abril recogía a Sarajayne en el Paseo de la Castellana, justo enfrente de la Torre Picasso. Un viaje de estas características no se puede comenzar así, sin más. Te subes al coche, metes primera corta y a darle zapatilla. Requiere de un pequeño ritual que te saque del modo “vida rutinaria” y te ponga en el “modo viaje”. En nuestro caso fueron por lo menos dos: una foto al pie del corazón financiero de la capital y la puesta a cero de todos los cuentakilómetros del coche.
Las maletas ya estaban cargadas desde el día anterior y los bocatas fresquitos en la bolsa con la cocacola y las patatas. Ahora sí… primera y Castellana abajo por el carril bus. Ese día empezaba la Semana Santa para medio país. Creímos ser muy originales saliendo una hora y media antes de lo normal para un viernes. Pero no debimos de ser los únicos que pensaron lo mismo. La carretera ya estaba petada de coches a esa hora. El primero de los pollos gordos fue en la unión de la A-4 con la R-4 donde perdimos casi una hora viendo como el tráfico de ambas carreteras se unificaba en un único flujo. Empezamos a ver rodar cds por la radio.
Tres o cuatro horas de conducción y cambio. El objetivo de este primer día era Algeciras. Trataríamos de llegar lo antes posible para descansar y coger el ferry al día siguiente a primera hora. Lo miras en el mapa y no parece muy lejos, pero en realidad está donde Cristo perdió el mechero. Desde Madrid es bastante difícil hacerlo en menos de nueve horas.
Atravesamos Despeñaperros con tráfico bastante denso, y empezamos a percibir el el aroma de los olivos, ese olor fuerte del aceite aún colgando de los árboles. Los coches empezaban a apiñarse. Hay que andarse con mil ojos. En una de esas frenadas en cadena vimos como unos coches por detrás de nosotros llegaban a tocarse, cruzándose alguno de ellos en la carretera. Íbamos muy despacio así que no creo que sucediera nada grave a ninguno de ellos, pero alguno pudo comprobar lo cierto que es uno de los dichos favoritos de los marroquíes: “la prisa mata“. Pegarse mucho al coche de delante no te hará llegar antes, y si que tienes bastantes papeletas de aguarte las vacaciones apenas empezadas. Nosotros llevábamos una distancia prudencial del coche de delante y por suerte el de detrás también. No hubo problema. Pero no hay que bajar la guardia ni un momento.
A la altura de Granada hicimos la primera parada técnica: café, pis, cambio de piloto, más cocacola y agua fresquita. La ruta continúa. En Málaga nos encontramos de nuevo con otro pollastre. Toda la circunvalación llena de coches. Me dice alguno que se ha hecho este camino muchas veces que ese atasco es inevitable. Poco después hay una bifurcación. Una autopista de peaje o una carretera de doble carril que a veces te permite ir a 120km/h y otras a 80km/h. Como era el primer día y no sabíamos si habría que ajustar mucho el presupuesto nos decantamos por la opción barata. Poco después de pasar Marbella nos hicimos un lío y acabamos en la de peaje. Tres eurillos de nada.
Al poco tiempo nos plantábamos en Algeciras y ya era totalmente de noche. No teníamos ni idea de cómo de grande era el pueblín, ni hacia donde teníamos que ir. El hotel, por lo visto estaba cerca del puerto, así que al puerto nos dirigimos. Para alguien que proviene del terruño, la palabra puerto, evoca uno de esos puertecillos de las rías gallegas. Quizá un pequeño puerto deportivo con los veleros de los señoritos pudientes. En ningún momento ese escenario depelícula de ciencia ficción de los hermanos Wachowsky. Todo lleno de grúas gigantescas, un puente que se eleva sobre los diques y el mar para ir tomando una curva cerradísima y acabar de nuevo en tierra. La entrada en la ciudad es un poco confusa, pero has de saber, amigo viajero, que no tienes por qué entrar al puerto a menos que te quieras subir a un barco. Parece obvio, ¿verdad? Bueno, pues hubo dos que no lo vieron tan claro.
Los amables agentes de la autoridad portuaria y de la muy noble y benemérita nos indicaron el camino de salida y la ruta hacia el hotel, saliendo previamente del puerto.
Esta fue una de las etapas que nos hubiéramos ahorrado de haber planificado el viaje un poco mejor. Nos pillaba el toro los últimos días y no es muy aconsejable llegar cansado a una ciudad que no conoces y ponerte a buscar un sitio donde dormir. Intentamos buscar algún lugar barato, pero eso requiere su tiempo de navegación en la red y tirar de teléfono. No hubo manera. Así que hubo que decantarse por la reserva por internet. ¿y qué hoteles puedes reservar por internet? Pues o los que son muy caros o los que te meten por los ojos los turoperadores. En este caso no salimos tan mal parados y hayamos el Hotel Reina Cristina, de ****. 63 aurelios del ala por una habitación doble en media pensión, lo cual, para el hotel que es, es el ofertón. Es un hotel inmenso y lo debimos pillar en temporada baja, de ahí su bajo precio. Tanto el desayuno como la cena eran buffet y todos los alimentos sabían a lo mismo: a plástico (de ahí su bajo precio también). Sin embargo el edificio era chulo y nos recibió en el vestíbulo un dúo que entre piano y guitarra iban desgranando piezas rematadas por los aplausos de los guiris que observaban con devoción. Nosotros, por nuestra parte, condicionamos el deleite musical a tener el estómago lleno. Y cuando lo conseguimos la música ya se había acabado.
En todo caso la escena era acorde con la decoración de palacete de verano de los marqueses de Urquijo que tenía el ambiente en general. Las cortinas de las habitaciones eran estilo Luis XVI (que viene a ser una decoración rococó tardío, sin llegar al esplendor de Luis XIV), y bueno, digamos que se disfrutaba de todo tipo de comodidades. Cualquier hotel en el que duermo suele tener las habitaciones más grandes que mi casa, así que no me quejo. Pero este, en concreto, ha tenido por lo visto a ilustres alojados, como los actuales reyes de la patria (el Juanca y la Sofi), Wiston Churchill, Carmen Polo, y bueno… había más nombres en la placa de ilustres pero no los apuntamos.
Sacamos del coche únicamente una mochililla con lo imprescindible y dejamos dentro el grueso del equipaje. Un truco que nos ahorró mucho tiempo a lo largo del viaje. Como ya explicaremos, casi todos los aparcamientos en Marruecos están “vigilados”, así que esta operación te reduce tiempo y dolores de espalda.
Era muy tarde y el día había sido muy largo. El primer ferry a Ceuta del día siguiente era a las 6h de la mañana. Bueno, tampoco hay que agobiarse, debe de haber otro a eso de las 8h….
April 17th, 2007
Quien alguna vez visite Dublín con algunos días libres, no debería dejar de visitar el Phoenix Park. Un imenso espacio verde a apenas dos kilómetros del centro de Dublín. Muy recomendable en bicicleta. Yo estuve pegándome pirulos un par de horas con la bici de McCurdy & Lasa y fue una auténtica gozada.
Ya de paso te puedes encontrar con estampas como esta:
Ya sabéis…. buscando la belleza.
February 26th, 2007
El secreto profesional me impide contar el motivo secundario por el cual Minke y un servidor, viajamos el pasado domingo 21 camino del Páramo. Digamos que fue en busca de inspiración. Tampoco sé si la encontramos. De lo que doy fe es de que lo pasamos muy bien.
Después de un madrugón importante para tratarse del día del Señor, recogí a Minke en la Cuesta de San Vicente y salimos camino de la A-6. El objetivo de la mañana era visitar “El Páramo”. Esa inmensa masa de tierra sin apenas accidentes que compone la mayor parte de la mítica Castilla. La ocasión nos obligaba a elegir carreteras secundarias y la primera fue la que sube el puerto de Guadarrama. Abandonada la provincia de Madrid, Segovia nos recibía con un mar de niebla a nuestros pies y un peligroso descenso. La escarcha parecía crepitar sobre los campos con los primeros rayos del sol que ya traen algo de calor, en la radio del Golfillo sonaba Kiko Veneno, y la conversación pasaba continuamente de la literatura al fútbol-7 y a las aventuras de la última semana.
Al llegar a Adanero nos vimos obligados a abandonar la antigua N-VI, que no nos parecía lo suficientemente secundaria para nuestro propósito. Seguimos dirección Olmedo, cuyo trayecto ya dibujaba los rasgos fundamentales del Páramo. Las inmensas llanuras de la meseta se ven desnudas en esta época del año, grises, descoloridas, sin centeno ni trigo que crezca sobre ellas. Pequeños pinares aislados en medio de la llanura, los remolques de los tractores en mitad de cualquier camino. Las cepas que manan el Ribera se hallaban desoladas a ambos lados de la carretera. Parece mentira que de tales tueros vayan a salir tales uvas. De una punta a otra del horizonte se desplazaban las nubes difusas de aquella mañana gris.
Esta carretera tampoco era lo suficientemente secundaria así que elegimos un desvío al azar a ver a dónde nos llevaba. En cuanto nos decidimos por uno resulta que apuntaba hacia el castillo de Coca (Segovia) y hacia allí nos dirigimos. Atravesamos los pequeños pueblos por los que pasaba la carretera. No se veía ni un alma a ningún lado de la calle. Las enormes puertas correderas de los corrales permanecían cerradas. Una inmensa quietud que estresaría al mayor de los ascéticos.
A la vuelta de una curva nos encontramos el castillo en toda su magnitud y su ladrillismo. Estaba cerrado al público, pero nos entretuvimos un rato mirando sus almenas, el foso que lo protegió en su día, y sus espacios inútiles, como una puerta en mitad de una pared que da directamente al vacío, o una repisa en mitad de un arco en la muralla que no tiene acceso por ninguna parte. Cosas curiosas, ya ven ustedes con qué poca cosa se entretiene uno. Le dimos una vuelta al castillo, nos tomamos un café en uno de los bares del pueblo y salimos pitando hacia Valladolid. Ya nos empezaba a sonar el estómago….
Y es que el motivo principal de este viaje no era otro que cumplir la promesa que habíamos hecho el verano pasado, en uno de los días que pasé en Madrid en medio de mis vacaciones. Cuando me reuní con Minke, lo primero que me dijo fue: “Notición, Svenska está embarazada”. La llamé inmediatamente y en cuanto dije “Hola” me contestó, “Has estado hablando con Minke, ¿no?”. Bueno, pues le prometimos que antes de que trajera al mundo a su bebé iríamos a verla. Cabe decir aquí, que Svenska es la primera de mis amigas íntimas que va a ser mamá. Y me ha contado muchas cosas que me han emocionado mucho a lo largo de todos estos meses.
Algunos meses (y varios kilos para nuestra amiga) más tarde empezamos a concretar la cita. Minke impuso una nueva condición en la negociación para la visita. Pedía que Chema nos hiciera un cocido. Al parecer ya lo había probado una vez en aquella mesa y su recuerdo permanecía intacto. A mí no hubo que luchar mucho por convencerme, dame pan y llámame perro. En honor a Svenska hemos de decir que no tardó ni diez segundos en ceder a nuestras presiones vía messenger. Sólo hizo una precisión: en casa el cocido lo hace Beni y no Chema. Un detalle por el cual, evidentemente no íbamos a discutir.
A la hora convenida aparecimos en casa y allí nos esperaban Svenska, Chinasky, Chema, Beni y PonnyFun, con cara de un domingo por la mañana cualquiera…. (if you know what I mean…)
Nos bajamos a beber un caldo de la tierra mientras nos actualizamos el currículum de los últimos meses. ¿Cuándo fue la última? El cumple de Svenska ¿no? Bueno, que había mucho que contar. Sin embargo nos acercábamos ya a las dos de la tarde y en Pucela no ponen pincho con los vinos. Lo cual nos recordó lo que nos esperaba al volver a subir al segundo piso (ñaaaammm, ñam, ñam).
Cuando a uno le tratan como si estuviera en su propia casa no hacen falta muchos preámbulos. Chema casi no nos deja ni poner la mesa, pero en cuanto estuvo todo en su sitio y Beni nos invitó a sentarse cada uno donde quiera (tú ahí, tú allí, y tú aquí no te sientes que me pongo yo…) se dirigió a la cocina y apareció con un tremendo perolo de sopa. El vino era cosecha propia de Chema. No recuerdo si era el Vi-de-Vi (Vino de Viloria) o el Chema Sicilia. Lo que sí sé, y comprobé reiteradas veces, es que estaba delicioso. La sopa estaba calentita y un poco picante, de esas que te preparan el estómago para lo que llega a continuación.
[Inciso: Estoy escribiendo en el asiento de un avión, empotrado entre dos gorilas. Lo estoy recordando y ya empiezo a salivar como el perro de Paulov y lo único que tengo a mano para calmar la sensación son los sándwiches mierdosos de Iberia. ¿Por qué me torturo a mi mismo de esta forma tan ridícula?].
Cuando vimos a Chema aparecer de nuevo desde la cocina con aquella fuente que rebosaba garbanzos, chorizo cocido, espinazo, morcilla, hebra (es como se le llama en El Bierzo, en Pucela no lo sé), tocino, y un largo etcétera de carnes de cerdo varias, no pudimos más que dedicarle un “ooooohhhhhh”. Del “oh” pasamos rápidamente al “hmmmmm” una vez los alimentos iban pasando del plato al gaznate.
[Otro inciso: interrumpo la narración del segundo plato porque me empiezan a sonar las tripas]
La sorpresa de Beni eran unas natillas caseras que con un poco de canela estaban de muerte. Minke dejó la mitad en la taza ante los aplausos de Chema: “¡¡¡hemos conseguido llenarlo!!!”. Yo vi esa taza mediada, y como me recordaría el gorililla Buach… se me empezaron a rajar los cristales de las gafas. Esas natillas no pueden quedar ahí.
Después del café, la grappa italiana y recogida la mesa, se podrán ustedes imaginar lo que vino después,¿verdad? Pues toda la tarde tiraos en el sofá. Hablando más bien poco y de movernos incluso menos. El barrigón de Svenska es insuperable, aunque esa tarde nos acercamos todos un poco. Tuve ocasión de pegarle la oreja al ombligo y sentir alguna de las pataditas de Carla… que es cierto, las da.
Chinasky apareció de nuevo con su tocadiscos portátil y empezó a pincharnos vinilos durante toda la tarde. Allí seguíamos dándole a la sin hueso practicando uno de nuestros deportes favoritos: rajar. Y así se nos fue pasando la tarde, haciendo la digestión en gratísima compañía, escuchando buena música y celebrando la vida en general.
Lástima que el tiempo pase tan rápido cuando lo estás pasando tan bien. Llegó la hora de irse y Minke, Chinasky y el que hacía de chófer tuvimos que partir. Ya de vuelta a Madrid, Chinasky nos dijo que Chema y Beni habían empezado a preparar el cocido el sábado. Para desgrasar la carne y que reposara y acabar de hacerla el día siguiente. Ellos no nos dijeron nada de eso. Como ustedes podrán comprender, lo del cocido era sólo una broma (bueno, por parte de Minke no lo sé… jeje). No es que no esperara esa hospitalidad, es que aún después de haberla recibido sigo alucinando.
Amiga Svenska, os habéis puesto el listón muy alto. Dentro de un par de meses volveremos a visitarte para coger a Carla brazos. ¿qué va a ser entonces de nosotros? Un abrazo muy fuerte para Beni y para Chema que son unos soles de padres igual que dentro de nada lo vais a ser Chinasky y tú.
¿La inspiración? Ahh! ¡Creo que al final sí que la encontramos!
January 27th, 2007
Dice Joaquín Sabina que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Y qué razón tiene. Tal vez cuando vuelvas, las cosas que te hicieron feliz ya no están allí. Tal vez tus recuerdos de cualquier lugar jamás fueron reales, sino que los fuiste creando después, con esa geografía como referencia.
Aceptando ese desafío, hace cuatro meses volví a poner un pie en Dublín después de seis años de ausencia. En la ciudad he notado dos cambios, The Spire en O´Conell street, y que está todo mucho más limpio. La verdad es que no ha cambiado demasiado, y sin embargo yo lo veo todo muy diferente. Debo de haber cambiado yo.
Poco ha tenido que ver una estancia con la otra. Evidentemente han sucedido muchas cosas entre estas dos visitas. La primera vez vine con ciento veinte mil pelas y sin billete de vuelta y esta vez me han pagado los taxis desde el aeropuerto al hotel. Uno de los trabajos que tuve la primera vez fue fregando platos en la cafetería del banco para el que ahora he estado trabajando como consultor de integración de sistemas. Es normal que las cosas se vean diferentes.
Desde luego que la ciudad tenía más “salsa” compartiendo habitación en un hostel con otra panda de mochileros, entrando y saliendo de trabajar a horas rarísimas, librando días entre semana, tomando pintas con desconocidos… Nada que ver con la vida de homeless en hotel de cuatro estrellas que he llevado estos meses.
Pero afinando un poco más los sentidos si que descubro grandes cambios en Dublín. Se ha vuelto una ciudad mucho más cosmpolita de lo que era. Se nota que el dinero sigue entrando en la isla a raudales. Todo se ha puesto carísimo, la ciudad se ha vuelto un poco más moderna, que está muy bien, y bastante más snob, que ya no está tan bien. Ha perdido un poco de ese aire cutrillo que le daba cierta gracia, que animaba más a la espontaneidad. La cantidad de extrajeros que viven en la ciudad permanentemente es ahora algo exagerado. Y todo esto en una ciudad que no llega al millón de habitantes.
La ciudad me ha regalado grandes reencuentros, risas a go-go, y alguna que otra juerga bastante memorable. Pero sobre todo, ha vuelto a despertarme los sentidos que los tenía algo dormidos. Ha vuelto a llenarme de ideas la azotea, que la tenía medio fuera de servicio. Por eso Dublín es para mí una ciudad talismán. Una ciudad donde siempre suceden grandes cosas. He vuelto a un lugar en el que fui feliz. Y he salido más que airoso del envite.
Este jueves me vuelvo a casa. No sé qué me dice que no tardaré demasiado en volver.
[ Tengo que dar las gracias a muchas personas por los buenos ratos que me han hecho pasar en este tiempo, y por lo acogedores y hospitalarios que han sido conmigo: Itziar, Ruth, Estibaliz, John, Eoin, Johnatan, Guti, Solomon, Ann, Stefan, Mahony, Stuart, Sinead, Ger, James y tantos otros con quienes he tenido la suerte de disfrutar de una buena pinta charlando en alguna mesa del pub… Dublin´s way!! ]
y en el coro de Babel
desafina un español
no hay más ley que la Ley del Tesoro
en las Minas del Rey Salomón
December 19th, 2006
A finales del siglo XVI el control de los ingleses sobre Irlanda no llegaba siquiera a la mitad de la isla. Isabel I intentó extender su control a la provincia del Ulster, en el norte. Los ingleses se hayaron con la resistencia de Hugh O´Neill y Rory O´Donnell, los dos últimos capitanes de la aristocracia gaélica en Irlanda.
De esta lucha comenzó la guerra de los nueve años, la mayor amenaza para el dominio inglés desde que los primeros normandos llegaran a Dublín en 1172.
Los gaélicos fueron apoyados por el gobierno de España, que en sus luchas intestinas con Inglaterra apoyaba cualquier rebelión en los territorios controlados por la pérfida Albión. Los españoles desembarcaron en Kinsale, cerca de Cork, pero fueron sitiados por los ingleses que les obligaron a reembarcar y volver a la península. O’Neill y O’Connell, que habían acudido en ayuda de los españoles tuvieron que retirarse de nuevo a defender sus tierras en el Ulster. La aventura les costó muchas bajas, y de vuelta a casa fueron definitavamente derrotados.
En 1607, O’Neill, O’Connell y otros capitanes gaélicos fueron obligados a abandonar Irlanda para ya no regresar jamás. Este es el episodio histórico que se conoce como The Flight of the Earls (el vuelo de las águilas). O’Neill moriría en Roma en 1616 y con él se extinguiría el último heredero de la tradición cultural céltica en Europa.
Tras el abandono de los principales líderes, el gobierno inglés confiscó todas sus tierras, que fueron revendidas a colonos procedentes de Escocia, donde la tierra era mucho menos fértil. Este es el origen del conflicto en Irlanda del Norte que dura hasta el día de hoy. La mayoría de los recién llegados eran protestantes presbiterianos, que no dudaron en marginar y humillar a los campesinos católicos que ya habitaban la región.
No acabarían ahí las desgracias para los irlandeses. La situación fue sucesivamente empeorando para los nativos, hasta que en 1641 vuelve a estallar la rebelión en contra de los nuevos ocupantes de las tierras. En aquel momento, el rey de Inglaterra era Carlos I, que era católico y apoyó la rebelión. Por el contrario, el Parlamento británico apoyó a los colonos ingleses y escoceses, con lo que la rebelión ayudó a encender la mecha de la Guerra Civil inglesa (1642-1645).
En 1649, después de que Carlos I fuera ejecutado, un ejército de 12.000 hombres desembarcó en Irlanda bajo el mando de Oliver Cromwell. Cuando nueve meses después, ese ejército abandonó la isla, ya la había dejado preparada para la colonización por parte de los británicos. El único refugio que quedó a los nativos irlandeses fue la provincia de Connatch, al oeste del río Shannon, donde están las tierras menos fértiles de toda Irlanda. De este destierro da fe la famosa frase atribuida a Cromwell: “To hell or Connacht“. Este es el motivo por el cual a día de hoy es en el oeste de Irlanda (especialmente Conemara) donde más común es el uso del irlandés (o galélico).
Las rebeliones siguieron a través de los siglos hasta que en 1921, 26 de los 32 condados de Irlanda consiguieron la indepencia de Gran Bretaña.
Una muestra de cómo estos acontecimientos permanecen en la memoria colectiva del pueblo irlandés se puede encontrar en la canción de The Pogues (que por cierto, actúan en el Point Theatre el día 21 y me los voy a perder) “Young Ned of the hill”
Escuchar:
A curse upon you Oliver Cromwell
You who raped our Motherland
I hope you’re rotting down in hell
For the horrors that you sent
To our misfortunate forefathers
Whom you robbed of their birthright
“To hell or Connaught” may you burn in hell tonight
You have robbed our homes and fortunes
Even drove us from our land
You tried to break our spirit
But you’ll never understand
The love of dear old Ireland
That will forge an iron will
As long as there are gallant men
Like young Ned of the hill
[NOTA: He sacado algunos datos de la Wikipedia. Algunas páginas no estaban disponibles en castellano así que he enlazado las correspondientes en inglés.]
December 3rd, 2006
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