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Un día perfecto

Día 6. Merzouga-Ouzarzazate. 377 km.
Just a perfect day.

Oh! it’s such a perfect day
and I spent it with you
just a perfect day,
you just keep me hunging on.

Lou Reed

A las 5.45h todavía no lo sabiamos, pero habíamos pasado una de las mejores noches posibles en el desierto. No estaba nublado, no se levantó demasiado viento y para más flipe reinaba una impresionante luna llena. A pesar de todo la arena estaba muy fría. El color del cielo era indefinible, un color azul como no has visto en tu vida. La luz no rebotaba con nada, a nada tenía que sacar color más que a la arena naranja que alumbrada por la luna permanecía en mate y solo se decidio a brillar al ver asomar a Lorenzo.

La ventilación de la haima dejaba pasar una rasca bastante elegante, y el mito es cierto, en el desierto hace un frio terrible por la noche. Pero supongo que si el día de tu cumpleaños te despiertas en tan paradisíaco lugar, son detalles que no te van a estropear el momentazo. Yo sólo lo puedo saber tratando de adivinar los gestos de Sarajayne. Pregúntenle a ella.


Así comenzó un nuevo año de su vida, y un día en el que tendríamos ocasión de celebrarlo por todo lo alto: con una buena dosis de kilómetros en diversos medios de transporte, buen humor, y las ganas de vivir que derrochamos por todos los poros.

Al salir de la haima lo primero de lo que nos dimos cuenta es que sin enroscarnos en las mantas no ibamos a aguantar un minuto fuera. El sol aún no había aparecido sobre el horizonte, pero ya se intuía su luz. Aún así, la visibilidad era total gracias a la luna. Nos subimos a una de las dunas cercanas para ver aparecer al astro rey y saludarlo como se merece. En este lugar más que en ninguno se descubre la gran verdad que ya cantara el maestro Rosendo, que pase lo que pase “amanece cada mañana, los siete días de la semana, y estamos vivos: Sursum Corda” (es decir, “levantemos el corazón”).

Y al fin apareció y empezó a calentarlo todo. Salía tan rápido que casi se le veía escalar la duna que teníamos en nuestro horizonte. Y entonces, todos los colores de esa inmensiada tan parecida a la nada empezaron a cambiar como reivindicando su existencia. Las dunas empezaron a deleitarnos con sus juegos de luces y sombras y al cabo de un rato ya pudimos prescindir de las mantas.

No nos dio tiempo a mucho más. Recogimos las cosas de la haima en un pis-pas porque Hassan ya tenía preparados los dromedarios para echar a andar. Los gabachos ya estaban preparados, mientras que el equipo del nordeste peninsular, anonadado ante tanta belleza le costaba un poco más responder. En el viaje de vuelta nos encontramos con otros grupos que se encontraban alojados en haimas repartidas por toda la redondada, pero que no habíamos detectado hasta entonces. No se lo monta nada mal el Youssef. Menudo “imperio” que tiene aquí preparado.

El Yasmina nos esperaba de vuelta. Con sus duchas comunitarias para los haimistas y su desayuno de mermeladas ricas. En todos los desplazamientos soliamos hacer lo mismo. La maleta grande se quedaba en el coche y en la pequeña llevábamos los útiles estrictamente necesarios hasta la próxima vez que volvieramos al coche. Así pudimos bajarnos rápidamente de los dromis y colarnos en la ducha comunitaria con todo el morrul del mundo. Mientras la panda de guiris que nos acompañaba se entretenía mirando si las duchas eran de homes ou femmes, nosotros ya estábamos dentro de una ante la atónita mirada del personal.

El viaje iba a ser largo y la comida programada era de las de hogaza de pan y chope, así que en estos casos ya se sabe lo que hay que hacer: ponerte como el tenazas en el desayuno buffet. A ello nos estábamos dedicando en cuerpo y alma cuando aparecieron Fátima y el resto de los 7 magníficos que se unieron a nuestra mesa. Habían llegado la tarde anterior prácticamente cuando nosotros salíamos con los dromedarios. Y ya habían tenido ocasión de hacer el mongui por las dunas.

Sarajayne se llevó una buena ración de besos y carantoñas felicitatorias de parte de todo el equipo y después empezamos a compartir experiencias del viaje desde nuestro encuentro en el palaio Al-Mansiq de Fez. Ahí fue cuando nos contaron la aventura de Midelt ante nuestras atónitas miradas. Debimos tomarnos muy a pecho el llenar el buche para el resto del día porque todos ellos ya habían acabado de desayunar y nosotros todavía no y eso que habíamos empezado antes.

Al salir del desayuno nos encontramos a Hassan e Ibrahim sentados al sol con su “tenderete” montado para los turistas. Vendían fósiles del desierto que probablemente habrían comprado a los chavalillos, así como los cd´s con sus grandes éxitos del jembé. En principio les íbamos a dar una propinilla, pero cuando vimos el pastón que nos querían cobrar por los fósiles empezó la negociación y renunciamos a la propina. Al final le pagamos diez euros por una rosa del desierto y un fósil de caracola muy guapo. Lo del cd ya era demasiado, Hassan nos rebajaba (casi regalaba) pero el Ibrahim no tenía tan buenas pulgas con nosotros. Al fin y al cabo es su curro, y funciona más o menos igual en todos los lugares del tercer mundo: los que están más cerca de los turistas pueden disfrutar de mejores condiciones de vida.

Hassan era un tipo realmente extraordinario. Medio-hablaba un montón de idiomas. En castellano más o menos te entendías todo el tiempo, pero si no probaba a ver si le entendíamos en francés, o en inglés. El alemán decía que se le daba algo peor, pero sabía decir bastantes cosas en japonés. Evidentemente en bereber y en árabe nosotros no le entendíamos. Ríete tu de la escuela oficial de idiomas. Sólo con lo que se le pega de los guiris que lleva y trae a las haimas del desierto. Al verle decir una palabra en cinco o seis idiomas distintos pensé en cuantas y cuan ridículas conversaciones he participado acerca del uso del catalán o el euskera. Quizá todo sea cuestión de verlo con cierta perspectiva.

Nos despedimos de los 7 fantásticos y estábamos dispuestos a salir de nuevo a los 14 kilómetros de infierno por la pista (al menos era de día). Cuando Ibrahim vino corriendo y nos preguntó si le podíamos acercar a Rissani o a Erfoud. Le dijimos que sí y dijo que volvía en un segundo. Cuando volvió ya no tenia ni la túnica ni el turbante. Llevaba unos pantalones largos y un jersey, vamos, que lo otro es toda una puesta en escena para los guiris como nosotros. Y sí… lo consiguen. Impresiona.

Ibrahim nos la lio un poco, porque nos llevó por un camino más corto en kilómetros, pero había que hacer muchos más por la pista. Y supongo que tiene ojos para ver la diferencia entre las ruedas de un 4×4 y las del golfillo. Quizá el error fue nuestro al no plantearle la cuestión bien mascadita. El coche nos tenía que llegar hasta España por lo menos y es algo que quizá no intuyó directamente. Tardamos casi dos horas en llegar al asfalto y volvimos a vivir otra situación de Odisea / Penuria en la escala de Jorge. El coche se enterró en una duna que se comía la pista y alli nos vimos Ibrahim y yo apartando arena de las ruedas mientras Sarajayne le daba a la marcha atras y los guardabarros empezaban a escupir granos de arena. Daba igual. Estaba escrito que este había de ser un día perfecto y nada podía contrariarlo. Salimos del atolladero un par de veces más y en cuanto pisamos asfalto pusimos el golfillo a 110 km/h para sentir que seguíamos subidos a un coche y no al carro de las vacas.

A Ibrahim lo dejamos en Erfoud con un “hasta otra amigo”, quien sabe si nos volveremos a ver. Inshala. Paramos a echar petróleo y llenamos el deposito por unos módicos 450 DH. Nos esperaba una larga travesía salpicada de pueblos. Cuentan que esta es una de las partes del país más conservadoras, y pudimos observar la cantidad de mujeres totalmente envueltas en trapos negros. Verlas desfilar por la carretera, casi siempre portando algún tipo de enser, o churumbel, o ambas cosas, era todo un espectáculo. Pasábamos uno y otro pueblo, algunos con mercado algunos sin él. Lo más complicado de la conducción en estos tramos es esquivar las omnipresentes bicicletas. Algunos de los ciclistas sobrepasan con creces los 60 años y con la bici cargada de cualquier cosa van haciendo unas “eses” que cuidadín, cudadín…. En un pueblo que vimos tranquilo paramos para surtirnos de los vívieres para nuestros bocadillos: unos tomates, pan, quesitos, etc… en la tienda nos atendía un chaval de unos 16 años, que se le notaba a la legua, había heredado las maneras de frutero de su padre. Y que no había atendido a muchos guiris en su vida. Sus amiguitos estaban allí y se callaban ante nuestra presencia. A la que nos íbamos volvían a empezar las risas y comentarios. Es una sensacion un poco extraña. Te sientes como un ovni. Pero mola. Si te dan un poco de coba hasta puedes hacer alguna tontería que les haga reír, pero este no era el caso. Pensé que el chaval se lo podia tomar a ofensa.

Tiramos millas ya por carreteras que nos parecian la mismísima autopista hacia el cielo con el depósito lleno, agua y vívieres para sobrevivir el día y la ilusión de llegar a nuestro destino. ¡Ah! ¿qué cual era? pues aún no lo teníamos muy claro. La idea era llegar al día siguiente a Esaouira, pero la noche del medio dependiendo de cómo se nos diera el viaje. A Sarajayne no paraba de pitarle el móvil con sms de felicitación. Maravillas del protocolo GSM.

Para la hora de comer estábamos ya en Tinerhir, la ciudad oasis. Y la vista de la ciudad antigua es realmente impresionante. Íbamos algo apretados de tiempo y no tuvimos ocasión de internarnos en sus calles, aunque la vista desde el mirador parece impresionante. Según nos cuentan, no hay demasiados turistas.

Casi todo el mundo para por estos lares para visitar las gargantas del Todra, que están a unos 10 km de Tinerhir. Creo que tienen una fama inmerecida. Pues aunque su vista es realmente imponente, no creo que merezcan semejante romería. Es lo malo de los espacios naturales que molan. Que cuando se petan de turistas dejan de molar. Es lo que le ha pasado a este. Había demasiados tenderetes, demasiados turistas, demasiados autobuses. Con todo nos gustó, así que nos hicimos con una sombra y sacamos la navaja para seccionar las hogacinas, los tomates y el chope. Hora de comer. A Sarajayne le seguía pitando el móvil con sms felicitatorios. Hasta yo mismo estuve tentado de mandarle uno.

Las gargantas del Todra pueden estar muy bien para quienes gusten de la escalada, pues las inmensas paredes pueden ofrecer opciones interesantes. Son unos quinientos metros de carretera entre dos paredes de roca de más de cien metros de alto separadas por menos de treinta metros en algunas partes. El viento que sopla ahi dentro es realmente impresionante. Muy chulas si consigues abstraerte del turistismo. Al acabar el bocata con las vistas de la garganta nos echamos un cafeto al cuerpo y reemprendimos marcha.

Al bajar de nuevo dirección Tinerhir nos encontrábamos con chavalillos que vendían unos camellos trenzados con hojas de palma. Me recordaban a los “gatos” que mi abuelo me enseñaba a hacer con juncos cuando íbamos con las vacas en Villar de las Traviesas, pero estos eran algo más sofisticados. Los tenían hechos de tal forma que se podían colgar del retrovisor del coche y te pedian una propinilla por ellos. En un punto paramos a echar una foto y se nos acercaron dos críos. Se nos quedaban mirando y se reían. No decían nada, ni si quiera nos intentaban vender sus camellos de hoja de palma. Cuando le dijimos a uno de ellos que nos hiciera una foto no cabía en si mismo de felicidad. Tocaba la cámara como si fuese la cruz que encontro Indiana Jones al principio de la última cruzada. Nos hizo la foto (que quedo bastante mal, por cierto) y se nos quedaba mirando flipando en colores. Pensad que es un país musulmán, y vivien en aldeas, aunque estén acostumbrados a los turistas. Ver a una pareja de jóvenes que van juntos y se abrazan para hacer una foto es algo que está más allá de cualquier contacto que hayan podido presenciar entre personas de distinto sexo. Un flipe. Intentamos negociar por el camello que el chavalín casi nos regalaba, pero en estas apareció un tercero, un chaval algo mayor que ellos, de unos 12 o 14 años que corría como alma que lleva el diablo con un armatoste hecho también con hojas de palma y que asemejaba un coche. Si parar siquiera su carrera y con un movimiento preciso introdujo la cabeza por la ventanilla, lo colgo del retrovisor sin tocarlo y puso la mano para recibir la pasta. Le dijimos que “gracias” pero que queríamos hablar con los otros dos chavaillos. No hubo manera. No nos lo quitábamos de encima así que tuvimos que mandarle a paseo y pirarnos de allí. Lástima. Charlar con los dos niños era muy divertido.

Nos volvimos a quedar con ganas de entrar en Tinerhir pero no había tiempo. Ya habíamos decidido que nos quedaríamos a dormir en Ouarzazate y aún nos faltaba un trecho. Así que empezamos a darle cera al golfillo. Atravesamos un montón de pueblos a velocidad de crucero y luego zonas desérticas con rectas interminables. En algunos tramos llegábamos incluso a los 120 km/h. Un flipe.

La tarde iba cayendo y como viajabamos hacia el oeste el sol se escondía en el horizonte ante nosotros. Fue entonces cuando buscando entre los cds para cambiar la música me encontre con el recopilatorio de Lou Reed y no me pude imaginar otra canción más adecuada para ese momento. Yo estimaba que con que Sarajayne se lo estuviera pasando la mitad de bien que yo ya estaría disfrutando de un verdadero feliz cumpleaños. Con las ventanillas bajadas y con los altavoces a todo trapo, empezo Lou a desgranar los primeros versos de “Perfect day“: “Such a perfect day, drinking sangria in the park. And then later when it gets dark we go home….“. Bueno, no teníamos sangría ni parque ni si quiera casa… pero era un día perfecto igualmente.

¡¡¡¡ F_E_L_I_Z——C_U_M_P_L_E_A_Ñ_O_S——S_A_R_A_J_A_Y_N_E !!!!

¿Por cierto, quien dijo que no se le podían poner puertas al campo? En Marruecos lo hacen continuamente, y una vez hasta nos paramos para hacer una foto.

Conseguimos llegar a Ouarzazate aunque demasiado tarde y demasiado cansados para lanzarnos a la aventura del pueblo. Así después de regatear un con vil que nos quería tangar por todos los lados acudimos a un hotel Ibis con desayuno incluido por 500 DH los dos. Casi precio europeo, aunque el hotel era cómodo y es lo que necesitábamos. También buscamos un sitio para cenar y encontramos el más pijo de la ciudad, donde hasta nos dieron cerveza. Una cosa fabricada en Casablanca que no sabia a nada… pero oye… después de varios días sin probarla hasta parecía una Mahou cinco estrellas. Como a Sarajayne no podía faltarle el pastel de cumpleaños, aprovechando un despiste por su parte le di instrucciones al camarero de que en el postre plantara una vela encendida porque era su cumple. El hombre me miró con cara extrañada. Caí en la cuenta que lo de eso de una vela en una tarta puede ser como la tortilla de patatas. Tan fácil, tan práctico y tan poco internacional. El hombre no entendía la jugada pero asintió. A los cinco minutos aparece en la mesa con una tarjeta y un boli para que le escriba el nombre de Sarajayne. Cagada número dos, camarerito. Sarajayne se ha coscado que algo se cuece. Sin embargo, la pobre estaba tan cansada que hasta se le llegó a olvidar. Hemos de decir en este momento que nos pusieron de comer como si fuésemos quince.

Al llegar el postre este fue el resultado:

¿No está del todo mal, no?

Y así se nos acabó aquel día en el que Sarajayne pudo celebrar ese cumpleaños de una edad en la que eres lo suficientemente madura para saber un poquitín de qué va la vida y lo suficientemente joven para seguir impresionándote con cuanto descubres en ella.

Que cumplas muchos más… y yo que lo vea.

Just a perfect day.

3 comments May 21st, 2007

Algo más que desierto

Día 5. Dunas de Merzouga.
(el coche ni se movió que bastante tuvo ayer)

Voy a salir a la calle
a deshacer mi destino
que es bueno estar en la lona y equivocar el camino
Podés comprarte una casa, podés comprarte un asilo
hay cosas que no se compran, vos sabés bien lo que digo

Y nada de lo que me digas amor,
va a sacarme de este desierto

Fito Páez

Algo más que desierto

En principio algo desierto es algo donde no hay ná de ná. vacío, sin vida, desierto de tó! .. sin embargo el estar allí evoca tantísimas cosas que abruma. Un auténtico berenjenal de sensaciones. Algo más que desierto, mucho más que desierto.

Amanecimos atontados, sin haber digerido del todo la gran aventura del día anterior. Que locura. Salimos de la habitación expectantes de ver a la luz del día dónde co.. habíamos acabado. Que pasada, vemos la pista por donde nos trajeron los golfillos (ambos, el coche y el motovil). Flipante, ¿por ahí vinimos? [Risa nerviosa].

La pista de la muerteEl hotel Yasmina se distingue del resto de los hoteles de las dunas de Merzouga pos su emplazamiento idílico e inmejorable a orillas de un pequeño lago a ala vez que por completo metido en las dunas. En el justo límite entre el desierto/pista pedregosa e infame y el desierto/dunas de película. Un último reducto antes de la nada. Lujoso reducto! - Hotel. 1 noche 250 DH por persona.

Tras quedarnos estupefactos con el panorama nos disponemos a disfrutar de un día 100% “desierto”. Para ello empezamos por, al filo de la hora límite, dar cuenta de nuestro primer desayuno en el Yasmina: zumo de naranja, tostadas con mantequilla y unas exquisitas mermeladas, bollería y café bastante peores y una especie de crepes francamente buenos. Una vez cebados decidimos tomarnos con calma el resto de la mañana para poner en orden cuerpo y mente el fin de hacernos receptivos a todas las energías desérticas. .

Hotel YasminaEl día anterior le habíamos preguntado al jefe Yossuef (gerente, recepcionista, relaciones públicas además de amo y señor del garito) por una posible excursión en dromedario haciendo noche en haimas al otro lado de las dunas.. (otro gran consejo de la prima Elena, quien había disfrutado de la experiencia). El nos miró asombrado meneando la cabeza “¿por que tu no dijiste antes?” (reservaste) “excursión completa, hay sitio para dormir pero no dromedarios”. Vaya, está claro que somos un poco desastre… en fin, en ese momento saco a mi primita de la chistera. Elena y su amiga Helga habían estado varios días en enero y se habían metido en el bolsillo a todo el personal del hotel. “Las girls” de Londres, claro que se acordaba, una sonrisa acude a sus labios, bueno, va a intentar buscarnos un par de dromis. Esta hecho! Gracias Elena!! –( Haima + dromedario: 400 DH / por cabeza)

Al filo de las 12 de la mañana tras confirmar que efectivamente Yossuef nos había conseguido los animalillos y que la excursión partía del hotel sobre las 4, cargados con mochila-kit de supervivencia (agua, bocatas, cámara, libreta..) y vestidos con look- desierto (crema protectora, gafas de sol, pañuelos, gorros, botas de montaña, ropa de manga larga) cruzamos la puerta del Yasmina en dirección a la nada. Caminamos largo rato volviendo la vista atrás sólo para observar el Yasmina y el laguín cada vez más pequeños…

La primera reacción una vez “metidos en arena” fué ponernos a sacar fotos como locos. Una detrás de otra, ahora yo, ahora tú, alguna más con el móvil, un sin vivir! Como cuando algo es tan alucinante que cuesta creer que esté pasando y buscas “pruebas no perecederas” para que no se te olvide nunca y no te tomen por tarado desequilibrado al contarlo. Algo así. ¿Cómo describirlo? Ni 100000 fotos bastarían.

Es una sábana anaranjada moldeada por los caprichos de Eolo.
Es un mar tal cual, con sus olas y sus crestas pero sin vida, estático, congelado en el tiempo.
Es “la playa” como dicen los nativos.
Es el infinito y más allá, el principio del final, el silencio. La quietud. La soledad.

Seguimos subiendo y bajando dunas (las botas de montaña y el pantalón largo fueron claros aciertos, se lo ponen más difícil a la arena a la hora de colarse). Nos pusimos como objetivo la duna más altas que se veía. El último repecho es matador, la arena deja de estar dura y al ser la pendiente tan grande se te hunde el pié hasta el tobillo. Cada paso que das, por el movimiento de la arena retrocedes medio y el acelerar lo hace casi peor, así que lo único que funciona es la paciencia y el “pasiño a pasiño faise o camiño”.

Llegamos arriba, ooooooooh, recuperamos aliento, que pasada. Nos sentamos, que flipe, pero 10 minutos más tarde sabemos que no es suficiente, nuestra quietud ha sido rota por dos tipos con sendos quads que navegan por las dunas como si ná y desde aquí se ve una duna más alta que nos tienta mil a la que ellos no puede subir. De nuevo hasta arriba, a lo más alto, la cumbre de nuestro Sáhara particular, sufrimos los repechos, hacemos cumbre, mereció la pena. Desde aquí ya vemos el final de las dunas, debe ser Argelia, y también avistamos haimas bereberes. Aun hay montañas más altas pero muy lejos…bufffff

Aquí en lo alto te sientes pequeñín pequeñin, ínfimo, el mismísimo Joe se queda sin palabras 
¿Qué piensas ¿ ¿Qué eres? Desiertas quedan las palabras ante tal magnitud de arena amontonada. Mola mucho. Te acuerdas de gente con la que te gustaría compartirlo, hasta mandas algún msm. Que pasada la tecnología . Quietud. Silencio. Luz. Lorenzismooooo


Nos quedamos bastante rato en silencio, sumergidos en nuestros propios pensamientos y navegando con la mente por el mar de arena infinita que se extiende a nuestros pies. No sé cuanto tiempo. Al cabo de un rato el estómago ya protesta y comenzamos la bajada, ya eran cerca de las 3 y pensamos en volver a comer los bocatas en una sombra del Yasmina.

En una duna grande Joe se atreve a probar la modalidad ”bajar corriendo a toda leche y a ver que pasa” . Subidón de adrenalina y Sobrevive.. asi que la otra va detrás, pero “a rebolos” , que es una modalidad más gallega. No funcionó tan bien. Se traga mucha arena ;)

De vuelta en el Yasmina nos aposentamos en el patio/terraza y dimos cuenta de nuestros bocatas de pan de ayer y chope marroquí y una buena Coca cola /Fanta. De postre un té. Se está genial aquí, el hotel tiene sólo unas 25 habitaciones y hoy no está lleno, de hecho acabamos de hacer la reserva para los 7 fantásticos que están de camino, a nombre de Fátima claro, Yosueff no se aclara,
¿ella marroquí?
no , no, es española, el nombre es por la virgen de Portugal” me intento explicar,
ah, asiente “ pero pa mi que no entiende.

El caso es que además de la gente que trabaja en el hotel (dos construyen una nueva estancia, otros se sientan a las sombra en silencio, mientras espera en el patio un agujero a medio hacer para albergar quizás una futura piscina) estamos pocos guiris por aquí. Unos catalanes charlan con el jefe debajo de unas palmeras vestidos de blanco cual “memorias de Afrrica” a la vez que fuman de una cachimba. Y más cerca , en la mesa de al lado un grupo de unos 8 palidísimos alemanes armados de todo tipo de ropa de Coronel tapioca acaban de llegar también de las dunas. Sudan como pollos. Viene el camarero-metre-hombre azul, es un chico super alto de amable trato y sonrisa franca a recoger su pedido. Una de las deutsches se levanta y cuenta señalando con el dedo: “ein, zwei, drei, vier.. fünf Biere!!

El hombre azul sonríe , el hombre que acompaña al grupo (también con pintas de alemán) acude en ayuda. La mujer que piensa que el hombre azul no entiende, yo ya no puedo con el descojone. Le explican que no , que se baje de la burra, que estamos en Marruecos y que aquí no se lleva eso de la birra. Ja jaja, lo cambian por cocacolas. Menuda banda.

Se hacen casi las 5 cuando empezamos a ver más movimiento. Parece que nos vamos. Cogemos mochila kit-noche en el desierto (pijama y saco) y bajamos a conocer nuestro medio de transporte. 5 gabachos ya están montados en los suyos esperándonos. La caravans de travesía se compones de 7 mascantes dromedarios atados uno detrás de otro. Los nuestros son los 2 primeros, yo monto en el de cabeza, yupi!!

Joe, se compra un pañuelo para hacer juego con la estampa y monta en el segundo. Sin más dilación en marcha. Hay que llegar a las haimas antes de la puesta de sol.

El paseo es precioso,la luz va bajando y se crean bellisimas sombras, se perfilan las dunas más suaves y el calor ya no aprieta. Es ideal. Nuestras propias sombras nos saludan desde lo alto de estos gigantes animales. Son realmente grandes..en otro orden de cosas estos no están muy limpitos que se diga y el mío en concreto no para de mascar una pasta blanca pero que muy asquerosa. Me da miedo que le de por escupírmela! Puag,

“Drome-cabalgamos” algo más de una hora, suficiente para que el culete quede resentido. Pasamos varios grupos de haimas , algunas para guiris como nosotros, otras de verdad, donde viven auténticos bereberes (digo yo)

Llegamos a nuestro destino. Desmontamos y corremos a lo alto de una duna a disfrutar del espectáculo del fin del día. El sol baja rápido, más de lo que nosotros trepamos!
Vemos el sol desaparecer y con él luces y sombras. El paraje sería perfetu sino fuera por el grupo de catalufos (un familia de 7 que han venido en una caravana paralela a la nuestra) y gabachos que nos acompaña ..pero por lo menos no son ruidosos 

Nos quedamos un rato más disfrutando de la entrada de la noche. Caray, ya refresca, la arena se siente fresca bajo los pies. Nos apeamos de la duna ya sin ver donde pisamos..pero no tiene mucha pérdida. No hay nada con lo que tropezar!

De vuelta al campamento el grupo se ha acomodado en “el patio” que queda entre el circulo de haimas a tomar un té y a charlar con Hassan, el guía bereber que nos ha guiado a través de las dunas que es super majo. Nuestro particular oasis se compone de 3 haimas para guiris, que no son mas que telas coloristas sobre un par de estacas de madera y con el suelo de arena cubierto de colchones de fina espuma. Las mantas son las mismas que hacían de asiento en el dromedario. La haima no está cerrada y el viento pasa entre techo y paredes. Va a ser una noche fría. Han repartido las haimas por “grupos/naciones”: una para gabachos, otra de catalanes y otra berciano/gallega, i.e. Pablo e máis eu (Hassan nos ha explicado al llegar que tenemos nuestra propia haima y me ha preguntado si estoy contenta..ummmm, vaya con el bereber).

Además hay otra haima donde tienen “la cocina” –un camping gas- y duermen los dos guías Hassan e Ibrahim y creemos que la cocinera, mujer de Hassan y dos hijos suyos ( que apenas vemos)

Tras el té ya viene la cena. Hassan se afana en aplastar la mesa de arena y trae palangana y regadera para que nos lavemos las manos. Y a continuación el super banquete!! Toca una peazo tallin por nación asi que Joe y yo salimos ganando claro. El resto se mueren de envidia por la parte que nos toca.
Está buenísima, las zanahorias sabrosísimas y al comerlas con la mano más, el pan mojado en esa salsa con guisantes aplastados ummmmm . Exquisitísmo!.

No somos capaces de acabarla pero casi. “se recoge la mesa” y lllega el turno de la música. Hassan empieza a deleitarnos con canciones a ritmo de jembé, más que nunca sentimos que estamos en África. Canta canciones de su tierra, de estribillo pegadizo. Ibrahim deja de escaquearse y comienza a tocar con él. Los dos a dúo nos animan a que acompañamos con palmas y repitamos cosas indescifrables. La cosa es algo guirista de más pero la música es bonita y Hassan le pone alma.

Entre canción y canción miramos hacia atrás y flipamos con la luna. Una vez más “la suerte nos acompaña” y tenemos la mejor noche posible en el desierto. Ayer había bruma y no se veía la luna. Hoy está ahí, clara y además llena, eclipsa a miles de estrellas y dibuja dunas de arena luna.

Toca el turno musical de los guiris, horror, nos van a hacer cantar! Primero los catalanes se deciden por una canción infantil, claro. Luego los gabachos, una canción de patria,de estas interminables. Luego nos toca irremediablemente. Y ahora que. No se nos ocurre nada!! Pánico.
Joerrrrr, marronazo, yo ya dejé de razonar hace rato, Joe, mucho más valiente, sigue entero. Pues cantamos “la flaca” de Jarabe, pos vale, pos ala, tu mismo. Yo ni me sé la letra. Pero el tio sale al paso y deleita al grupo con la mejor interpretación de “La Flaca” a ritmo de jembé que se ha escuchado en el Sahara. Enorme.

Bueno, tras el gran concierto la gente se va dispersando…nosotros aún nos animamos a una última subida a lo alto de una duna cercana a observar un rato el desierto bañado por la luz de luna. De nuevo indescriptible la sensación de sentirte un ser minúsculo. Muy Mágico.
Vaya noche. Ya refresca y estamos extenuados de sensaciones. Nos retiramos a la haima.
Ponemos el despertador a las 5:45 para ver el amanecer de un nuevo día.
Sentimiento de mucha plenitud, no se me ocurre mejor forma de acabar un día..ni de comenzar el segundo cuarto de siglo de una vida.

8 comments May 17th, 2007

Road trip camino del desierto.

Día 4. Fez-Merzouga. 510 km.
Un Road Trip al desierto.

Caminante son tus huellas
el camino nada más;
caminante no hay camino
se hace camino al andar

Sarajayne y yo nos levantamos creyendo haber soñado la misma pesadilla. Unos extraños espíritus flotaban por nuestra estancia del palacio en forma de voces y cánticos. Ya despiertos convenimos en que no había sido una pesadilla. A eso de las cinco de la mañana el muecín de la cercana mezquita había comenzado el llamamiento a la primera oración del día, las demás mezquitas se iban haciendo eco, pero se oían realmente cerca, casi dentro de nuestros oídos.

Viaje. Dia 4.Comenzaba el cuarto día y nos esperaba la jornada con más horas de carretera de todo el viaje. El objetivo era llegar al hotel Yasmina, cerca de las dunas de Merzouga, una lengua de arena que anticipa el desierto del Sahara. Este hotel nos había sido recomendado por Elena de Paz, y habíamos hecho una especie de reserva vía telefónica. No había tiempo que perder así que nos despedimos rápidamente de todo el grupo y salimos en busca del golfillo.

Justo enfrente de donde habíamos aparcado el día anterior había una tienda. Una de esas tiendas estilo al “ultramarinos” de toda la vida que ya casi ha desaparecido en España. En Marruecos las hay a miles. Compramos dos hogacinas de pan, unos quesitos, yogur líquido, unos bollos de chocolate, un litro de leche, zumo y algunos otros víveres que nos sirvieran para el desayuno y la comida del día. Total 39 DH, menos de 4 euros. Saliendo de Fez paramos en una cafetería de la ciudad nueva para chutarnos un café antes de acometer el largo viaje que nos esperaba.

Este era uno de los días que se nos planteaba más complicado. Eran muchos kilómetros por un terreno totalmente desconocido. No sabíamos si seríamos capaces de completar el plan, que estaba lleno de incertidumbres, por eso decidimos salir tan pronto. Del éxito de esta jornada dependía básicamente que pudieramos continuar con el plan inicial o no. Confieso que el desierto siempre me ha atraído. Me produce una idea de inmensidad a la que no me puedo resistir. Al mismo tiempo es algo que parece, al menos a priori, totalmente remoto. Al final no es tan difícil llegar, pero para eso hay que ir primero, claro.

Tras el café llenamos de nuevo el depósito del golfillo. 370 DH por 3/4 del depósito, más o menos un euro por litro, igual que en España. Eso si, para los marroquís la gasolina es un verdadero lujo, por eso no hay muchos coches por la carretera, y los que hay van más que cargaditos.

Cerca de IfraneTras abandonar definitivamente Fez y tras los controles rutinarios de la policía en los accesos a las principales ciudades, nos fuimos acercando a Ifrane, que viene a ser el Baquiera-Beret del reino alauí. Unos kilómetros antes ya nos habíamos dado cuenta de que la temperatura había descendido hasta rozar los 2 ºC, y que había alguna que otra colina donde se podía ver algo de nieve. Aún así no estábamos preparados para lo que estábamos a punto de descubrir en Ifrane: casas repijas de diseño ultramoderno, un balneario grandísimo, coches 4×4 de las primera marcas (Porche incluída), etc… creímos haber dado con el lugar de vacaciones de invierno para los marroquís acaudalados. No nos interesaba demasiado así que seguimos tragando kilómetros.

Encuentros en la tercera fase
Poco después llegamos al desvío de Azrou, donde se encuentran los cruces de las carreteras que van a Fez, Marrakech, Meknes y Merzouga. A partir de ese punto te encuentras durante decenas de kilómetros con impresionantes bosques de cedros enormes. En las cunetas aparecían hombres que mostraban una especie de tarros de plástico o cristal con un líquido anaranjado. Nos quedamos con las ganas de saber lo que vendían: ¿miel?, ¿ámbar?, ¿resina?.

Cada kilómetro recorrido nos traía nuevas sorpresas. A partir de Azrou los paisajes se tornaron algo maravilloso para disfrutar incluso a través de la luna de un coche. Algo realmente único. Lo mismo estábamos ante una enorme recta techada de cedros de más de sesenta metros de altura, que una serie de curvas rodeando lagos o pedregales, que atravesábamos pueblos en los que los hombres nos miraban sentados desde la puerta de sus casas. Algunos de los puertos de montaña que sobrepasamos en ese tramo rondaban los 2000 metros de altitud. Los hombres tiranban de sus burros cargados hasta los topes de bártulos por las cunetas, y esa imagen nos llevaba a las aldeas tibetanas. Algunos tramos eran verdes, otros desérticos, otros pantanosos, y con solo girar una curva en cambio de rasante te encontrabas con un inmenso bosque. Todo esto, con las impresionantes cumbres del Atlas al fondo, otros dos mil metros por encima de nuestro nivel. Casi todo el tiempo se podía conducir a unos 80km/h, llegando incluso a los 100km/h ya que la carretera estaba prácticamente desierta. Hacía muchísimo tiempo que no me divertía tanto conduciendo.

El único pueblo medianamente grande que aparecía en el mapa era Midelt, el cual rebautizamos como middle (of nowhere). Como se acercaba la hora de comer creímos que era una buena baza parar unos kilómetros antes para comer el bocadillo y aprovechar Midelt para tomar un café. Y así lo hicimos. Nos apartamos en un camino aledaño a la carretera y navaja en mano nos pusimos a cortar las hogacinas y el chorizo envasado al vacío que habíamos traído de casa. (el embutido de cerdo marroquí… como que no). Nos pegaba un viento gélido que sólo mitigaba el sol que brillaba con fuerza. Dentro del coche te morías de calor. Fuera te congelabas. Zampamos en vida y cambiamos de conductor. Diez minutos después estábamos en Midelt.

Asociación de ayuda a los bereberes de Midelt
Paramos en Midelt sólo para tomar un café. He de decir que soy bastante cafetero, pero Sarajayne es una auténtica yonki. Y qué coño… después de comer, era lo suyo. Al aparcar frente a una acera ya teníamos a un vil al lado conduciéndonos al Café-Restaurante París, que es donde trabajaba: no piensen ustedes en una reproducción de un café parisino. Era un garito con tres mesas, una nevera y la cocina a la vista. “¿Sois de Madrid? ¿Cuatro Caminos?“.

El equipo madrileñoLe pedimos dos cafés solos y le pedimos que nos enchufara un rato el cargador de la cámara de fotos que se había agotado. Al lado comían tres parejas de motoristas españoles. Un coruñés estuvo un rato hablando con nosotros: también iban a Merzouga. Todo el mundo para en Midelt porque está justo a medio camino y no hay ningún otro pueblo medio grande. El vil era bastante atento y hasta nos empezó a caer majete. A los motoristas les estaba ofreciendo no se qué de una visita a una asociación que tenían. Pasaron bastante de él. Cuando nosotros nos íbamos también nos quiso llevar a su asociación. No nos hacía mucha gracia y se él mismo se pispó así que nos dijo que sólo nos iba a dar una tarjeta. Le dije que fuera a buscar la tarjeta y que nos la llevara al coche que ya sabía donde estaba aparcado. El tío se ponía pesado de más y darle largas ya empezaba a ser algo violento. Tampoco le interesaba mi trato y vio que por ese lado no iba a sacar gran cosa. Entonces nos empezó a comer la oreja con que su asociación ayudaba a la gente de las montañas y que si le podíamos dar algún regalo. Después de mucho pensarlo le di un pantalón de chandal que tenía y casi nunca me pongo. Aún así se me quedó mal sabor de boca. El tío llegó a conmoverme pero ya me había parecido un vil. Nada comparado con lo que nos contaron un par de días después Fátima y los madrileños.

Pasaron por Midelt unas horas más tarde que nosotros, pero era ya muy tarde y pararon para hacer noche. Otro personaje del pueblo les fue con el mismo cuento: la asociacion de ayuda a los bereberes de las montañas. Como no tenían otra cosa que hacer fueron a ver qué pasaba por allí. Les llevaron por separado a uno a cada habitación y empezaron a ofrecerles todo tipo de enseres, de alguna manera obligándoles a comprar. Les intimidaron a cada uno por separado diciendo que esa era la tradición y que si no compraban nada no se podían ir. Alguno que otro llevaba subidito el nivel de THC en la sangre y las debió de pasar bastante putas. Acabaron comprando lo más barato que había y al mínimo precio posible solo para salir de allí. Nuestro amígo del café París también estaba allí. Todo el puto pueblo estaba compinchado. Y ya que es un lugar de paso y no es fácil retener allí a los turistas, han ideado esta especie de asociación que ayuda a las pobres gentes de las montañas para sisarte todo lo que pueden los hijos de la gran puta.

Conclusiones: 1) En palabras de Víctor: “Todo lo que suene a cooperativa o asociación… malo”. 2) No se te ocurra parar en Midelt por nada del mundo. Y si acaso cometes el error ni se te ocurra acercarte a la asociación ni entablar ningún trato con toda esa panda de viles.

Sarita al volanteUna vez abandonado Midelt entramos en una zona mucho más rocosa y desértica, que sería la tónica general de ahí en adelante. El paisaje era chulísimo y la conducción lo seguía siendo, aunque a estas alturas debería ser Sarajayne quien lo dijera, pues era quien iba al volante. Paramos a hacer un par de fotos y nos adelantaron los motoristas, que nos pitaban al pasar. Poco después les adelantábamos nosotros en medio de más pitidos. Y le fuimos cogiendo vicio porque empezamos a pitar a la nada, a saludar a los paisanines de los pueblos, a pitar en las curvas, en las rectas, a sacar la cabeza por la ventana, poner la música a todo trapo, a cantar en inglés con acento de Labaniego y todo ese tipo de chorradas que empiezas a hacer cuando ya llevas demasiadas horas metido dentro de un coche.

Nos encontrábamos rectas interminables con montañas rocosas al fondo, cañones en forma de media luna rodeados de palmeras, empezaban a aparecer oasis de vez en cuando, un embalse gigantesco, chavales en bici a decenas de kilómetros del pueblo más cercano. Seguíamos tragando kilómetros por la carretera general, disfrutando del sol de la tarde, riéndonos de todo y sintiendo las gomas del golfillo rodar sobre el asfalto: la carretera era nuestra.

Erfoud
Y entonces llegamos a Erfoud. La capital regional. Eran cerca de las seis de la tarde y ya estábamos bastante cansaditos del coche. Paramos a comprar unas pipas y más agua que se nos acababa. Teóricamente ya solo nos quedaban 40 km para el hotel y el merecido descanso. Nos ponemos a comer pipas para relajarnos. Un niño se nos acerca para pedirnos dinero. No hay dirhams, pero alguna de las chuches que nos hemos comprado si que le damos. Cuando acabamos las pipas nos ponemos en marcha de nuevo. Al arrancar el golfillo empieza a oler a quemado que te cagas y un humillo blanco sale bajo el capó…..

Pre-DesiertoNos acordamos de todo el santoral al tiempo que salimos corriendo del coche y levanto el capó para ver que pasa. Un montón de gente se arremolina en medio del coche. Un tipo nos dice incluso que si queremos que traiga un extintor. La primera sensación es de pánico total. Nos encontramos en el punto más lejano de casa de todos los que vamos a estar en este viaje. ¿No podía haber pasado algo así en Algeciras? Aparece un tío que supuestamente tiene un taller y se ofrece para desmontar el motor. En principio declinamos la oferta. No sé si el hombre estaría homologado como proveedor oficial de Volswagen. El humo solo duro unos segundos y ya no huele a quemado. Probamos a arrancar y va de maravilla. El hombre de la tienda que ofrecía el extintor nos ofrece su teléfono por si hay más problemas. De momento no. Salimos echando leches para Merzouga con el susto aún en el cuerpo. El momento ha llegado a Odisea/Penuria en la escala de Jorge.

Los viles de los cruces
Aún no son las 19h y estamos camino de Rissani. Está anocheciendo ya. Nos ha pillado el toro por entretenernos con las pipas. Al llegar a Rissani ya es noche cerrada. El pueblo está atestado de gente y aquí caemos en la cuenta de la existencia generalizada en todo el país de un tipo muy concreto de tío vil: el vil del cruce. Su técnica es bastante depurada. Se sitúan en una intersección de una calle o carretera en la que el camino a seguir no está muy claro para el turista que llega despistado. En cuanto te acercas y reduces para mirar las señales se acercan corriendo para “indicarte” ellos mismos. Por su puesto han visto la minúscula letra que en tu matrícula identifica tu país y ya te hablan directamente en tu idioma. Las primeras veces nos quedamos un poco flipados, pero aquí en Rissani ya era un canteo. Había tanto vil en el cruce, que al verlos a todos abalanzarse sobre el coche salí afilando rueda en la primera dirección que dios me dio a entender. Por suerte era acertada y estábamos camino de Merzouga.

Oasismo y PalmerismoEn la carretera de Merzouga ya era noche cerrada. El aire era seco y al lado de ambas cunetas se intuía el comienzo del desierto. En algún punto, incluso había tramos de asfalto completamente cubiertos de arena. Os lo aseguro: te los encuentras y acojona. Llegamos a Merzouga y volvimos a encontrarnos a otro vil en otro cruce. Nos hace la misma jugada. Le preguntamos por el hotel Yasmina y nos quiere llevar al hotel de su prima la muelles. Le mandamos a mamarla (el tío realmente tenía pinta de cabrón) y intenta hacernos de guía hasta el Yasmina. “Que te pires, pesao”. Preguntamos a otro tío que parece que regenta un hotel/pensión. Maquinando: “Si le decimos que ya tenemos la reserva del Yasmina pagada no nos abrasará para que nos quedemos en su pensión”. Inútil. Nos dice que es muy complicado llegar al Yasmina de noche y que nos vamos a perder. Que nos manda un chaval para guiarnos por una propinilla. Pasamos también de él. Ya nos empezamos a cansar de tanto vil.

Hay que tener en cuenta que aquí vienen muchísimos turistas a conocer el desierto. Muchos amantes del motor. 4×4, motos de enduro, quads, etc… incluso una de las etapas del Rally Dakar pasa casi todos los años muy cerca de Merzouga, y estos tíos están acostumbrados a vivir de esto. Al final llamamos al Yasmina y Youssef nos explica, más o menos que a medio camino entre Rissani y Merzouga hay que coger una pista de tierra de 14 km que nos llevará al hotel. Tenemos que desandar el camino. Es tarde, llevamos casi 500 km a las espaldas en lo que va de día por estas carreteras de Alá y no sabemos donde coño vamos a dormir. En cada cruce de la carretera nos paramos a ver los carteles de los hoteles que hay. Yasmina sigue si aparecer. Después de casi 20km de camino desandado aparece. Entramos en la pista que está medio señalizada, aunque sólo está preparada de verdad para un 4×4. Nosotros tenemos que ir a 20km/h. Si nos perdemos aquí estamos realmente jodidos.

Eureka!!
Vamos avanzando despacio tratando de pensar en cosas felices como comida caliente, una ducha o una cama donde dormir. Nunca tenemos la certeza de que llevemos el buen camino. Estamos en el puto desierto, son más de las nueve de la noche y aquí no aparece ningún vestigio de hotel, aunque sólo deberíamos estar a 3km. Bueno, a las malas, los asientos son reclinables y aún nos queda salchichón.

Nos adelanta un tuareg con un vespino destartalado, vestido con su túnica y su turbante. De repente reparamos en que hay más luces de otros vespinos que se mueven no muy lejos de nosotros. ¿será una emboscada? Al cabo de un rato (recordemos que avanzamos a la supersónica velocidad de 20km/h) vemos un cartel: Hotel Yasmina > 2,5 km. Yupiiiiiii!!! Estamos llegando. Imediatamente delatne hay un tramo de veinte metros de pura arena. Si meto el coche ahí no salimos ni de coña. Nos quedamos parados sin saber que hacer.

Uno de los vespinos se nos acerca. Le preguntamos si hay otro camino para llegar al Yasmina. Nos dice que sí, pero que es un poco complicado llegar. Se ríe. Esto no pinta nada bien para nuestros intereses económicos. Le pido que nos explique y me despacha con un par de vaguedades. Sarajayne y yo empezamos a calcular cuanto nos va a cobrar el cabrón por llevarnos hasta el hotel. No le pagaremos más de 50 DH. Le pedimos precio. Nos dice que 100DH. Le decimos que si flipa o qué pasa. Que 50 y va que arrea. El tipo dice que ese es el precio y que el no empieza más alto para luego regatear. Y que si no nos interesa, pues nada. Arranca la moto y avanza un par de metros. Me veo en la humillación de decirle que pare y que sí, que te vamos a pagar tus putos 100 dirhams, motovil de mierda.

El cabrón nos lleva en menos de cinco minutos y por una pista por la que se puede conducir a 40km/h hasta el mismo hotel. Al bajar le vacilamos con el pago. Se ríe lo justo, pero cobra sus 100DH. No teníamos mucha opción y ellos lo saben, por eso se pasan la noche paseándose con sus vespinos por el desierto. En busca de algún par de incautos que se pierdan.

Aparcamos y entramos en el hotel. Yossuef nos dice que gracias a Alá que hemos llegado y que aún podemos cenar. Nos lanzamos sobre la comida como dos auténticos muertos de hambre (bueno, eso era yo, Sarajayne mantenía la compostura), con los ojos excitados por la luz después de varias horas en la total oscuridad del desierto. Las manos temblorosas de la adrenalina y las piernas del cansancio. Quizá deberíamos preparar estos viajes un poco más para evitarnos estos incidentes. Aún así…. tenemos estrella. Todo nos acaba saliendo bien.

Tenemos un plato con comida caliente, agua potable en medio del desierto, una cama donde dormir y una duchita de agua caliente para quitarnos el polvo de tantos kilómetros recorridos. Y además, tenemos un sueño cumplido, pero de eso no seríamos del todo conscientes hasta mañana.

5 comments May 6th, 2007

Fez. Un viaje a la Edad Media

Día 3. Fez. 4 km.
Un viaje a la Edad Media

El centro del universo es, sin duda,
un lugar maravilloso excavado en la roca
llamado Fraggle Rock.

Puerta de la muralla de Fez

La medina de Fez es uno de los lugares más fascinantes, misteriosos e impactantes para todos los sentidos que puede tener Marruecos. Su laberinto de calles, que en ocasiones no superan los dos metros de ancho, alberga edificios adosados unos a otros, pasadizos, puertas que acceden a viviendas, tiendas de todo tipo de artilugios para el menaje del hogar, barberías, teterías… No hay nada que no se pueda comprar o vender en la medina. Si te atreves a conocer un poco este entorno habrás de recorrer sus calles. Y antes de que te entren las dudas te lo haremos saber: te vas a perder.

Recorrer la medina te hace sentirte como un pequeño fragel. Es un mundo mágico y misterioso que es principio y fin en si mismo. Parece que pudiera existir apartado del resto del mundo que conocemos, en una dimensión paralela. Has de tener el arrojo de convertirte en un explorador para recorrer todos sus túneles y jugártela a desaparecer en su laberinto. En la mayoría de su recorrido ni si quiera podrás ver la luz del sol. No hay por qué temer: siempre aparecerá alguno de los miles de curris que habitan el lugar y lo conocen palmo a palmo. A cambio de unos dirhams te harán de guía si así lo requieres, o simplemente te sacarán del berenjenal en el que te has metido. Sarajayne y Joe, cual Lucy y Gobo, nos adentramos a descubrirlo.

Palacio Al-MansukEl palacio
Tras despertar en el hotel Batha y disfrutar de su desayuno incluído en los 47 eurazos que nos costó nos lanzamos a buscar alojamiento para la siguiente noche. Fez estaba hasta las patas de gente y todos los hoteles llenos. Sólo cabía buscar en alguna pensión o apartamento, que son básicamente casas que te alquila la gente. Seguramente su propia casa, mientras ellos se van a pasar el día a casa de unos familiares. En Marruecos es fácil conseguir alojamientos de este tipo. Te lanzas a la calle y preguntas. Alguién te hará de “guía”. Los marroquís son expertos en combinar sus facetas de amabilidad y comisionismo. Nuestro guía del día fue Ibrahim. Era uno de los guardias del aparcamiento del día anterior. Y allí estaba a primera hora de la mañana vigilando con sus colegas y esperando que apareciera algún cliente.

Vista panorámica de la ciudadEl asunto no era sencillo. No había casi sitios donde dormir y teníamos que encontrar sitio para Fátima y los seis madrileños más otras cuatro personas a las que no conocíamos y que se iban a unir a su grupo. Un pollaster, vamos… Ibrahim encontró la solución. Y esa no era otra que el palacio Al-Mansik. Se subió con nosotros en el coche y nos guió hasta un lugar cercano a la muralla de la ciudad. Nos dijo que había un palacio en el que podíamos dormir las 13 personas que necesitábamos cama esa noche. Yo no entendía mucho lo que estaba pasando, pero era pronto y si no nos gustaba su solución aún había tiempo de buscar más. El tal palacio era un palacio de verdad. Un antiguo palacio árabe en el que ahora vivían dos familias. Un auténtico palacio con sus jardines y su patio y todo el rollo. La Alhambra en versión desconchada a nuestros pies. Cuando vimos el percal nos quedamos flipando. Sólo poder disfrutar de aquella vista ya había valido el viaje con Ibrahim. Mientras el hablaba con el dueño de la parte de abajo nosotros paseábamos por el patio cual reyes moros dedicados al disfrute de la belleza mientras los cortesanos se ocupan de los asuntos del reino. Nos mostraron nuestra estancia, una especie de salón inmenso con unos ocho sofás en los que se podía dormir más dos habitaciones adjuntas con tres o cuatro camas grandes y dos baños. Sólo faltaban un criado para meterte las uvas en la boca una por una, mientras escuchábamos música de dulzaina marroquí.

La voz de Ibrahim nos sacó de nuestros elevados pensamientos trayéndonos de vuelta a la cruda realidad del regateo. El pibe nos pedía 4.000 DH por la estancia. Lo cual, a todas luces era un canteo. No hubo negociación posible. Se negaba a regatear. Así que nos fuimos a hablar con su pariente del piso de arriba. Nos apareció una señora con una especie de chilaba-pijama y el pelo teñido de un rubior casi fluorescente. Todavía venía frotándose las legañas y tenía un aire pijo terrible. Fue inmediatamente bautizada como Carmina. No hablaba casi ni francés, así que Ibrahim dirigía las negociaciones. Como en cada regateo, hablábamos entre nosotros de cual era el precio máximo que pagaríamos. Pero claro, esto hay que hacerlo en un castellano barriobajero porque aquí son muy cucos y se coscan de . Hay que decir loros y no euros, o dé-haches y no dirhams, chonta en lugar de dinero o incluso pasta o pelas porque seguro que se enteran. 2.000 DH ya nos parecía caro, pero realmente necestábamos un sitio donde dormir para todos y la cosa iba a estar jodida. Al final salió por 2.500, gracias a la ayuda de Ibrahim, que en medio de una diatraba en árabe soltó un par de veces la palabra “estudiantes”. Carmina accedió con un gesto seco de cabeza y le soltamos la mitad de la pasta en el momento. Eramos 13, aunque ahí todavía cabía más gente. Seguro que para dos podríamos haber conseguido algo más barato, pero así estaba el percal. Al pirarnos nos preguntábamos cuanto se estaría llevando el Ibrahim de todo esto. Estimamos que unos 500 DH por lo menos…

Vista panorámica de la ciudadAl salir de allí con el coche Ibrahim se enciende un cigarro dentro sin preguntar ante nuestras miradas atónitas y poco después ve a una colega que pasa por la calle. Me manda parar y le dice que se suba. Subimos los cuatro en primera por las rampas de la calle esquivando coches aparcados y tenderetes varios. Apenas había espacio. Nos presenta a su amiga que también es, como no, “guía oficial”. Se llama Shana. La situación fue bastante divertida. Volvemos al parking y dejamos allí el coche.

Fes-el-Balí
Ibrahim estaba dispuesto a hacer el agosto con nosotros. Nos quiere cobrar otros 300 DH por hacernos de guías por la medina. 1) no estamos dispuestos a estar todo el día pegados a él. 2) Esa pasta es un canteo. 3) Después del paseín la noche anterior por los primeros callejones de la medina nos sentimos fuertes para adentrarnos por nuestra cuenta y riesgo. El argumento que utilizamos para rechazar su ofrecimiento es el número 2. Sarajayne le dice que como mucho le pagamos 100DH y al pibe se le desencaja la cara. Con un regate de primera nos dice que lo mejor es que cuando vengan nuestros amigos vayamos todos juntos y nos hace un precio para todos. Vamos… que por el como si visitamos la medina a la pata coja. Nos piramos.

Cementerio de FezSalimos hacia fuera de las murallas y tratamos de orientarnos dentro de la ciudad vieja con un plano que conseguimos en internet. Hay otra parte de la ciudad, (la ciudad nueva) que está a un par de kilómetros de la Medina. Conseguimos alcanzar un punto elevado desde el que nos hacemos una composición de lugar. Segimos andando hasta toparnos con el impresionante cementerio de la ciudad. Atrevesarlo nos producía una extraña mezcla de pudor y morbo, pero estaba en nuestro camino y no pudimos rechazar la tentación. Miles y miles de tumbas apiñadas unas contra otras. De las inscripciones sólo podíamos entender las cifras, pero algunas eran realmente impresionantes. Otras tumbas estaban casi abandonadas, algunas, muy pequeñas seguro que guardaban los restos de algún niño. La energía que desprendía ese lugar era algo electrizante. Nos envolvía junto con toda la montaña. Una sensación imposible de describir. Hicimos el camino en silencio, como no podía ser de otra manera. En algunas tumbas se veía a gente rezando y en una de ellas, tres hombres mayores emitían unos cánticos que te erizaban hasta el vello del intestino. A pesar de sentir que de alguna manera estábamos violando la intimidad de esos miles de muertos que Alá tenga en su gloria, nos fue imposible no quedarnos absortos ante semejante espectáculo. Lo más curioso de todo es que el cementerio no era un lugar cerrado y apartado, como sucede en España, sino abierto e integrado en la arquitectura de la ciudad. Una forma, quizá, de no apartar a sus muertos, sino de respetarlos como parte de sus propias vidas.

La barbería
De vuelta en la medina, muy cerquita de nuevo del hotel Batha y del aparcamiento encontramos una barbería. En Marruecos se sigue afeitando a navaja a día de hoy, y es una experiencia que todo barbudo debería probar. El colega me dejó la cara como el culito de un niño, fresca como una lechuga. Otro inmenso placer para los sentidos por apenas 20 DH. Lo mejor de todo fue, sin embargo, el ambiente de la barbería. Un espacio de unos 6 metros cuadrados en el que había dos sillones, el espejo y el lavabo y un banco donde se sentaban los parroquianos a charlar de sus cosas. Tres hombres charlaban animadamente dentro. Sus bigotes y sus chilabas eran lo único que los diferenciaba de nosotros, puesto que, aún sin entender una palabra de lo que decían, era una conversación de peluquería fijo. Sarajayne se quedó a la puerta, un poco intimidada por la situación y los hombres se pusieron en pie invitándola a entrar y a sentarse en el banco. Hay que tener en cuenta que aquí las mujeres apenas interactúan con los hombres en público. Ni si quiera ves a mujeres atendiendo en las tiendas o los bares.

En el barberoEn un pis-pas el hombre se puso brocha y crema en mano a embardurnarme la cara y acto seguigo con unos toques precisos de dedos fue moviendo la navaja a ras de piel hasta dejármela pelada. Cuando ves en el espejo la navajar rozarte el cuello esperas que el tío no se ponga nervioso porque entonces vas a flipar… pero no. Este era un verdadero profesional. Mientras afeitaba también asentía a los argumentos de sus colegas en el banco. Que no perdía comba, vamos.

Viaje a la edad media
Fue entonces cuando nos adentramos por fin de lleno en la medina. Nos dimos cuenta de que la noche anterior apenas habíamos recorrido una pequeñísima parte del gran laberinto. Podría estar aquí horas escribiendo sobre lo que allí ves a cada paso. Pero no serviría de nada. Aquello hay que estar allí y verlo. Manuel me había hablado muchas veces de la medina de Fez y yo jamás me la había imaginado tal y como es. Así que mejor no malgastar palabras. Sarajayne si que la había visitado en un viaje anterior, acompañada de un niño-guía que huía de la policía.

Caminamos largo rato por las callejuelas dejándonos llevar por la inspiración hasta que encontramos una placita (de los pocos lugares abiertos que llegamos a ver). El paseo por los callejones te traslada completamente a la edad media si no fuera por las tiendas de electrodomésticos y los posters del Real Madrid. Sabíamos que por allí cerca estaba la plaza de los curtidores, el lugar donde estos expertos trabajadores de la piel la tratan y tiñen. Todos se ofrecían a llevarnos y pasábamos de ellos, y entonces fue cuando apareció Rashid.

Rashid
Rashid es uno de esos tipos avispados cuyo oficio puede definirse como superviviente de la calle. Aunque no sería muy exacto, porque es algo más que un superviviente, es un vividor. Y las callejuelas de la medina se le dan de miedo. Se le ve cayo.

Plaza de los curtidoresYa habíamos rechazado muchas ofertas de “guías oficiales” que querían mostrarnos la terraza de los curtidores cuando el apareció. Pasó caminando a nuestro lado y sin pararse nos indicó, en perfecto castellano por dónde podíamos ir. Siguió caminando. Nosotros seguimos dando rodeos y al momento nos lo volvimos a encontrar. Nos volvió a hablar de la terraza y nos dijo que subir era gratis, que había una terraza encima de una tienda y no te cobraban nada que los de la tienda dejaban subir a los turistas solo para ver si compraban algo. Pero en ningún momento se ofreció a hacer de guía. Nos volvió a señalar el camino entre las callejuelas y cuando lo seguimos vino detrás de nosotros. Nos preguntó por nuestros nombres. “Yo, Rashid. Ricardo en español”. Comentó que tenía una novia tocaya a Sarajayne, que era brasileña y que venía a verle todos los años. Y que las mujeres cuanto más anchas por delante, mejor. Le dejamos a la puerta y subimos a la terraza para encontrarnos con una vista increíble. Un conjunto de pequeños pozos donde trabajan los curtidores de pieles. Como no teníamos “guía oficial” nos perdimos los detalles del proceso de tratamiento de la piel, pero la vista era espectacular y el olor ni te cuento. A pesar de estar a la altura de un cuarto piso el hedor era insoportable.

Plaza de los curtidoresCuando salimos de la tienda (igual de cargados que al entrar) Rashid seguía por allí. Nos invitaba a visitar la peluquería de su colega y estar allí con sus amiguetes. ¿Por qué no? Vamos a ver qué se cuentan los medinenses. Apenas a dos callejones y un pasadizo de distancia estaba la pelu. Un local de unos 8 metros cuadrados con un techo de, más o menos, 2.10m. Allí estaba el colega peluquero cortandole el pelo a un cliente, y en el banco (intuimos por extrapolación que todas las peluquerías tienen uno) el resto de colegas. Uno muy empanao, otro que se comportaba como un auténtico secuaz y una chica cuya chilaba y chador no le disimulaban en absoluto su pinta de golfilla. Según Rashid era su novia, y nos decía señalándola, en castellano, que no sabía nada de la brasileña, claro. Ella se reía, con lo que intuímos que no controlaba castellano. Poco después nos dimos cuenta de que el único que lo hablaba era el propio Rashid, pero todos se descojonaban con nosotros. Yo creo que hasta les hacía ilusión que estuviéramos allí. La situación era totalmente sui géneris, pero todos lo estábamos pasando bien.

Rashid nos dijo que qué quieríamos tomar: café, té o lo que fuera. Le dijimos que dos cafés y mandó al secuaz a por ellos. Al momento empezó a desplegar sus verdaderas intenciones. En primer lugar nos quería colocar una ficha de hachís por 100 DH. También nos decía que si queríamos un kilo para llevar a España nos lo podía conseguir. Le hablamos de que nuestro interés por el tráfico de drogas era nulo, más allá de las posibles consecuencias penales de la actividad. Pero eso no le hizo desistir automáticamente. Insistió e insistió hasta que vio que no iba a sacar nada por ese lado. Luego nos empezó a hablar de una fiesta que había esa noche muy muy guapa, en una mansión con piscina… que sólo teníamos que pagar no sé cuanto y ya le cortamos el rollo diciéndole que nos teníamos que ir. En la puerta nos cruzamos al chaval de los cafés. Nos los tomamos y Rashid nos insitió en la ficha del hachís. Nos dijo que la tenía el secuaz. Por eso había tardado tanto. Hay que joderse….. Le dimos una propinilla por los cafeses y nos fuimos de allí. El tío tenía realmente oficio porque en ningún momento nos llegó a pedir nada. Sólo nos ofrecía posibilidades para pasarlo bien según el mismo. Ya no le volvimos a encontrar, y seguro que seguía por allí paseando con aire de que las cosas no iban con él.

Hay que ser tonto para perderse en la Medina
Tras sentirnos “confundidos” un par de veces conseguimos llegar de vuelta a la plaza en la que habíamos estado antes y seguimos nuestro camino. En la primera parte habíamos ido bajando un larga y estrecha calle repleta de tiendas. Ahora subíamos una calle parecida y lo vimos bastante claro. En la medina había una calle principal que formaba una especie de “V”. Abajo del todo estaba la plaza. Simple, ¿verdad? Joer… mira que son exagerados estos “guías oficiales”. Sólo quieren confundirte para hacerse necesarios y sacarte la chonta.

Una imagen de la medinaSe puso a llover y además teníamos hambre, así que buscamos un lugar donde comer. Al doblar una esquina nos asaltaron cuatro “asesores de márketing” de varios restaurantes con los menús en la mano. Nos dejamos llevar por uno de ellos. Seguramente el que más voces daba o directamente nos agarraba del brazo. La elección era sólo ficiticia. Había tres o cuatro terrazas donde comer pero ninguno tenía cocina, eran simplemente teterías y todos los camareros salían con la comida por la misma puerta que estaba en la acera de enfrente. Seguro que hasta el menú era el mismo. De estas y otras cosas nos fuimos dando cuenta en el rato que estuvimos allí sentados con el cus-cus, las brochetas, la sopa, el té moruno con hierbabuena y las fantas, que no falten. Total 180 DH entre los dos. Un pastón, pero no dijimos a nada que no.

Seguía lloviendo y hacía frío, pensamos en ir al coche y cambiarnos de ropa, ponernos las botas de montaña y abrigarnos algo más. La putada es que estábamos lejísimos del aparcamiento, así que agarrábamos con fuerza los vasos de té para calentar las manos. Al final decidimos ponernos en marcha, al doblar una esquina vimos una puerta de la muralla que nos sonaba familiar, de repente descubrimos el sitio donde habíamos cenado la noche anterior. Dimos cuatro pasos atrás y nos encontramos con que el sitio donde acabábamos de comer estaba puerta con puerta con la barbería donde me habían afeitado esa misma mañana. A escasos 200 metros del aparcamiento. Habíamos deshecho el camino por una calle paralela. Sí, hay que ser imbécil para perderse en la medina.

Más medina
Por la tarde, ya con los pies secos y con un poco más de consciencia de nuestra situación visitamos la parte baja de la medina. Descubrimos que hay una serie de rutas que van marcadas por unas estrellitas que se pueden ir siguiendo a lo largo del recorrido, eso nos facilitó el trabajo. Buscábamos la mezquita Kairouyine, la principal de la ciudad. Es, en realidad un conjunto de edificios en los que aparte de la mezquita hay un centro de estudios islámicos. Está considerada como la primera universiad del mundo, fundada en el año 859. Esperas encontrarte un edificio impresionante, pero no es posible, pues está completamente integrado en la medina. Y las calles que lo rodean no superan el par de metros de anchura en algunos puntos, por lo que no lo puedes observar en toda su magnitud. Además estaba cerrada al público por reformas.

Mezquita de los AndalucesLo mejor fue la forma de llegar allí. Para que no nos abrasara ningún “guía oficial” le preguntamos a un señor mayor que regentaba una pequeña tienda de cerámicas. Este nos comentó algo de “una puerta” y nos condujo a un joven al que le dió ciertas indicaciones. La situación se volvió un poco mosqueante cuando el joven nos condujo por un pasadizo casi oculto que daba a otra calle de la medina totalmente desierta, con todas las tiendas cerradas y nos dijo que le siguiéramos. Era flipante. Apenas unas calles más allá había un increíble berenjenal de ruidos, olores, luces, gente paseando, comprando o animando a comprar, y aquello era un pasadizo lleno de puertas cerradas a cal y canto donde solo caminábamos los tres. Cuando ya llevábamos cien metros y aquel túnel de tiendas cerradas parecía no tener fin le preguntamos al menda que a dónde nos estaba llevando. El hombrecillo nos comunicó que él era el “guardián” de esa zona y que era la de uno de los gremios (el de zapateros, si no entendí mal) y que ese era el día que cerraban, por eso todas aquellas tiendas estaban cerradas y los accesos a esa calle también. El tenía la llave que nos abriría la puerta al final del pasillo desierto. Y así fue, nos abrió la puerta y ya estábamos de nuevo en medio de todo el berenjenal y en frente de la mezquita. Un flipe… nosotros desconfiando de todo y la gente que no deja de hacernos favores, fue una experiencia brutal, pasar de un estado al otro. A nuestro amigo-guardián le dimos unos dirhams de propinilla por las molestias y nos despidió con una sonrisa, volviendo a cerrar la puerta y dejándonos aislados en medio de toda la gente.

Top Manta marroquí y Sarajayne haciendo el monguiNos dió tiempo aún a pasar cerca de la mezquita de los andaluces (que también estaba cerrada, aunque quizá no nos hubieran permitido visitarla al no ser musulmanes) y ver a los marroquíes comiéndose sus pinchos morunos en la calle, a observar cómo funciona el “top-manta” marroquí y a ver los cafés “pijos” de la ciudad (lugares en los que las sillas y las mesas son un poco más ostentosas de lo habitual, pero todavía cutres para nuestros estándares). En realidad no somos tan diferentes. Marruecos, en muchos casos puede ser un país como era España en los años 50, pero con parabólicas y ADSL. Muchas personas nos decían: “marroquíes y españoles somos como hermanos“. Y así lo siento yo, a pesar de pasear como un turista por un país cuyos estándares de vida están muy por debajo de los del mío. También pensaba que si ese buen hombre dijera eso en España a lo mejor le corrían a palos. Es una cuestión de conocer. Tener a las personas delante y hablar con ellas. Sería muy recomendable para todo aquel que dice que le tiene “manía” a los moros. No le vendría mal darse un garbeo por aquellas calles.

El baño públicoEn lo que si que hay diferencia entre nuestros dos países es en los baños públicos. Preguntamos a un poli donde podíamos hacer nuestras cositas y nos indicó uno dentro de la medina al que acudimos. En lugar de papel higiénico te encuentras una pila en medio y un montón de calderos. Cada uno que llega llena un caldero y se mete a uno de los “tigres”. La técnica de limpieza no me la quiero ni imaginar….

Se iba haciendo de noche y empezamos a salir del pollaster. El equipo madrileño, capitaneado por la incombustible Fátima estaba al llegar, aunque una hora antes llegaban otros colegas de un colega de un colega… en fin… muchos “dés” que no viene a cuento explicar ahora, pero que iban a dormir también en nuestro palacio. Hicimos tiempo tomando un café en un bar donde se estaba retransmitiendo el Barça-Depor.

La puertaCuando por fin nos reunimos todos en la plaza Batha ya era bastante tarde. Guiados de nuevo por Ibrahim acudimos a Palacio, allí fuimos sacando los víveres de los que disponíamos para improvisar una “frugal” cena. Chorizos, empanada, latas de mejillones y de pulpo, botella de ron, licor café…. vamos, las típicas cosas que te encuentras por Marruecos. Hubo a quien le dio algo de mal rollo las pintas que Carmina nos tenía a esas horas, pero no hubo mayores problemas y cuando se acabó el licor-café nos fuimos a dormir los 13. Un detalle a la hora de hacer las cuentas es que Fátima me quiso empezar a regatear: “caro, caro…” - me decía. ¡¡Hasta ahí podíamos llegar!!

Fue un día tan largo como maravilloso. Se pueden vivir mil vidas dentro de la Medina, o se puede no vivir ninguna y simplemente observar las de cuanto viandante pase ante tus ojos. Nosotros simplemente nos zambullimos en el caos por el simple placer de explorarlo. Nunca he entendido a los que creen en los extraterrestres, los que se preocupan por explorar mundos lejanos. Y es que, queridos amigos, hay muchos mundos… pero están en este.

8 comments April 26th, 2007

La orilla africana del estrecho

Día 2. Algeciras - Fez. 324 km.
La otra orilla.

a lo lejos se ve la otra orilla.
no me haré viejo sin ver la otra orilla. Amén.
y allí todo brilla
y allí todo encaja bien.
En esta orilla no hacía pie.

El Golfillo en el ferrySon sólo 14 kilómetros. Un sólo paseo de 14 kilómetros por encima de las aguas que unen al Atlántico y al Mediterráneo y dejarás de estar en Europa para estar en África. En todos los sentidos. Este brazo de agua es la frontera que soporta una mayor desigualdad económica a sus lados en todo el mundo. De ahí que hasta que el gobierno marroquí pusiera seriamente a sus gendarmes a patrullar la costa, ésta se llenara de pateras con seres humanos tan desesperados como para subirse a ellas en busca de un futuro más que incierto en la “próspera” Europa. Cuesta imaginar cómo desde España podemos sentir tan lejos una tierra que está tan cerca y que sea tan desconocido y despreciado un país que tanto tiene que ver con nosotros. Catorce kilómetros. Lo que hay entre Noceda y Toreno, entre El Barco de Valdeorras y La Rúa, la distancia entre las salidas de O’Donnell y el Vicente Calderón en la M-30. No sé si cuando Hércules separó esos dos pedazos de tierra sabía que miles de años después el abismo que los separaría iría mucho más allá de su dimensión geográfica.

El barco
Antes de que Lorenzo asomara sobre el horizonte ya estábamos degustando el desayuno guiri sabor plástico del hotel Reina Cristina con huevos, beicon y toda la pesca. Acto seguido bajamos de nuevo al puerto, esta vez buscando los embarcaderos donde pusiera “Ceuta“. No llevábamos billete, así que hubo que comprarlos allí mismo. Es difícil comprender cómo funciona esto de los ferris. Hay cincuenta páginas web donde comprar los billetes, cada dos pueblos de las provincias de Málaga y Cádiz hay alguna ventanilla donde también los puedes comprar. En el puerto hay oficinas de las diferentes compañías. Tú luego te compras un billete en cualquiera de ellas y parece que te acabas subiendo al primer barco disponible que salga. El caso es que conseguimos pasaje para los dos y el coche por 145 eurillos en el barco que salía a las 8.30h. En la cola para subir al barco había sobre todo 4.x4. La mayoría parecían llevar el mismo destino que nosotros: el desierto. No llegamos a saber si eran viajes organizados o simplemente locos del motor y el rally.

El Golfillo en el ferrySe abrió el portón y subimos a bordo, ahí abandonamos suelo europeo y dejamos atrás “la isla” que tal es el significado en árabe de Algeciras: (Al-Yazira, si, si… como la televisión de Qatar). Aparcamos en la línea y subimos a la terraza de la cubierta disfrutando de la vista de la actividad en el puerto.

El viaje en el barco dura apenas 45 minutos una vez que se empieza a mover. Es un barco lo suficientemente grande como para no marearse, pero bueno, eso ya depende de la consistencia de las tripas de cada cual. Salimos del puerto y al poco tiempo ya dejábamos a nuestras espaldas la inmensidad de la roca que nos tienen ocupada los británicos. A Sarajayne le salió la vena nacionalista reivindicativa y empezó a gritar “¡¡¡Gibraltar español!!!”. El sentimiento nacional se fue contagiando y hubo también quien se animó con un “… ¡¡¡y Perejil también!!!”.

Antes de darnos cuenta ya estábamos en el puerto de Ceuta. Como aún es territorio nacional supongo que el cambio es menor. Aún no nos las teníamos que ver con los agentes de aduanas. Del puerto salimos rápidamente y tomamos la N-352 dirección Marruecos. Apenas vimos nada de la ciudad. Apenas tres o cuatro km de carretera y se nos acaba la posesión africana. La Guardia Civil te empieza a indicar que aflojes el pie del pedal porque estás a punto de llegar a la frontera.

La RocaBienvenis a la frontierie
El pollo que se monta entre las garitas es monumental. Aquí si que comienza la aventura. Primero hay que hacer una cola para los papeles del pasaporte y luego otra para los papeles del coche. Las filas están totalmente desorganizadas. Necesitas tres o cuatro firmas de garitos distintos para que te dejen pasar… en fin, un caos. Los aduaneros charlan animadamente y fuman sus cigarrillos como si esto no fuera con ellos. Entre tanto hay señores en chilaba que se dedican a informar a los españolitos de los trámites. Llevaba una especie de chapa con el nombre así que supongo que eran empleados de la aduana. Entre medias, decenas de marroquíes cruzaban a pie con todo tipo de enseres bajo el brazo o cargados a la espalda. De todas formas esa frontera no parece en absoluto un punto conflictivo. Yo me lo esperaba peor.

Lo mejor, como siempre que no se sabe algo, es preguntar. Y si preguntas a un español con pinta de espabilao, pues mejor. Porque seguro que te cuenta como hacer la 13-14 para acabar cuanto antes. La tontería de la aduana nos costó una hora más o menos. Un detalle importante para quienes se animen a bajar en coche a Marruecos es que en el momento que pasas el coche te dan un papelote en la aduana que tienes que devolver al salir. Si entras en coche en el país tienes que salir en el mismo coche o sino puedes tener problemas. Por lo visto es una forma que tiene el gobierno de evitar que se vendan coches extranjeros sin pagar los pertinentes impuestos. Para pasar el coche hay que rellenar una hoja en la que te piden el número del bastidor, la ficha técnica del coche y la carta verde, que es el justificante de que tu seguro te cubre en el extranjero. Una vez que tienes claras todas estas cosas ya es fácil cruzar.

Llegado el primer pueblo marroquí nos acercamos a un banco a cambiar chonta. El cambio que nos dieron fue 10.94 dirhams (DH) por eurillo. Creo que fue el mejor que conseguimos en todo el viaje. Las cuentas se suelen redondear a 10 DH = 1 aurelio. Claro… ellos salen ganando. En el pueblo había mercado y ya se veía color marroquí por las calles. Daban ganas de meterse en el fregao… pero teníamos algunos objetivos para ese día y mucha incertidumbre ante lo fácil o no que sería llegar, así que no había tiempo que perder.

Ruta. Día 2Los “vendedores” de las cunetas
El primer destino del día era Chefchaouen, la capital de las montañas del Rif, y el destino soñado de todos los fumetas. No es ningún secreto que más de la mitad del hachís que se produce en todo el mundo viene de estas montañas, y tuvimos claras pruebas de ello. Después de tomar la circunvalación de Tetuán comenzó la carretera de la montaña. Es una carretera de doble sentido bastante transitada. En muchos tramos se puede llegar incluso a 80km/h, pero hay muchos camiones y autobuses y es difícil adelantar, así que la mayor parte del camino vas a 40 o 50 km/h. Además atraviesas pueblos, se te cruzan cabras, paisanos en bici, vamos… que no conviene andar haciendo el Fitipaldi.

A medida que íbamos subiendo nos aparecían personajes salidos de entre los árboles agitando algo entre los dedos y haciéndonos señas. Hmmmm… curioso. ¿Qué se les ofrecerá a estos buenos hombres? El cuarto o el quinto que vimos al pasar ya fue más explícito y se llevó dos dedos a los labios simulando el acto de fumar. De manera intermitente señalaba la “piedra” que tenía entre los dedos. Bien. Ya sabemos qué es lo que venden estos.

Los valles del Rif son una verdadera pasada. Apenas a unos kilómetros de la costa ya hay montañas cercanas a los dos mil metros de altitud. Unas laderas escarpadísimas que dejan paso a valles verdes como Asturias pero llenos de olivos, urces y escobas. Plantas todas ellas que nunca creí poder encontrar en estas latitudes. En lo más alto del puerto paramos a echar una visual y dar cuenta de los dos últimos bocatas que nos quedaban del día anterior. Se nos acercaron dos chavalillos bastante asustadizos que flipaban en colores con nosotros. Uno le decía por gestos a otro que nos ofreciera costo. Pero no creo ni que quisieran hacer negocio con nosotros. Sólo nos miraban y flipaban en colores. Debían tener unos 15 o 16 años y nosotros debíamos ser de lo más exótico que habían visto en su vida.

Sarajayne en ChaouenChaouen es azul
Conseguimos llegar a Chaouen para la hora del café. Aparcamos y nos pusimos a dar un pirulo por este pueblo-ciudad de la montaña. No tiene una medina como tal, aunque sí cientos de callejuelas que suben por la ladera. Después de andar un poco nos sentamos en una terraza de la plaza principal a hacer gasto de nuestros recién estrenados dirhams. Hasta ese momento casi no habíamos tenido consciencia de estar en Marruecos. Todavía no sabíamos ni en qué idioma dirigirnos al personal. Yo me puse a rebuscar entre los callejones de mi memoria y aparecieron unas cuantas frases hechas en francés que nos sacaron de algún que otro apuro. Lo que no sabía lo decía en castellano acabado en “e” acentuada. Pues eso… como el chiste de Tip y Coll con el vaso de agua.

Hombre en la plaza de ChaouenEl caso es que el camareta nos vio la bandera nacional pintada en la cara y nos entró directamente en español. Dos cafés solos, s’il vous plait. Al contrario de lo que cabía esperar en este país con un té tan rico, el café no desmerecía en absoluto. Mejor que muchos de los cafeses que te tomas en España. Pasamos el rato disfrutando de una de los mayores placeres de los que se puede disfrutar en este país. Sentarte y empezar a flipar viendo pasar a la gente. Los hombres con chilaba y babuchas, los vestidos y pañuelos de colores de las mujeres, los rastas españoles sintiéndose en el paraíso fumeta, los niños jugando al fútbol, una anciana que a duras penas podía andar y que vestía chilaba y calcetines del Barça. Los cafetos a 5 DH cada uno. Es decir, unos 50 céntimos de euro. Más baratos que el que toma ZP.

Poco después empezamos a pasear por las cuestas de Chaouen, flipando en colores, pero sobre todo flipando en azul, que es el color que más y mejor viste la ciudad. Vagabundeamos un poco por el mercado alucinando con el colorido y nuestras almas empezaron por fin a empaparse de Marruecos. En uno de los puestos nos compramos una de esas hogazas pequeñitas de pan blando, tomates, quesitos y unos dulces de almendras y pistachos. Nos quedaba una barra de salchichón traído del pueblo y todo ello iba a constituir nuestra comida en la siguiente parada técnica.

Vista de ChaouenPor supuesto, a cada paso nuestra apariencia guiri levantaba todas las sospechas del mundo. En Chaouen están bastante acostumbrados a los turistas, incluso los niños. Iba a sacar una foto a unos críos que estaban jugando en la calle y uno de ellos me dijo que nasti del plasti. Me impresionó la dignidad con la que se enfrentó a mí. Me estaba diciendo que por muy curiosa que me pudiera resultar la escena, ellos no son monitos de feria. No sin cierta vergüenza apagué la cámara. Y como no podía ser de otra forma, los chavalitos ya algo más crecidos nos hacían gestos de apartarnos a algún rincón más privado. Casi todos decían: “¿Tu quieres probar una cosa buuuuuuuuena?”. Casi que no, majete.

Tan corruptos como uniformados
Dejamos Chaouen camino de Fez porque la noche se nos podía echar encima. En Marruecos hay dos horas menos que en España. Generalmente es una sola, pero además ellos no cambian la hora en verano, por lo que se hace de noche sobre las 19h.
La carretera estaba bastante potable y nuestros miedos se desvanecieron. Solo en zonas de muchas curvas volvíamos a tener que rodar a 50km/h detrás de algún camión. Ya llevaba yo un ratito detrás de uno sin posibilidad de adelantamiento. Cuando nos encontramos con una larga bajada seguida de una curva de 90 grados y luego una larga subida. Visibilidad total. En medio de la subida un coche parado. Se cruzan con nosotros unos cuantos coches y uno enciende y apaga las luces. Cuando pasan todos veo que no viene nadie más de frente y voy a poder adelantar. Me hago a la izquierda con tan mala suerte que ya estamos casi encima de la curva donde, aunque se ve hasta el mar Cantábrico hay una línea continua. Termino la maniobra y de detrás del coche parado en la subida aparece un agente de la gendarmería marroquí con su aparatoso uniforme que me indica con un inconfundible gesto que me haga a un lado de la carretera. Hay que joderse. Hay cosas relacionadas con el tráfico que deben de ser iguales en todo el mundo.

El hombre se acerca a la ventanilla con una sonrisita que no presagia nada bueno. Es-que-vous-parlez-français? – Un petit peu. – Un petit peu c´est très bien. Y nos informa de la gravísima infracción para la seguidad vial que acabamos de cometer además de, como no, solicitar los papeles del coche. Se lleva los papeles a no se donde, se va, vuelve y nos informa de que la multa son 400 DH por adelantar con línea continua. 40 eurazos que aquí son un verdadero pastizal. Yo pongo la cara de niño bueno que siempre he sido y le digo que eso es muchísimo dinero. El tío dice que es la ley y se vuelve a pirar. Sarajayne y yo nos miramos y sin decir palabra decidimos que hay que sacarla por menos. Manda cojones que a quien primero vamos a tener que regatear en Marruecos sea a la policía. Si, pero… y si el tío no es sobornable y nos empluma por desacato a la autoridad y toda la pesca. La situación es tensa y se nos puede escapar de las manos. El tío vuelve.

Camino a FezNos lo dejó bastante claro con una sola frase que comprendí en su literalidad y en su significado figurado: Qué-est-que-ti-va-faire-maintnant? [¿Qué vas a hacer ahora?]. Le digo que si nos puede dejar la multa en 200DH. Sin dejar que pase un milisegundo contesta que si son 200 la multa es sin recibo. Se vuelve a pirar. Sarajayne enrojece de ira mientras busca en la riñonera doscientos machacantes. El tío vuelve y le hacemos entrega del pastón, que se mete en el bolsillo pensando en la chilaba nueva que le va a comprar a su mujer. Ya nos podemos ir. Esbozamos un leve “desolée” [Lo siento] y ponemos cara de “no volverá a suceder señor agente”, mientras el cabrón no puede disimular su cara de felicidad. Menudo paripé que se montan para sacarse el sobresueldo. No se pude definir mejor que como lo hizo Sarajayne en el cuaderno de ruta: “tan corruptos como uniformados”.

Nos faltaban unos 30km para Fez. Sarajayne los hizo indignadísima con los agentes de la ley y Joe sintiéndose como un gilipollas por no haber pillao el gesto de las luces del otro conductor. Lo dicho, hay ciertas cosas que no cambian con la latitud.

Entrada en Fez
Llegamos a la ciudad donde también habíamos reservado un hotel de esos por Internet. Como lo hicimos todo tarde en la ciudad ya no quedaba casi nada libre, así que nos quedamos en el hotel Batha, muy cerca de la Medina, pero sólo había libre una noche. Es demasiado caro para lo que es Marruecos, pero como nos pasó en Algeciras, el día se planteaba muy largo a priori y queríamos tener un sitio donde descansar nada más llegar. Tenían cerveza e incluso J&B. Pero nos cobraron 20 DH por un té, con lo que no me puedo ni imaginar lo que nos hubieran cobrado por un pelotazo. En la zona hay muchas pensiones y hotelillos baratos, casi hubiera sido mejor no reservar y preguntar a los chavalillos del lugar por un lugar barato para dormir. Siempre te llevan a los sitios, te cobran una propinilla y al dueño del hotel una comisión que, como negocian en árabe no te enteras.

Al lado del hotel había una pequeña explanada convertida en parking “vigilado”. Había cuatro o cinco tíos que se pasaban ahí todo el día y cobraban 20 DH por coche y día. Ahí se quedó el Golfillo a pasar la noche. Nosotros nos fuimos a cenar a la medina, ensalada de tomates con mucho comino, una sopa marroquí muy rica, unos pinchitos de pollo con arroz un cus-cus que no estaba demasiado bueno, y unas fantas… hay que recordar que lo de la cerveza por estos lares… como que no. Nos salió por unos 105 DH en total.

Después un paseillo por la zona de la Medina que más cerca nos quedaba. Para que se hagan ustedes una idea las calles de la Medina de Fez no tienen más de tres metros de ancho y están a rebosar de gente. Ya era de noche y no había muchos turistas, pero nos metimos en el berenjenal a ver qué se ofrecía. Encontramos tiendas de todo tipo, desde especias al peso, frutas, alfombras, carnicerías con la carne colgando al fresco y una cabeza de camello con la lengua fuera, una mezquita, tiendas de ropa con posters de Ronaldinho… Fuimos llegando a un sitio donde ya no había casi gente y decidimos darnos la vuelta. Es demasiado fácil perderse en esas callejuelas, y por hoy ya hemos tenido demasiadas aventuras, alguna rozando la odisea.

Mañana tenemos todo el día para dedicarle a la ciudad.

5 comments April 18th, 2007

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