Creo que todos los que no estamos muy metidos en el mundo de la tecnololgía tendemos apensar en la neutralidad de los avances científicos y tecnológicos. Todo lo que pasa en la red nos parece, de alguna manera, “natural”. Lo cierto es que no lo es en absoluto. La red no deja de reflejar la sociedad que la ha creado y viene a reproducir su ideosincrasia.
Tenemos vertederos a rebosar de spam y se tolera al igual que se tolera la contaminación en la vida real. Tenemos los barrios ricos desde cuyos rascacielos ciertos hombres gobiernan los designios de la red.
Y tenemos los barrios obreros desde los cuales los ciudadanos hemos perdido ya esa categoría, para convertirnos en meros consumidores. Toda la presión que podemos ejercer sobre el sistema se limita a nuestras decisiones de consumo. Los ejecutivos de los altos edificios se nos adelantarán y diseñarán campañas de marketing para enseñarnos qué es lo que verdaderamente nos gusta, qué es lo que podemos alcanzar y que es lo que no tendremos jamás.
Eludir el dominio sicológico que pretenden ejercer sobre nosotros es nuestro desafío, y nuesta única alternativa para hacer nuestro barrio un poco más habitable.
Hace ya unos cuantos veranos, mi gran amigo Buach y un servidor, popularizamos en Noceda una coletilla de saludo que simplemente decía “un abraaaaaaaaaaazo!!!!“. El tono de la frase imitaba a Florentino Fernández, en uno de los cortes más famosos de aquel programa tan genial que era “El Informal”. Imitaba al periodista rosa Mariñas y acababa todas sus alocuciones con ese grito emitido en un tono de marica cursi.
El caso es de las palabras pasamos a los brazos, y ya es costumbre que los abrazos sean de verdad, cada vez que nos vemos o que nos separamos. Hasta se ha instituido un gesto para cuando el acceso a la otra persona es solo visual y no táctil. Se trata de poner las palmas de las manos sobre el hombro contrario, emulando un abrazo imaginario.
Tengo la suerte de poder contar con algo muy similar entre mis amigos de Lavapies. Besos y abrazos cada vez que nos vemos y que nos separamos. Desgraciadamente el contacto con los demás es algo que no es demasiado común en estos tiempos que corren. El aislamiento emocional se va traduciendo también en aislamiento físico.
Por eso me resultó curiosa la historia de Juan Mann, un australiano que decidió que su misión en el mundo era regalar abrazos. Desde Sydney, comezó una campaña mundial denominada “Free Hugs” (abrazos gratis). ¿Como popularizar la campaña? Pues muy fácil, colgando un vídeo en YouTube.
Vi este video por primera vez hace unas semanas y me pareció gracioso, una de esas iniciativas que nunca sabes si son un montaje o las imágenes son reales. Aún así, la idea me pareció muy noble: ¡¡abrazos para todos!!.
Pero lo que si que ha sorprendido de verdad es leer hoy esta noticia. La campaña Free Hugs se ha multiplicado por todo el mundo. En Barcelona, Cordoba, Valencia, México, Argentina, Venezuela, Perú y muchos otros barrios de esta aldea global.
La idea de Juan Mann parece haber calado. Y funciona. Lo cual viene más o menos a significar que todavía no estamos tan aislados si aún podemos acercarnos a un desconocido en la calle sólo para darle un abrazo. Son estas pequeñas cosas las que me hacen pensar que quizá todavía quede algo de esperanza para la Humanidad.
Ya lo sabéis, si os encontráis en vuestras ciudades a alguien regalando abrazos, que no os parezca un colgao. Dedicadle simplemente un abraaaaaaaaaaaaazo!!
“…Que el acceso a la cultura -la filosofía, la historia, las artes y las ciencias- ayuda a pensar no es una idea moderna ni revolucionaria, lo revolucionario es el derecho a pensar. Por motivos políticos y religiosos, la capacidad de leer y escribir ha sido un derecho limitado a las clases favorecidas durante gran parte de nuestra historia. Siglos antes de nuestra era, los griegos ya creían que las ideas llegaban al poeta por gracia de las Musas y otros dioses, un regalo divino que debían compartir. Los poetas, fabulistas e historiadores no eran autores sino mensajeros de lo divino y reproducían sus copias a mano por medio de escribas o esclavos entrenados a tal efecto…”
Este articulo resume muy bien las tesis de Lawrence Lessing en su fantastico ensayo Free Culture, una obra fundamental para entender el daño que a nuestra cultura esta causando el copyright. Aun no estando de acuerdo con algunas de sus opiniones, merece la pena leerlo. La traduccion al castellano de la obra fue llevada a cabo por Marta y Nacho, y se puede encontrar en Elastico.net.
Trabajar en las oficinas de un cliente es lo peor. Conseguir acceso a internet me ha costado mil llamadas telefonicas y aun asi he tenido que enganhar a un companhero para que me dejara su contrasenha.
No puedo hacer casi nada desde aqui, ni mirar el correo, ni tengo acceso ftp, ni nada… asi que estoy bajo minimos. He probado en algun ciber, pero tienen el mismo tipo de restricciones.
Tengo un par de articulos escritos que todavia no he podido subir porque van acompanhados de fotos. En cuanto consiga librarme de la pasma los cuelgo. LIBERTAD EN INTERNET YA!!
Ya lo decíamos hace un tiemp desde La Cueva. la represión puede ser contraproducente. Mafius era un alumno de un instituto público de Arganda del Rey, en la provincia de Madrid. Abrió un blog y un foro para que tanto él como sus compañeros pudieran hablar en la red de las cosas del insti, el tutto como dicen ahora los jovenzuelos madrileños.
Un usuario anónimo pero asiduo del blog dejó un comentario en el cual al profesor de filosofía le llamaba de todo menos guapo. El instituto le denunció haciéndole responsable de la publicación de dicho comentario. El juzgado le condenó a pagar una multa. Poco antes de la publicación de la sentencia el instituto le expulsó.
A pesar de que Mafius intentó demostrar en el juicio que no era autor del comentario ofensivo mediante la dirección IP que registró la entrada, de nada sirvió. La justicia no entiende de protocolos de redes.
Mafius ha recurrido la sentencia que le condena a una multa insignificante en términos económicos pero muy alta moralmente. ¿Acaso es responsable quien escribe una bitácora de los comentarios que se hacen en ella? ¿Soy acaso yo responsable de que otra persona insulte a alguien que pase por la calle sólo porque lo haga desde mi balcón?
Y si la acción de la justicia es en este caso, más bien poco justa, mucho peor es la del susodicho instituto, pues mucho me temo que su expulsión tiene mucho más que ver con las críticas que hacía desde su blog a la dirección que con los insultos de los anónimos.
No se puede resumir esto mejor de lo que lo ha hecho el propio Mafius: “Antes el blog lo miraban dos o tres, ahora hay miles de entradas”. En este momento su ultimo post tiene ya 317 comentarios.