Lo que da de sí un verano. Parte II
Poco después de recoger el golfillo en Barajas paraba a echar sopa y llamaba a los gorilas: “¿Cómo ruge la Gallarda?”. -”Ruge Perfetu” contestaba Buach, recién llegado a Noceda desde Alicante con una parada técnica en Pucela pa zampar en vida una pizza con Sheila y Luiiiiiiiiiiiiiiis! Se barajaba, entre otras opciones la de las bodegas de Las Traviesas, extremo que me confirmarían de camino.
A las 2 de la mañana aparcaba en la ermita de Robledo sin haber pasado por casa. Un encuentro fabuloso con gran parte de la concurrencia. Las bodegas ya habían acabado pero nos quedaba la barra del bar, un montón de abrazos y unos pelotes: había ganas de reunión. Pasamos la noche recopilando aconteceres del último año, trasegando gintonics y separando alguna que otra pelea… ya os podéis imaginar, cada uno busca la fiesta como puede… La nuestra acabó, como no podía ser de otra manera, comiendo chorizo frito en Sicoro´s pub a las siete de la mañana.
Por delante una semana de fiestas y algo mucho mejor: la pre-fiesta. La pre-fiesta ya ha superado con creces a la fiesta en el nivel de diversión. Pasa con casi todas las celebraciones que se encuentran estandarizadas: tienen su sentido… pero son tan predecibles que pierden parte del encanto. Los días de pre-fiesta puede pasar cualquier cosa. Como te descuides acabas echando la segunda partida de la noche en un bar cualquiera con un cubata y una tapa de cecina y jamón. Ibamos por la cuarta mano cuando nos dimos cuenta de que habíamos quedado con Mitch y Gema, así que tuvimos que postponerla y zampar en vida la tabla de embutido berciano y apurar las copas para evitar perder dos amigos…. cosas de la pre-fiesta. (En serio… no hay mucho más que contar, y contarlo ahora seguro que no tiene nada de gracia, hay que estar ahí).
Y luego las fiestas en las que descubrimos que desgraciadamente, nos vamos haciendo mayores. Ya no se aguanta tan fácil una ronda de bodegas, unas poquitas horas de sueño, el partido de solteros contra casados (con los mejores exponentes de la soltería jugando con el enemigo) y una noche entera sin dormir incluyendo la ronda de petición de huevos.

De todo esos días aconteció, me quedo con dos momentos:
1) Gorilas y Cecinas tirando pelotas en la tómbola de los muñequitos. Muy pocos consiguieron premio y me quedo con las ganas de saber la comisión que le pagó el gitano a Pepelu por provocar a los potenciales tiradores como este menda malgastó nueve euros para nada…. ![]()
Me hizo pensar que un año más estamos juntos. Nos conocemos desde la infancia, nos hemos visto crecer y la verdad es que no hemos cambiado tanto.
2) Un brindis en la ronda del ponche en frente de la casa de Travieso. Con todos los quinces de agosto en los que yo le vi batirse el cobre, esta vez era la primera vez que no estaba. Qué menos que rendirle honores ante el lugar del que siempre salió para ofrecernos un cacho de roscón y un aguardiente de arándanos a las diez de la mañana. Una reflexión dura a la par que reveladora que nos deja la memoria de don José: la vida pasa para para todos. Mejor haríamos en disfrutar de ella.
Me vi obligado a interrumpir bruscamente el último día de fiestas para hacer 800 Km en el mismo día y asistir en la parroquia de la Divina Pastora de Madrid al enlace de Khalid y Bárbara (como decíamos, la vida va pasando…). Los comprimisos del día siguiente de nuevo en el Bierzo impidieron que degustara el vino abundantemente y me quedara al baile.
Bembibre-Noceda-Barco-Villar… qué rápido pasa el tiempo en vacacaciones. Dos días más cargados de planes y viajes y de vuelta a Madrid medio zombi. La ciudad se vuelve un terreno inhóspito. Tienes que mirar si viene alguien para cruzar una calle, hay gente por todas partes, hace un calor del infierno… definitivamente yo todavía no estoy aquí. Y es que unas vacaciones pueden dar tanto de sí que hasta incluyen una semana de trabajo. Eso sí… ocupé todas las tardes en dormir.
Y el fin de semana siguiente era San Bartolo en Noceda, y como no, hubo que ponerle traca final al mes de fiestas. Lo dicho, de las que menos esperas, en las que mejor te lo pasas.
En Madrid hace buen tiempo. No hace demasiado calor y el verano no se ha acabado todavía. Aún hay ocasiones de ir de pateo a la sierra, de patinar en el Retiro, de empezar a correr para quemar los kilos de roldo ganados al aire en los últimos dos meses. Por primera vez en varios años me vuelve a gustar mi trabajo, así que no lloro. De depresión vacacional nasti del plasti. La vida sigue siendo divertida. Se acaba el verano, si… pero ya llega el otoño.
It’s the middle of summer and I’m chilled to the bone
There’s holes in my shoes where the rain comes in
I’m sitting on top of the world
4 comments September 11th, 2007

