Archive for April, 2007

Fez. Un viaje a la Edad Media

Día 3. Fez. 4 km.
Un viaje a la Edad Media

El centro del universo es, sin duda,
un lugar maravilloso excavado en la roca
llamado Fraggle Rock.

Puerta de la muralla de Fez

La medina de Fez es uno de los lugares más fascinantes, misteriosos e impactantes para todos los sentidos que puede tener Marruecos. Su laberinto de calles, que en ocasiones no superan los dos metros de ancho, alberga edificios adosados unos a otros, pasadizos, puertas que acceden a viviendas, tiendas de todo tipo de artilugios para el menaje del hogar, barberías, teterías… No hay nada que no se pueda comprar o vender en la medina. Si te atreves a conocer un poco este entorno habrás de recorrer sus calles. Y antes de que te entren las dudas te lo haremos saber: te vas a perder.

Recorrer la medina te hace sentirte como un pequeño fragel. Es un mundo mágico y misterioso que es principio y fin en si mismo. Parece que pudiera existir apartado del resto del mundo que conocemos, en una dimensión paralela. Has de tener el arrojo de convertirte en un explorador para recorrer todos sus túneles y jugártela a desaparecer en su laberinto. En la mayoría de su recorrido ni si quiera podrás ver la luz del sol. No hay por qué temer: siempre aparecerá alguno de los miles de curris que habitan el lugar y lo conocen palmo a palmo. A cambio de unos dirhams te harán de guía si así lo requieres, o simplemente te sacarán del berenjenal en el que te has metido. Sarajayne y Joe, cual Lucy y Gobo, nos adentramos a descubrirlo.

Palacio Al-MansukEl palacio
Tras despertar en el hotel Batha y disfrutar de su desayuno incluído en los 47 eurazos que nos costó nos lanzamos a buscar alojamiento para la siguiente noche. Fez estaba hasta las patas de gente y todos los hoteles llenos. Sólo cabía buscar en alguna pensión o apartamento, que son básicamente casas que te alquila la gente. Seguramente su propia casa, mientras ellos se van a pasar el día a casa de unos familiares. En Marruecos es fácil conseguir alojamientos de este tipo. Te lanzas a la calle y preguntas. Alguién te hará de “guía”. Los marroquís son expertos en combinar sus facetas de amabilidad y comisionismo. Nuestro guía del día fue Ibrahim. Era uno de los guardias del aparcamiento del día anterior. Y allí estaba a primera hora de la mañana vigilando con sus colegas y esperando que apareciera algún cliente.

Vista panorámica de la ciudadEl asunto no era sencillo. No había casi sitios donde dormir y teníamos que encontrar sitio para Fátima y los seis madrileños más otras cuatro personas a las que no conocíamos y que se iban a unir a su grupo. Un pollaster, vamos… Ibrahim encontró la solución. Y esa no era otra que el palacio Al-Mansik. Se subió con nosotros en el coche y nos guió hasta un lugar cercano a la muralla de la ciudad. Nos dijo que había un palacio en el que podíamos dormir las 13 personas que necesitábamos cama esa noche. Yo no entendía mucho lo que estaba pasando, pero era pronto y si no nos gustaba su solución aún había tiempo de buscar más. El tal palacio era un palacio de verdad. Un antiguo palacio árabe en el que ahora vivían dos familias. Un auténtico palacio con sus jardines y su patio y todo el rollo. La Alhambra en versión desconchada a nuestros pies. Cuando vimos el percal nos quedamos flipando. Sólo poder disfrutar de aquella vista ya había valido el viaje con Ibrahim. Mientras el hablaba con el dueño de la parte de abajo nosotros paseábamos por el patio cual reyes moros dedicados al disfrute de la belleza mientras los cortesanos se ocupan de los asuntos del reino. Nos mostraron nuestra estancia, una especie de salón inmenso con unos ocho sofás en los que se podía dormir más dos habitaciones adjuntas con tres o cuatro camas grandes y dos baños. Sólo faltaban un criado para meterte las uvas en la boca una por una, mientras escuchábamos música de dulzaina marroquí.

La voz de Ibrahim nos sacó de nuestros elevados pensamientos trayéndonos de vuelta a la cruda realidad del regateo. El pibe nos pedía 4.000 DH por la estancia. Lo cual, a todas luces era un canteo. No hubo negociación posible. Se negaba a regatear. Así que nos fuimos a hablar con su pariente del piso de arriba. Nos apareció una señora con una especie de chilaba-pijama y el pelo teñido de un rubior casi fluorescente. Todavía venía frotándose las legañas y tenía un aire pijo terrible. Fue inmediatamente bautizada como Carmina. No hablaba casi ni francés, así que Ibrahim dirigía las negociaciones. Como en cada regateo, hablábamos entre nosotros de cual era el precio máximo que pagaríamos. Pero claro, esto hay que hacerlo en un castellano barriobajero porque aquí son muy cucos y se coscan de . Hay que decir loros y no euros, o dé-haches y no dirhams, chonta en lugar de dinero o incluso pasta o pelas porque seguro que se enteran. 2.000 DH ya nos parecía caro, pero realmente necestábamos un sitio donde dormir para todos y la cosa iba a estar jodida. Al final salió por 2.500, gracias a la ayuda de Ibrahim, que en medio de una diatraba en árabe soltó un par de veces la palabra “estudiantes”. Carmina accedió con un gesto seco de cabeza y le soltamos la mitad de la pasta en el momento. Eramos 13, aunque ahí todavía cabía más gente. Seguro que para dos podríamos haber conseguido algo más barato, pero así estaba el percal. Al pirarnos nos preguntábamos cuanto se estaría llevando el Ibrahim de todo esto. Estimamos que unos 500 DH por lo menos…

Vista panorámica de la ciudadAl salir de allí con el coche Ibrahim se enciende un cigarro dentro sin preguntar ante nuestras miradas atónitas y poco después ve a una colega que pasa por la calle. Me manda parar y le dice que se suba. Subimos los cuatro en primera por las rampas de la calle esquivando coches aparcados y tenderetes varios. Apenas había espacio. Nos presenta a su amiga que también es, como no, “guía oficial”. Se llama Shana. La situación fue bastante divertida. Volvemos al parking y dejamos allí el coche.

Fes-el-Balí
Ibrahim estaba dispuesto a hacer el agosto con nosotros. Nos quiere cobrar otros 300 DH por hacernos de guías por la medina. 1) no estamos dispuestos a estar todo el día pegados a él. 2) Esa pasta es un canteo. 3) Después del paseín la noche anterior por los primeros callejones de la medina nos sentimos fuertes para adentrarnos por nuestra cuenta y riesgo. El argumento que utilizamos para rechazar su ofrecimiento es el número 2. Sarajayne le dice que como mucho le pagamos 100DH y al pibe se le desencaja la cara. Con un regate de primera nos dice que lo mejor es que cuando vengan nuestros amigos vayamos todos juntos y nos hace un precio para todos. Vamos… que por el como si visitamos la medina a la pata coja. Nos piramos.

Cementerio de FezSalimos hacia fuera de las murallas y tratamos de orientarnos dentro de la ciudad vieja con un plano que conseguimos en internet. Hay otra parte de la ciudad, (la ciudad nueva) que está a un par de kilómetros de la Medina. Conseguimos alcanzar un punto elevado desde el que nos hacemos una composición de lugar. Segimos andando hasta toparnos con el impresionante cementerio de la ciudad. Atrevesarlo nos producía una extraña mezcla de pudor y morbo, pero estaba en nuestro camino y no pudimos rechazar la tentación. Miles y miles de tumbas apiñadas unas contra otras. De las inscripciones sólo podíamos entender las cifras, pero algunas eran realmente impresionantes. Otras tumbas estaban casi abandonadas, algunas, muy pequeñas seguro que guardaban los restos de algún niño. La energía que desprendía ese lugar era algo electrizante. Nos envolvía junto con toda la montaña. Una sensación imposible de describir. Hicimos el camino en silencio, como no podía ser de otra manera. En algunas tumbas se veía a gente rezando y en una de ellas, tres hombres mayores emitían unos cánticos que te erizaban hasta el vello del intestino. A pesar de sentir que de alguna manera estábamos violando la intimidad de esos miles de muertos que Alá tenga en su gloria, nos fue imposible no quedarnos absortos ante semejante espectáculo. Lo más curioso de todo es que el cementerio no era un lugar cerrado y apartado, como sucede en España, sino abierto e integrado en la arquitectura de la ciudad. Una forma, quizá, de no apartar a sus muertos, sino de respetarlos como parte de sus propias vidas.

La barbería
De vuelta en la medina, muy cerquita de nuevo del hotel Batha y del aparcamiento encontramos una barbería. En Marruecos se sigue afeitando a navaja a día de hoy, y es una experiencia que todo barbudo debería probar. El colega me dejó la cara como el culito de un niño, fresca como una lechuga. Otro inmenso placer para los sentidos por apenas 20 DH. Lo mejor de todo fue, sin embargo, el ambiente de la barbería. Un espacio de unos 6 metros cuadrados en el que había dos sillones, el espejo y el lavabo y un banco donde se sentaban los parroquianos a charlar de sus cosas. Tres hombres charlaban animadamente dentro. Sus bigotes y sus chilabas eran lo único que los diferenciaba de nosotros, puesto que, aún sin entender una palabra de lo que decían, era una conversación de peluquería fijo. Sarajayne se quedó a la puerta, un poco intimidada por la situación y los hombres se pusieron en pie invitándola a entrar y a sentarse en el banco. Hay que tener en cuenta que aquí las mujeres apenas interactúan con los hombres en público. Ni si quiera ves a mujeres atendiendo en las tiendas o los bares.

En el barberoEn un pis-pas el hombre se puso brocha y crema en mano a embardurnarme la cara y acto seguigo con unos toques precisos de dedos fue moviendo la navaja a ras de piel hasta dejármela pelada. Cuando ves en el espejo la navajar rozarte el cuello esperas que el tío no se ponga nervioso porque entonces vas a flipar… pero no. Este era un verdadero profesional. Mientras afeitaba también asentía a los argumentos de sus colegas en el banco. Que no perdía comba, vamos.

Viaje a la edad media
Fue entonces cuando nos adentramos por fin de lleno en la medina. Nos dimos cuenta de que la noche anterior apenas habíamos recorrido una pequeñísima parte del gran laberinto. Podría estar aquí horas escribiendo sobre lo que allí ves a cada paso. Pero no serviría de nada. Aquello hay que estar allí y verlo. Manuel me había hablado muchas veces de la medina de Fez y yo jamás me la había imaginado tal y como es. Así que mejor no malgastar palabras. Sarajayne si que la había visitado en un viaje anterior, acompañada de un niño-guía que huía de la policía.

Caminamos largo rato por las callejuelas dejándonos llevar por la inspiración hasta que encontramos una placita (de los pocos lugares abiertos que llegamos a ver). El paseo por los callejones te traslada completamente a la edad media si no fuera por las tiendas de electrodomésticos y los posters del Real Madrid. Sabíamos que por allí cerca estaba la plaza de los curtidores, el lugar donde estos expertos trabajadores de la piel la tratan y tiñen. Todos se ofrecían a llevarnos y pasábamos de ellos, y entonces fue cuando apareció Rashid.

Rashid
Rashid es uno de esos tipos avispados cuyo oficio puede definirse como superviviente de la calle. Aunque no sería muy exacto, porque es algo más que un superviviente, es un vividor. Y las callejuelas de la medina se le dan de miedo. Se le ve cayo.

Plaza de los curtidoresYa habíamos rechazado muchas ofertas de “guías oficiales” que querían mostrarnos la terraza de los curtidores cuando el apareció. Pasó caminando a nuestro lado y sin pararse nos indicó, en perfecto castellano por dónde podíamos ir. Siguió caminando. Nosotros seguimos dando rodeos y al momento nos lo volvimos a encontrar. Nos volvió a hablar de la terraza y nos dijo que subir era gratis, que había una terraza encima de una tienda y no te cobraban nada que los de la tienda dejaban subir a los turistas solo para ver si compraban algo. Pero en ningún momento se ofreció a hacer de guía. Nos volvió a señalar el camino entre las callejuelas y cuando lo seguimos vino detrás de nosotros. Nos preguntó por nuestros nombres. “Yo, Rashid. Ricardo en español”. Comentó que tenía una novia tocaya a Sarajayne, que era brasileña y que venía a verle todos los años. Y que las mujeres cuanto más anchas por delante, mejor. Le dejamos a la puerta y subimos a la terraza para encontrarnos con una vista increíble. Un conjunto de pequeños pozos donde trabajan los curtidores de pieles. Como no teníamos “guía oficial” nos perdimos los detalles del proceso de tratamiento de la piel, pero la vista era espectacular y el olor ni te cuento. A pesar de estar a la altura de un cuarto piso el hedor era insoportable.

Plaza de los curtidoresCuando salimos de la tienda (igual de cargados que al entrar) Rashid seguía por allí. Nos invitaba a visitar la peluquería de su colega y estar allí con sus amiguetes. ¿Por qué no? Vamos a ver qué se cuentan los medinenses. Apenas a dos callejones y un pasadizo de distancia estaba la pelu. Un local de unos 8 metros cuadrados con un techo de, más o menos, 2.10m. Allí estaba el colega peluquero cortandole el pelo a un cliente, y en el banco (intuimos por extrapolación que todas las peluquerías tienen uno) el resto de colegas. Uno muy empanao, otro que se comportaba como un auténtico secuaz y una chica cuya chilaba y chador no le disimulaban en absoluto su pinta de golfilla. Según Rashid era su novia, y nos decía señalándola, en castellano, que no sabía nada de la brasileña, claro. Ella se reía, con lo que intuímos que no controlaba castellano. Poco después nos dimos cuenta de que el único que lo hablaba era el propio Rashid, pero todos se descojonaban con nosotros. Yo creo que hasta les hacía ilusión que estuviéramos allí. La situación era totalmente sui géneris, pero todos lo estábamos pasando bien.

Rashid nos dijo que qué quieríamos tomar: café, té o lo que fuera. Le dijimos que dos cafés y mandó al secuaz a por ellos. Al momento empezó a desplegar sus verdaderas intenciones. En primer lugar nos quería colocar una ficha de hachís por 100 DH. También nos decía que si queríamos un kilo para llevar a España nos lo podía conseguir. Le hablamos de que nuestro interés por el tráfico de drogas era nulo, más allá de las posibles consecuencias penales de la actividad. Pero eso no le hizo desistir automáticamente. Insistió e insistió hasta que vio que no iba a sacar nada por ese lado. Luego nos empezó a hablar de una fiesta que había esa noche muy muy guapa, en una mansión con piscina… que sólo teníamos que pagar no sé cuanto y ya le cortamos el rollo diciéndole que nos teníamos que ir. En la puerta nos cruzamos al chaval de los cafés. Nos los tomamos y Rashid nos insitió en la ficha del hachís. Nos dijo que la tenía el secuaz. Por eso había tardado tanto. Hay que joderse….. Le dimos una propinilla por los cafeses y nos fuimos de allí. El tío tenía realmente oficio porque en ningún momento nos llegó a pedir nada. Sólo nos ofrecía posibilidades para pasarlo bien según el mismo. Ya no le volvimos a encontrar, y seguro que seguía por allí paseando con aire de que las cosas no iban con él.

Hay que ser tonto para perderse en la Medina
Tras sentirnos “confundidos” un par de veces conseguimos llegar de vuelta a la plaza en la que habíamos estado antes y seguimos nuestro camino. En la primera parte habíamos ido bajando un larga y estrecha calle repleta de tiendas. Ahora subíamos una calle parecida y lo vimos bastante claro. En la medina había una calle principal que formaba una especie de “V”. Abajo del todo estaba la plaza. Simple, ¿verdad? Joer… mira que son exagerados estos “guías oficiales”. Sólo quieren confundirte para hacerse necesarios y sacarte la chonta.

Una imagen de la medinaSe puso a llover y además teníamos hambre, así que buscamos un lugar donde comer. Al doblar una esquina nos asaltaron cuatro “asesores de márketing” de varios restaurantes con los menús en la mano. Nos dejamos llevar por uno de ellos. Seguramente el que más voces daba o directamente nos agarraba del brazo. La elección era sólo ficiticia. Había tres o cuatro terrazas donde comer pero ninguno tenía cocina, eran simplemente teterías y todos los camareros salían con la comida por la misma puerta que estaba en la acera de enfrente. Seguro que hasta el menú era el mismo. De estas y otras cosas nos fuimos dando cuenta en el rato que estuvimos allí sentados con el cus-cus, las brochetas, la sopa, el té moruno con hierbabuena y las fantas, que no falten. Total 180 DH entre los dos. Un pastón, pero no dijimos a nada que no.

Seguía lloviendo y hacía frío, pensamos en ir al coche y cambiarnos de ropa, ponernos las botas de montaña y abrigarnos algo más. La putada es que estábamos lejísimos del aparcamiento, así que agarrábamos con fuerza los vasos de té para calentar las manos. Al final decidimos ponernos en marcha, al doblar una esquina vimos una puerta de la muralla que nos sonaba familiar, de repente descubrimos el sitio donde habíamos cenado la noche anterior. Dimos cuatro pasos atrás y nos encontramos con que el sitio donde acabábamos de comer estaba puerta con puerta con la barbería donde me habían afeitado esa misma mañana. A escasos 200 metros del aparcamiento. Habíamos deshecho el camino por una calle paralela. Sí, hay que ser imbécil para perderse en la medina.

Más medina
Por la tarde, ya con los pies secos y con un poco más de consciencia de nuestra situación visitamos la parte baja de la medina. Descubrimos que hay una serie de rutas que van marcadas por unas estrellitas que se pueden ir siguiendo a lo largo del recorrido, eso nos facilitó el trabajo. Buscábamos la mezquita Kairouyine, la principal de la ciudad. Es, en realidad un conjunto de edificios en los que aparte de la mezquita hay un centro de estudios islámicos. Está considerada como la primera universiad del mundo, fundada en el año 859. Esperas encontrarte un edificio impresionante, pero no es posible, pues está completamente integrado en la medina. Y las calles que lo rodean no superan el par de metros de anchura en algunos puntos, por lo que no lo puedes observar en toda su magnitud. Además estaba cerrada al público por reformas.

Mezquita de los AndalucesLo mejor fue la forma de llegar allí. Para que no nos abrasara ningún “guía oficial” le preguntamos a un señor mayor que regentaba una pequeña tienda de cerámicas. Este nos comentó algo de “una puerta” y nos condujo a un joven al que le dió ciertas indicaciones. La situación se volvió un poco mosqueante cuando el joven nos condujo por un pasadizo casi oculto que daba a otra calle de la medina totalmente desierta, con todas las tiendas cerradas y nos dijo que le siguiéramos. Era flipante. Apenas unas calles más allá había un increíble berenjenal de ruidos, olores, luces, gente paseando, comprando o animando a comprar, y aquello era un pasadizo lleno de puertas cerradas a cal y canto donde solo caminábamos los tres. Cuando ya llevábamos cien metros y aquel túnel de tiendas cerradas parecía no tener fin le preguntamos al menda que a dónde nos estaba llevando. El hombrecillo nos comunicó que él era el “guardián” de esa zona y que era la de uno de los gremios (el de zapateros, si no entendí mal) y que ese era el día que cerraban, por eso todas aquellas tiendas estaban cerradas y los accesos a esa calle también. El tenía la llave que nos abriría la puerta al final del pasillo desierto. Y así fue, nos abrió la puerta y ya estábamos de nuevo en medio de todo el berenjenal y en frente de la mezquita. Un flipe… nosotros desconfiando de todo y la gente que no deja de hacernos favores, fue una experiencia brutal, pasar de un estado al otro. A nuestro amigo-guardián le dimos unos dirhams de propinilla por las molestias y nos despidió con una sonrisa, volviendo a cerrar la puerta y dejándonos aislados en medio de toda la gente.

Top Manta marroquí y Sarajayne haciendo el monguiNos dió tiempo aún a pasar cerca de la mezquita de los andaluces (que también estaba cerrada, aunque quizá no nos hubieran permitido visitarla al no ser musulmanes) y ver a los marroquíes comiéndose sus pinchos morunos en la calle, a observar cómo funciona el “top-manta” marroquí y a ver los cafés “pijos” de la ciudad (lugares en los que las sillas y las mesas son un poco más ostentosas de lo habitual, pero todavía cutres para nuestros estándares). En realidad no somos tan diferentes. Marruecos, en muchos casos puede ser un país como era España en los años 50, pero con parabólicas y ADSL. Muchas personas nos decían: “marroquíes y españoles somos como hermanos“. Y así lo siento yo, a pesar de pasear como un turista por un país cuyos estándares de vida están muy por debajo de los del mío. También pensaba que si ese buen hombre dijera eso en España a lo mejor le corrían a palos. Es una cuestión de conocer. Tener a las personas delante y hablar con ellas. Sería muy recomendable para todo aquel que dice que le tiene “manía” a los moros. No le vendría mal darse un garbeo por aquellas calles.

El baño públicoEn lo que si que hay diferencia entre nuestros dos países es en los baños públicos. Preguntamos a un poli donde podíamos hacer nuestras cositas y nos indicó uno dentro de la medina al que acudimos. En lugar de papel higiénico te encuentras una pila en medio y un montón de calderos. Cada uno que llega llena un caldero y se mete a uno de los “tigres”. La técnica de limpieza no me la quiero ni imaginar….

Se iba haciendo de noche y empezamos a salir del pollaster. El equipo madrileño, capitaneado por la incombustible Fátima estaba al llegar, aunque una hora antes llegaban otros colegas de un colega de un colega… en fin… muchos “dés” que no viene a cuento explicar ahora, pero que iban a dormir también en nuestro palacio. Hicimos tiempo tomando un café en un bar donde se estaba retransmitiendo el Barça-Depor.

La puertaCuando por fin nos reunimos todos en la plaza Batha ya era bastante tarde. Guiados de nuevo por Ibrahim acudimos a Palacio, allí fuimos sacando los víveres de los que disponíamos para improvisar una “frugal” cena. Chorizos, empanada, latas de mejillones y de pulpo, botella de ron, licor café…. vamos, las típicas cosas que te encuentras por Marruecos. Hubo a quien le dio algo de mal rollo las pintas que Carmina nos tenía a esas horas, pero no hubo mayores problemas y cuando se acabó el licor-café nos fuimos a dormir los 13. Un detalle a la hora de hacer las cuentas es que Fátima me quiso empezar a regatear: “caro, caro…” - me decía. ¡¡Hasta ahí podíamos llegar!!

Fue un día tan largo como maravilloso. Se pueden vivir mil vidas dentro de la Medina, o se puede no vivir ninguna y simplemente observar las de cuanto viandante pase ante tus ojos. Nosotros simplemente nos zambullimos en el caos por el simple placer de explorarlo. Nunca he entendido a los que creen en los extraterrestres, los que se preocupan por explorar mundos lejanos. Y es que, queridos amigos, hay muchos mundos… pero están en este.

8 comments April 26th, 2007

La orilla africana del estrecho

Día 2. Algeciras - Fez. 324 km.
La otra orilla.

a lo lejos se ve la otra orilla.
no me haré viejo sin ver la otra orilla. Amén.
y allí todo brilla
y allí todo encaja bien.
En esta orilla no hacía pie.

El Golfillo en el ferrySon sólo 14 kilómetros. Un sólo paseo de 14 kilómetros por encima de las aguas que unen al Atlántico y al Mediterráneo y dejarás de estar en Europa para estar en África. En todos los sentidos. Este brazo de agua es la frontera que soporta una mayor desigualdad económica a sus lados en todo el mundo. De ahí que hasta que el gobierno marroquí pusiera seriamente a sus gendarmes a patrullar la costa, ésta se llenara de pateras con seres humanos tan desesperados como para subirse a ellas en busca de un futuro más que incierto en la “próspera” Europa. Cuesta imaginar cómo desde España podemos sentir tan lejos una tierra que está tan cerca y que sea tan desconocido y despreciado un país que tanto tiene que ver con nosotros. Catorce kilómetros. Lo que hay entre Noceda y Toreno, entre El Barco de Valdeorras y La Rúa, la distancia entre las salidas de O’Donnell y el Vicente Calderón en la M-30. No sé si cuando Hércules separó esos dos pedazos de tierra sabía que miles de años después el abismo que los separaría iría mucho más allá de su dimensión geográfica.

El barco
Antes de que Lorenzo asomara sobre el horizonte ya estábamos degustando el desayuno guiri sabor plástico del hotel Reina Cristina con huevos, beicon y toda la pesca. Acto seguido bajamos de nuevo al puerto, esta vez buscando los embarcaderos donde pusiera “Ceuta“. No llevábamos billete, así que hubo que comprarlos allí mismo. Es difícil comprender cómo funciona esto de los ferris. Hay cincuenta páginas web donde comprar los billetes, cada dos pueblos de las provincias de Málaga y Cádiz hay alguna ventanilla donde también los puedes comprar. En el puerto hay oficinas de las diferentes compañías. Tú luego te compras un billete en cualquiera de ellas y parece que te acabas subiendo al primer barco disponible que salga. El caso es que conseguimos pasaje para los dos y el coche por 145 eurillos en el barco que salía a las 8.30h. En la cola para subir al barco había sobre todo 4.x4. La mayoría parecían llevar el mismo destino que nosotros: el desierto. No llegamos a saber si eran viajes organizados o simplemente locos del motor y el rally.

El Golfillo en el ferrySe abrió el portón y subimos a bordo, ahí abandonamos suelo europeo y dejamos atrás “la isla” que tal es el significado en árabe de Algeciras: (Al-Yazira, si, si… como la televisión de Qatar). Aparcamos en la línea y subimos a la terraza de la cubierta disfrutando de la vista de la actividad en el puerto.

El viaje en el barco dura apenas 45 minutos una vez que se empieza a mover. Es un barco lo suficientemente grande como para no marearse, pero bueno, eso ya depende de la consistencia de las tripas de cada cual. Salimos del puerto y al poco tiempo ya dejábamos a nuestras espaldas la inmensidad de la roca que nos tienen ocupada los británicos. A Sarajayne le salió la vena nacionalista reivindicativa y empezó a gritar “¡¡¡Gibraltar español!!!”. El sentimiento nacional se fue contagiando y hubo también quien se animó con un “… ¡¡¡y Perejil también!!!”.

Antes de darnos cuenta ya estábamos en el puerto de Ceuta. Como aún es territorio nacional supongo que el cambio es menor. Aún no nos las teníamos que ver con los agentes de aduanas. Del puerto salimos rápidamente y tomamos la N-352 dirección Marruecos. Apenas vimos nada de la ciudad. Apenas tres o cuatro km de carretera y se nos acaba la posesión africana. La Guardia Civil te empieza a indicar que aflojes el pie del pedal porque estás a punto de llegar a la frontera.

La RocaBienvenis a la frontierie
El pollo que se monta entre las garitas es monumental. Aquí si que comienza la aventura. Primero hay que hacer una cola para los papeles del pasaporte y luego otra para los papeles del coche. Las filas están totalmente desorganizadas. Necesitas tres o cuatro firmas de garitos distintos para que te dejen pasar… en fin, un caos. Los aduaneros charlan animadamente y fuman sus cigarrillos como si esto no fuera con ellos. Entre tanto hay señores en chilaba que se dedican a informar a los españolitos de los trámites. Llevaba una especie de chapa con el nombre así que supongo que eran empleados de la aduana. Entre medias, decenas de marroquíes cruzaban a pie con todo tipo de enseres bajo el brazo o cargados a la espalda. De todas formas esa frontera no parece en absoluto un punto conflictivo. Yo me lo esperaba peor.

Lo mejor, como siempre que no se sabe algo, es preguntar. Y si preguntas a un español con pinta de espabilao, pues mejor. Porque seguro que te cuenta como hacer la 13-14 para acabar cuanto antes. La tontería de la aduana nos costó una hora más o menos. Un detalle importante para quienes se animen a bajar en coche a Marruecos es que en el momento que pasas el coche te dan un papelote en la aduana que tienes que devolver al salir. Si entras en coche en el país tienes que salir en el mismo coche o sino puedes tener problemas. Por lo visto es una forma que tiene el gobierno de evitar que se vendan coches extranjeros sin pagar los pertinentes impuestos. Para pasar el coche hay que rellenar una hoja en la que te piden el número del bastidor, la ficha técnica del coche y la carta verde, que es el justificante de que tu seguro te cubre en el extranjero. Una vez que tienes claras todas estas cosas ya es fácil cruzar.

Llegado el primer pueblo marroquí nos acercamos a un banco a cambiar chonta. El cambio que nos dieron fue 10.94 dirhams (DH) por eurillo. Creo que fue el mejor que conseguimos en todo el viaje. Las cuentas se suelen redondear a 10 DH = 1 aurelio. Claro… ellos salen ganando. En el pueblo había mercado y ya se veía color marroquí por las calles. Daban ganas de meterse en el fregao… pero teníamos algunos objetivos para ese día y mucha incertidumbre ante lo fácil o no que sería llegar, así que no había tiempo que perder.

Ruta. Día 2Los “vendedores” de las cunetas
El primer destino del día era Chefchaouen, la capital de las montañas del Rif, y el destino soñado de todos los fumetas. No es ningún secreto que más de la mitad del hachís que se produce en todo el mundo viene de estas montañas, y tuvimos claras pruebas de ello. Después de tomar la circunvalación de Tetuán comenzó la carretera de la montaña. Es una carretera de doble sentido bastante transitada. En muchos tramos se puede llegar incluso a 80km/h, pero hay muchos camiones y autobuses y es difícil adelantar, así que la mayor parte del camino vas a 40 o 50 km/h. Además atraviesas pueblos, se te cruzan cabras, paisanos en bici, vamos… que no conviene andar haciendo el Fitipaldi.

A medida que íbamos subiendo nos aparecían personajes salidos de entre los árboles agitando algo entre los dedos y haciéndonos señas. Hmmmm… curioso. ¿Qué se les ofrecerá a estos buenos hombres? El cuarto o el quinto que vimos al pasar ya fue más explícito y se llevó dos dedos a los labios simulando el acto de fumar. De manera intermitente señalaba la “piedra” que tenía entre los dedos. Bien. Ya sabemos qué es lo que venden estos.

Los valles del Rif son una verdadera pasada. Apenas a unos kilómetros de la costa ya hay montañas cercanas a los dos mil metros de altitud. Unas laderas escarpadísimas que dejan paso a valles verdes como Asturias pero llenos de olivos, urces y escobas. Plantas todas ellas que nunca creí poder encontrar en estas latitudes. En lo más alto del puerto paramos a echar una visual y dar cuenta de los dos últimos bocatas que nos quedaban del día anterior. Se nos acercaron dos chavalillos bastante asustadizos que flipaban en colores con nosotros. Uno le decía por gestos a otro que nos ofreciera costo. Pero no creo ni que quisieran hacer negocio con nosotros. Sólo nos miraban y flipaban en colores. Debían tener unos 15 o 16 años y nosotros debíamos ser de lo más exótico que habían visto en su vida.

Sarajayne en ChaouenChaouen es azul
Conseguimos llegar a Chaouen para la hora del café. Aparcamos y nos pusimos a dar un pirulo por este pueblo-ciudad de la montaña. No tiene una medina como tal, aunque sí cientos de callejuelas que suben por la ladera. Después de andar un poco nos sentamos en una terraza de la plaza principal a hacer gasto de nuestros recién estrenados dirhams. Hasta ese momento casi no habíamos tenido consciencia de estar en Marruecos. Todavía no sabíamos ni en qué idioma dirigirnos al personal. Yo me puse a rebuscar entre los callejones de mi memoria y aparecieron unas cuantas frases hechas en francés que nos sacaron de algún que otro apuro. Lo que no sabía lo decía en castellano acabado en “e” acentuada. Pues eso… como el chiste de Tip y Coll con el vaso de agua.

Hombre en la plaza de ChaouenEl caso es que el camareta nos vio la bandera nacional pintada en la cara y nos entró directamente en español. Dos cafés solos, s’il vous plait. Al contrario de lo que cabía esperar en este país con un té tan rico, el café no desmerecía en absoluto. Mejor que muchos de los cafeses que te tomas en España. Pasamos el rato disfrutando de una de los mayores placeres de los que se puede disfrutar en este país. Sentarte y empezar a flipar viendo pasar a la gente. Los hombres con chilaba y babuchas, los vestidos y pañuelos de colores de las mujeres, los rastas españoles sintiéndose en el paraíso fumeta, los niños jugando al fútbol, una anciana que a duras penas podía andar y que vestía chilaba y calcetines del Barça. Los cafetos a 5 DH cada uno. Es decir, unos 50 céntimos de euro. Más baratos que el que toma ZP.

Poco después empezamos a pasear por las cuestas de Chaouen, flipando en colores, pero sobre todo flipando en azul, que es el color que más y mejor viste la ciudad. Vagabundeamos un poco por el mercado alucinando con el colorido y nuestras almas empezaron por fin a empaparse de Marruecos. En uno de los puestos nos compramos una de esas hogazas pequeñitas de pan blando, tomates, quesitos y unos dulces de almendras y pistachos. Nos quedaba una barra de salchichón traído del pueblo y todo ello iba a constituir nuestra comida en la siguiente parada técnica.

Vista de ChaouenPor supuesto, a cada paso nuestra apariencia guiri levantaba todas las sospechas del mundo. En Chaouen están bastante acostumbrados a los turistas, incluso los niños. Iba a sacar una foto a unos críos que estaban jugando en la calle y uno de ellos me dijo que nasti del plasti. Me impresionó la dignidad con la que se enfrentó a mí. Me estaba diciendo que por muy curiosa que me pudiera resultar la escena, ellos no son monitos de feria. No sin cierta vergüenza apagué la cámara. Y como no podía ser de otra forma, los chavalitos ya algo más crecidos nos hacían gestos de apartarnos a algún rincón más privado. Casi todos decían: “¿Tu quieres probar una cosa buuuuuuuuena?”. Casi que no, majete.

Tan corruptos como uniformados
Dejamos Chaouen camino de Fez porque la noche se nos podía echar encima. En Marruecos hay dos horas menos que en España. Generalmente es una sola, pero además ellos no cambian la hora en verano, por lo que se hace de noche sobre las 19h.
La carretera estaba bastante potable y nuestros miedos se desvanecieron. Solo en zonas de muchas curvas volvíamos a tener que rodar a 50km/h detrás de algún camión. Ya llevaba yo un ratito detrás de uno sin posibilidad de adelantamiento. Cuando nos encontramos con una larga bajada seguida de una curva de 90 grados y luego una larga subida. Visibilidad total. En medio de la subida un coche parado. Se cruzan con nosotros unos cuantos coches y uno enciende y apaga las luces. Cuando pasan todos veo que no viene nadie más de frente y voy a poder adelantar. Me hago a la izquierda con tan mala suerte que ya estamos casi encima de la curva donde, aunque se ve hasta el mar Cantábrico hay una línea continua. Termino la maniobra y de detrás del coche parado en la subida aparece un agente de la gendarmería marroquí con su aparatoso uniforme que me indica con un inconfundible gesto que me haga a un lado de la carretera. Hay que joderse. Hay cosas relacionadas con el tráfico que deben de ser iguales en todo el mundo.

El hombre se acerca a la ventanilla con una sonrisita que no presagia nada bueno. Es-que-vous-parlez-français? – Un petit peu. – Un petit peu c´est très bien. Y nos informa de la gravísima infracción para la seguidad vial que acabamos de cometer además de, como no, solicitar los papeles del coche. Se lleva los papeles a no se donde, se va, vuelve y nos informa de que la multa son 400 DH por adelantar con línea continua. 40 eurazos que aquí son un verdadero pastizal. Yo pongo la cara de niño bueno que siempre he sido y le digo que eso es muchísimo dinero. El tío dice que es la ley y se vuelve a pirar. Sarajayne y yo nos miramos y sin decir palabra decidimos que hay que sacarla por menos. Manda cojones que a quien primero vamos a tener que regatear en Marruecos sea a la policía. Si, pero… y si el tío no es sobornable y nos empluma por desacato a la autoridad y toda la pesca. La situación es tensa y se nos puede escapar de las manos. El tío vuelve.

Camino a FezNos lo dejó bastante claro con una sola frase que comprendí en su literalidad y en su significado figurado: Qué-est-que-ti-va-faire-maintnant? [¿Qué vas a hacer ahora?]. Le digo que si nos puede dejar la multa en 200DH. Sin dejar que pase un milisegundo contesta que si son 200 la multa es sin recibo. Se vuelve a pirar. Sarajayne enrojece de ira mientras busca en la riñonera doscientos machacantes. El tío vuelve y le hacemos entrega del pastón, que se mete en el bolsillo pensando en la chilaba nueva que le va a comprar a su mujer. Ya nos podemos ir. Esbozamos un leve “desolée” [Lo siento] y ponemos cara de “no volverá a suceder señor agente”, mientras el cabrón no puede disimular su cara de felicidad. Menudo paripé que se montan para sacarse el sobresueldo. No se pude definir mejor que como lo hizo Sarajayne en el cuaderno de ruta: “tan corruptos como uniformados”.

Nos faltaban unos 30km para Fez. Sarajayne los hizo indignadísima con los agentes de la ley y Joe sintiéndose como un gilipollas por no haber pillao el gesto de las luces del otro conductor. Lo dicho, hay ciertas cosas que no cambian con la latitud.

Entrada en Fez
Llegamos a la ciudad donde también habíamos reservado un hotel de esos por Internet. Como lo hicimos todo tarde en la ciudad ya no quedaba casi nada libre, así que nos quedamos en el hotel Batha, muy cerca de la Medina, pero sólo había libre una noche. Es demasiado caro para lo que es Marruecos, pero como nos pasó en Algeciras, el día se planteaba muy largo a priori y queríamos tener un sitio donde descansar nada más llegar. Tenían cerveza e incluso J&B. Pero nos cobraron 20 DH por un té, con lo que no me puedo ni imaginar lo que nos hubieran cobrado por un pelotazo. En la zona hay muchas pensiones y hotelillos baratos, casi hubiera sido mejor no reservar y preguntar a los chavalillos del lugar por un lugar barato para dormir. Siempre te llevan a los sitios, te cobran una propinilla y al dueño del hotel una comisión que, como negocian en árabe no te enteras.

Al lado del hotel había una pequeña explanada convertida en parking “vigilado”. Había cuatro o cinco tíos que se pasaban ahí todo el día y cobraban 20 DH por coche y día. Ahí se quedó el Golfillo a pasar la noche. Nosotros nos fuimos a cenar a la medina, ensalada de tomates con mucho comino, una sopa marroquí muy rica, unos pinchitos de pollo con arroz un cus-cus que no estaba demasiado bueno, y unas fantas… hay que recordar que lo de la cerveza por estos lares… como que no. Nos salió por unos 105 DH en total.

Después un paseillo por la zona de la Medina que más cerca nos quedaba. Para que se hagan ustedes una idea las calles de la Medina de Fez no tienen más de tres metros de ancho y están a rebosar de gente. Ya era de noche y no había muchos turistas, pero nos metimos en el berenjenal a ver qué se ofrecía. Encontramos tiendas de todo tipo, desde especias al peso, frutas, alfombras, carnicerías con la carne colgando al fresco y una cabeza de camello con la lengua fuera, una mezquita, tiendas de ropa con posters de Ronaldinho… Fuimos llegando a un sitio donde ya no había casi gente y decidimos darnos la vuelta. Es demasiado fácil perderse en esas callejuelas, y por hoy ya hemos tenido demasiadas aventuras, alguna rozando la odisea.

Mañana tenemos todo el día para dedicarle a la ciudad.

5 comments April 18th, 2007

Marruecos 2007. Tan cerca y tan lejos.

Marruecos, tan cerca y tan lejos.

Entre los días 30 de marzo y 9 de abril de 2007 tuve la grandísima fortuna de disfrutar de un viaje por Marruecos, nuestro país vecino, tan cercano como olvidado y desconocido. Es mi segundo viaje a Marruecos y seguro que no va a ser el último.

Esta vez, tuve además la inmensa suerte de compartir la experiencia con Sarajayne, una compañera de viaje sin igual. Desde que ha aparecido en mi vida cada día es una verdadera aventura, pero los diez días y 3704 km que recorrimos desde la Torre Picasso hasta el parque del Planetario no tienen comparación posible.

Durante las largas horas que duraron algunos de los viajes en el Golfillo quien hacía de copiloto iba tomando notas de los avatares del día. De esas notas vendrán estas crónicas que escribiremos entre los dos. Las publicaremos por entregas, y en cada una narraremos uno de los días del viaje, que como podrán ver… dan para mucho. Espero que las disfruten.

NOTA: Gracias a Lumy por guardar la puerta de Cueva en esta breve ausencia del eremita. (El miedo guarda la viña, Luiiiiiiiiiiiiiiiiiis).

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ANTECEDENTES.

Los dos habíamos estado ya en Marruecos anteriormente y a veces hablábamos del país. La idea de volver sobrevolaba nuestras voluntades. Pero por algún extraño motivo que desconocemos una serie de astros comenzaron a alinearse haciendo más que probable un viaje al sur del Estrecho en Semana Santa. Hay quien llama a estos hechos casualidades, pero quizá sólo es una cuestión semántica.

El caso es que una vez decidido el viaje comenzamos a planear el itinerario. El objetivo principal parecía ser acometer el desierto. Un tour por el Atlas también hubiera estado bien, pero requería de más planificación, pues hay que contratar guías. Dimos por hecho que haríamos el viaje en coche y el Golfillo servía perfectamente para tal propósito. También apetecía playa, pero sobre todo la carretera, el viaje en si mismo.

Recopilamos información de todos los marruecólogos conocidos. En este punto tenemos mucho que agradecer a Manuel Cuenya, gran amante del país, por sus consejos sobre Fez. A Khalid Atitar, que hizo honor a su origen tangerino con una guía de la ciudad que desgraciadamente no tuvimos oportunidad de emplear (la invitación a Cus-Cus nos la guardamos para una futura ocasión), a Elena de Paz que nos abrió el camino de las dunas de Merzouga, a Inés de Castro, cuyos información sobre el estado de las carreteras marroquíes nos acabó de despejar las dudas sobre la ruta que habíamos preseleccionado.

Con toda esta información más lo que fuimos hallando a lo largo y ancho de la red fuimos elaborando un documento guía que nos facilitó mucho la logística. No vayan ustedes a creer que el viaje estaba preparadísimo. Sólo nos preocupamos de tener atadas las cosas que consideramos básicas para la superviviencia. El resto se las dejamos al azar y a la confianza de que nuestros espíritus viajeros supieran salir del paso llegado el momento.

Al mismo tiempo que nosotros preparábamos el viaje, Fátima y Raúl, junto a su panda de amigos madrileños (Domin, Víctor, Javi, Tomás y Jorge) estaban también preparando una excursión parecida a la nuestra. Hablamos de rutas a seguir y de cómo quedar una vez cruzado el estrecho. Maravillas de la tecnología GSM, fue mucho más fácil de lo que parecía y como hicimos una ruta parecida pudimos encontrarnos hasta tres veces y compartir algunas de las peripecias vividas. Su lema era “Queremos aventura, no odisea“. Con las circunstancias que se les fueron presentando diseñaron una escala que también nosotros pudimos aplicar. De menor a mayor segragación de adrenalina: Aventura -> Odisea -> Odisea / Penuria -> Penuria. Después de la penuria ya venía “Muerte” pero afortunadamente a ese estado no llegamos en ningún momento.

La semana anterior la vivimos a contra-reloj con los últimos trámites y las últimas compras. El tiempo se nos echaba encima y echamos de menos no haber puesto algo más de dedicación a la planificación, pero ya era tarde. Se acercaba la hora de salir.

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Día 1. Madrid – Algeciras. 677 km.
Operación salida. Sin prisas por favor.

Hablando en plata
soñando en oro
subiendo al cielo
bajando al moro.

Torre Picachu. Salimos
Y esa hora llegó. Ni más ni menos que a las 13.26h del 30 de abril recogía a Sarajayne en el Paseo de la Castellana, justo enfrente de la Torre Picasso. Un viaje de estas características no se puede comenzar así, sin más. Te subes al coche, metes primera corta y a darle zapatilla. Requiere de un pequeño ritual que te saque del modo “vida rutinaria” y te ponga en el “modo viaje”. En nuestro caso fueron por lo menos dos: una foto al pie del corazón financiero de la capital y la puesta a cero de todos los cuentakilómetros del coche.

Las maletas ya estaban cargadas desde el día anterior y los bocatas fresquitos en la bolsa con la cocacola y las patatas. Ahora sí… primera y Castellana abajo por el carril bus. Ese día empezaba la Semana Santa para medio país. Creímos ser muy originales saliendo una hora y media antes de lo normal para un viernes. Pero no debimos de ser los únicos que pensaron lo mismo. La carretera ya estaba petada de coches a esa hora. El primero de los pollos gordos fue en la unión de la A-4 con la R-4 donde perdimos casi una hora viendo como el tráfico de ambas carreteras se unificaba en un único flujo. Empezamos a ver rodar cds por la radio.

Tres o cuatro horas de conducción y cambio. El objetivo de este primer día era Algeciras. Trataríamos de llegar lo antes posible para descansar y coger el ferry al día siguiente a primera hora. Lo miras en el mapa y no parece muy lejos, pero en realidad está donde Cristo perdió el mechero. Desde Madrid es bastante difícil hacerlo en menos de nueve horas.

La ruta del díaAtravesamos Despeñaperros con tráfico bastante denso, y empezamos a percibir el el aroma de los olivos, ese olor fuerte del aceite aún colgando de los árboles. Los coches empezaban a apiñarse. Hay que andarse con mil ojos. En una de esas frenadas en cadena vimos como unos coches por detrás de nosotros llegaban a tocarse, cruzándose alguno de ellos en la carretera. Íbamos muy despacio así que no creo que sucediera nada grave a ninguno de ellos, pero alguno pudo comprobar lo cierto que es uno de los dichos favoritos de los marroquíes: “la prisa mata“. Pegarse mucho al coche de delante no te hará llegar antes, y si que tienes bastantes papeletas de aguarte las vacaciones apenas empezadas. Nosotros llevábamos una distancia prudencial del coche de delante y por suerte el de detrás también. No hubo problema. Pero no hay que bajar la guardia ni un momento.

A la altura de Granada hicimos la primera parada técnica: café, pis, cambio de piloto, más cocacola y agua fresquita. La ruta continúa. En Málaga nos encontramos de nuevo con otro pollastre. Toda la circunvalación llena de coches. Me dice alguno que se ha hecho este camino muchas veces que ese atasco es inevitable. Poco después hay una bifurcación. Una autopista de peaje o una carretera de doble carril que a veces te permite ir a 120km/h y otras a 80km/h. Como era el primer día y no sabíamos si habría que ajustar mucho el presupuesto nos decantamos por la opción barata. Poco después de pasar Marbella nos hicimos un lío y acabamos en la de peaje. Tres eurillos de nada.

Sarajayne al volanteAl poco tiempo nos plantábamos en Algeciras y ya era totalmente de noche. No teníamos ni idea de cómo de grande era el pueblín, ni hacia donde teníamos que ir. El hotel, por lo visto estaba cerca del puerto, así que al puerto nos dirigimos. Para alguien que proviene del terruño, la palabra puerto, evoca uno de esos puertecillos de las rías gallegas. Quizá un pequeño puerto deportivo con los veleros de los señoritos pudientes. En ningún momento ese escenario depelícula de ciencia ficción de los hermanos Wachowsky. Todo lleno de grúas gigantescas, un puente que se eleva sobre los diques y el mar para ir tomando una curva cerradísima y acabar de nuevo en tierra. La entrada en la ciudad es un poco confusa, pero has de saber, amigo viajero, que no tienes por qué entrar al puerto a menos que te quieras subir a un barco. Parece obvio, ¿verdad? Bueno, pues hubo dos que no lo vieron tan claro.

Joe al volanteLos amables agentes de la autoridad portuaria y de la muy noble y benemérita nos indicaron el camino de salida y la ruta hacia el hotel, saliendo previamente del puerto.

Esta fue una de las etapas que nos hubiéramos ahorrado de haber planificado el viaje un poco mejor. Nos pillaba el toro los últimos días y no es muy aconsejable llegar cansado a una ciudad que no conoces y ponerte a buscar un sitio donde dormir. Intentamos buscar algún lugar barato, pero eso requiere su tiempo de navegación en la red y tirar de teléfono. No hubo manera. Así que hubo que decantarse por la reserva por internet. ¿y qué hoteles puedes reservar por internet? Pues o los que son muy caros o los que te meten por los ojos los turoperadores. En este caso no salimos tan mal parados y hayamos el Hotel Reina Cristina, de ****. 63 aurelios del ala por una habitación doble en media pensión, lo cual, para el hotel que es, es el ofertón. Es un hotel inmenso y lo debimos pillar en temporada baja, de ahí su bajo precio. Tanto el desayuno como la cena eran buffet y todos los alimentos sabían a lo mismo: a plástico (de ahí su bajo precio también). Sin embargo el edificio era chulo y nos recibió en el vestíbulo un dúo que entre piano y guitarra iban desgranando piezas rematadas por los aplausos de los guiris que observaban con devoción. Nosotros, por nuestra parte, condicionamos el deleite musical a tener el estómago lleno. Y cuando lo conseguimos la música ya se había acabado.

En todo caso la escena era acorde con la decoración de palacete de verano de los marqueses de Urquijo que tenía el ambiente en general. Las cortinas de las habitaciones eran estilo Luis XVI (que viene a ser una decoración rococó tardío, sin llegar al esplendor de Luis XIV), y bueno, digamos que se disfrutaba de todo tipo de comodidades. Cualquier hotel en el que duermo suele tener las habitaciones más grandes que mi casa, así que no me quejo. Pero este, en concreto, ha tenido por lo visto a ilustres alojados, como los actuales reyes de la patria (el Juanca y la Sofi), Wiston Churchill, Carmen Polo, y bueno… había más nombres en la placa de ilustres pero no los apuntamos.

Sacamos del coche únicamente una mochililla con lo imprescindible y dejamos dentro el grueso del equipaje. Un truco que nos ahorró mucho tiempo a lo largo del viaje. Como ya explicaremos, casi todos los aparcamientos en Marruecos están “vigilados”, así que esta operación te reduce tiempo y dolores de espalda.

Era muy tarde y el día había sido muy largo. El primer ferry a Ceuta del día siguiente era a las 6h de la mañana. Bueno, tampoco hay que agobiarse, debe de haber otro a eso de las 8h….

2 comments April 17th, 2007


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