La ciudad carcasa
Quien me haya oído hablar de la ciudad en la que he vivido durante el último año, sabrá ya que no me entusiasma demasiado, al igual que no me entusiasma en absoluto vivir en los Estados Unidos de América. A día de hoy, ya cuento los días para dejar definitivamente el país, y contando hoy, son nada más y nada menos que 18. Así que aprovechare estos últimos días para hablar un poco de la ciudad y de sus cosas.
Chicago es la ciudad carcasa. Es una ciudad impresionante en sus formas y sus estructuras, pero totalmente vacía por dentro. Es sólo una carcasa. A mí me costó menos de un mes llegar a esa conclusión. Todos los españoles que he conocido aquí tienen la misma opinión. A la mayoría les ha llevado menos tiempo llegar a esa conclusión. No hay más que decir que a mi madre le costo menos de una semana.
Es cierto que te quedas impresionado los primeros días ante la magistral arquitectura que te rodea. Ante esas calles que se extienden hasta el horizonte, esos inmensos rascacielos que se extienden más allá de lo que tus cervicales permiten mirar, los trenes elevados que pasan entre ellos, el lago tan inmenso como el propio mar… pero es solo eso. Los primeros días.
Chicago es una ciudad que no tiene alma. Las calles están casi siempre vacías y quienes las ocupan sólo lo hacen porque están en movimiento hacia algún lugar. Hace tiempo caí en la cuenta de que en la cuidad no había bancos en las calles para sentarse. Y pensé que seguramente no los pondrían porque nadie los utilizaría. Por que seguramente a la gente que vive en esta ciudad le parecerá estúpido sentarse en la calle sin ningún motivo. Hace poco he descubierto que la realidad va un poco más allá. Un abogado me contó que hace unos años el ayuntamiento de Chicago aprobó una ordenaza por la cual quedaba prohibido estar parado en la calle. Como lo oyen. Prohibido estar en la calle sin motivo. La justificación, por supuesto, la lucha contra la delincuencia. Un año después el Tribunal Supremo anuló la ley declarándola inconstitucional. Terrible, ¿verdad?
¿El ambiente de la ciudad? Sencillamente, no hay ambiente. Sólo tienes el que te puedas comprar. A mí me ha resultado imposible encontrar esa cosa de alguna manera indefinible que en nuestro país conocemos como buen rollo.
A mucha gente, la ciudad de Chicago le evoca el blues, y sueña con un bluesman en cada esquina, con clubs donde escuchar música negra de la buena. Quizá los haya en los barrios negros. En el centro, todo club que lleve “blues” en el nombre, es un garito para turistas. Ni siquiera los supuestos blues bar tienen un mínimo de carácter. Están tan optimizados para sacarle la lana al cliente que han perdido del todo su espíritu.
La gente no tiene prácticamente vida social. De casa al trabajo y del trabajo a casa… es lo que hay. Los amigos son un lujo del que casi nadie puede disfrutar. Las relaciones son, en general, muy superficiales. Incluso entre las propias familias.
Pero lo que más me preocupa acerca del resto del país es que todas las personas que he conocido que se han mudado a esta ciudad (exceptuando quizá a la gente de Nueva York) dice que es maravillosa y que está llena de cosas que hacer. No me puedo ni imaginar cómo es la vida en los lugares de donde vienen.
Todas las cosas que hacen que una ciudad se sienta viva están ausentes en Chicago. Es solo una carcasa.
2 comments October 8th, 2005

